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Por Vero

El Reporte Femenino

 

 

 

 

 

10.12.2000

 

 

EL fútbol es cosa de chicos

Hay que ser caradura. Desfachatado. Temerario. Burlón.

Es necesario sacarse las caretas, los tapujos, los miedos.

Y recién entonces pisar el césped.

Quien sea futbolista debe aprender estas cualidades.

Sacar el pecho, caminar con la cabeza erguida. Correr con la libertad del viento. Reír con esperanza. Divertirse con cada paso que se dé.

La pelota es una amiga. Casi una novia. Se la trata con cariño.

Quien gambetee, lo hará sólo porque se sabe mago, sin necesidad de galeras ni conejos. El que convierta goles, se probará a sí mismo que la música que emana de las redes al danzar es hermosa. Aquel que marque, tenderá trampas para atrapar esa alquimia y guardar un poco en frasquitos de ensueño. Quien sea futbolista debe aprender a ser niño.

No hay mejor maestra que la niñez para aprender a ser desfachatado, libre y caradura. Para ensayar risas, travesuras, aventuras.

Al pisar el césped, todo aquel que juegue fútbol debe ser un niño. Y quien más obligación tiene de serlo es el prestidigitador por excelencia. El fantasista. El creador. El 10. Si él sabe de niñez, quienes lo rodeen y acompañen, aprenderán. Y así como la infancia es su cualidad, el mayor pecado en él es crecer.

El día en que el mago se vuelva adulto, perderá el encanto. Ésto de crecer hace que todos olvidemos nuestros trucos... Y, lo que es aún peor, hace que perdamos la sonrisa.

Rosario Central sabe mucho de la niñez. Sus estrellas son los niños.

Y, si no me creen, pregúntenle al Tom Arriola. O al Torpedo Arias. Quizás al Chueco García. O al Pequi De Bruno. Al Cabezón Cámpora. Al Pita Pierucci. Y a tantos otros...

Ellos tienen lo que muchos perdieron: la infancia. Esa chispa, esa sonrisa, esa caradurez que sólo los chicos conocen. El fútbol es cosa de chicos. Porque para jugarlo, hay que saber reír y hacer reír. Soñar y hacer soñar. Disfrutarlo y hacer que se disfrute. Y eso sólo lo logran los niños. Aquellos que, por dentro, más allá de edad, presión y experiencia, siempre son un poco carasucias. Aquellos que, por dentro, no crecen nunca.

 

Epílogo - Aclaración

Ceniciento es una historia de niños.

Sin su hada madrina, Ceniciento no sería nadie.

Rosario Central, a nivel económico, es un Ceniciento cualquiera.

Pero su gente, sus niños, su historia, su magia, la alegría que transmiten sus colores... Todo ello se transforma en su hada madrina.

El hechizo de Ceniciento no se termina a las 12.

Terminará si su gente olvida su historia.

Si sus niños olvidan su magia.

Y si sus colores ya no transmiten alegría.

 

Un abrazo en azul y amarillo.