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Por Vero

El Reporte Femenino

 

 

 

- 24.09.2000

Facetas de un Equipo Grande...

Cuando se habla de un equipo chico, hasta podría decirse mediocre, es fácil escribir reportes. La realidad es siempre la misma, se cubre un solo partido todos los domingos (o quizás los sábados), las palabras se repiten una y otra vez.

El problema se plantea cuando es necesario hablar acerca de un equipo grande. Y el ejemplo perfecto es el que trataremos en este reporte (y en todos aquellos por venir)... Rosario Central. En unas cuantas palabras, me toca hablar de tres partidos. Sí, sí, el mismo número que leyeron.

Tres partidos en una semana. Toda una maratón.

Estudiantes de La Plata fue el rival de turno el lunes 18.

Enfrentamos al San Pablo el jueves 21.

Y el sábado 23 fue el momento de enfrentar a Independiente.

Típico de los equipos grandes.

Seguidilla abrumadora de partidos, más decisiones que tomar, aprovechar al máximo los jugadores disponibles, una invitación tras otra para los hinchas a acercarse al estadio para presenciar un partido tras otro.

Y así se dificulta el trabajo del reportero. En este caso, de la reportera.

Esta seguidilla fue especialmente dedicada a quienes nos gusta acudir a la cancha.

Y tuvo de todo en cuanto a gustos futbolísticos.

Presenciamos una derrota, una victoria y un empate.

¿Qué sacamos en claro de ésto? Cuántos altibajos.

 

El lunes 18 fuimos derrotados por Estudiantes 2-3. En el Gigante de Arroyito. Perdimos, sin embargo, porque estaba dicho que debíamos perder. Presentamos un equipo de pibes de diferentes niveles de experiencia, siempre dentro de las pocas veces que han probado la primera división. Sin embargo, puedo aplicar una frase simple pero alentadora: jugamos bien. Me entusiasman los pibes como Diema, que pintan tan bien desde chicos, y afrontan con tanta presteza los desafíos de la primera división.

El buen juego desplegado por los chicos se vio opacado una vergonzosa actuación de un árbitro que ya nos tiene acostumbrados a presentaciones desastrosas: el Sr. Ángel Sánchez. Cobró un penal inexistente a favor de Estudiantes a los tres minutos de comenzado el partido. Un bajón anímico para cualquier equipo, juvenil o no. Luego, otorgó un nuevo penal, con justicia (a mi juicio), que también acabó en gol. 0-2 abajo. Y los ánimos algo desmayados. Una situación poco favorable para remontar un partido.

No obstante, los pibes canallas sacaron a relucir la típica garra guerrera. En un momento extraño, cambió la atmósfera. Y, antes de poder aspirar el nuevo aire... ¡¡¡PUM!!!! 1-2. Desde entonces, el escenario se tornó distinto. Los chicos fueron a ganar, empujados por su gente. Y llegó el segundo gol. 2-2.

Faltaba la puntada final. Ese partido podía ganarse. Todo parecía dado para la victoria, cuando, repentinamente... La atmósfera se transformó nuevamente. Y sobrevino el tercer gol del pincha.

Poca experiencia, la presión de la ausencia de victorias en el campeonato local, un rival que no fue sencillo, y un árbitro que incita la violencia. Contra un grupo de pibes que dejan todo lo que tienen. Qué injusticia.

 

El jueves 21 desbordamos de euforia.

Clasificación prematura a la próxima fase de la Mercosur.

Internacionalmente, nuestro rostro es otro. Resplandeciente. Hermoso. Un equipo futbolísticamente compacto, a pesar de ciertas desavenencias defensivas (no olvidemos que, recién comenzado el primer tiempo, Canals no se vio aún totalmente recuperado de su lesión). Anímicamente fuerte. Y una hinchada con muchísimas voces cantantes y cuerpos inquietos.

El rival de turno fue el San Pablo. Y vencimos. 2-1. A pesar del descuento de los brasileros, nuestro equipo jamás se resignó. Y hasta se encargó de desgastar lentamente la paciencia de los enemigos. Pablo Sánchez lo consiguió. Junto a Ezequiel. Y Alexandre pagó los platos rotos, en una monumental demostración de picardía por parte del Vita, quien parece tener experiencia en estas avivadas.

Quienes visitamos el Gigante vivimos el maravilloso clima que se creó dentro de él durante este partido. La satisfacción de sabernos entre los ocho mejores. Una fiesta de toque, gambeta, y gastada. Para que el San Pablo sepa que el penal errado por Gamboa nos da alegrías, pero dentro de la cancha... Nosotros hacemos las canalladas.

 

Por último, el sábado enfrentamos a Independiente.

Un empate agridulce.

Primer tiempo deslucido, con una predominancia rival. Segundo tiempo emotivo. Independiente se puso al frente, y Central, tocado en su amor propio, corrió por el gol. Por los goles, debo decir. Salimos a ganar. Pero no lo conseguimos por un enemigo nada sencillo, y también errores propios.

David Pérez se fue lesionado, y en su lugar ingresó Rochi, quien cumplió.

Y vi al Flaco Loeschbor ganar importantes pelotas en juego aéreo. Quizás un paso a la solidez.

Me entusiasmé con Líber Vespa. Se hizo pasar por un chico y jugó el lunes. Ingresó el jueves y aportó lo suyo. Volvió a tomar parte del juego en el segundo tiempo el sábado, y supo desenvolverse. Quizás vuelva a ser lo que fue alguna vez. Que así sea. Se lo merece. Me entusiasmé con David Charles Pérez, quien adquirió una titularidad dentro del equipo, y comienza a revertir la pálida imagen que solía dar en sus partidos.

Y el sábado... Me entusiasmé también con otro jugador. Uno que viene desde Campo Nueve, y al que todavía no puedo entenderle bien cuando habla... Sí, sí. La Topadora Cáceres. Jugador desgarbado, si lo hay; parece que va a desarmarse en cada pique ("es una mezcla entre Julio Boca y un jugador de rugby", como lo definiera un hombre que desborda creatividad a la hora de descargarse con los rivales, con quien comparto el sector de mi platea desde que voy a la cancha). Sin embargo, su físico le permite cuerpear con firmeza y jugar de igual a igual con los defensores, haciendo difícil la puja entre ambos. Desborda, además, la humildad de sus orígenes, y es quien saca una mirada furtiva hacia las plateas antes de ocupar su lugar en el banco de suplentes, esperando un saludito reconfortante de algún hincha esperanzado. Por supuesto, siempre recibe un "¡¡vamos, Topadora!!" de mi parte.

 

Vimos dos facetas diferentes de un mismo Rosario Central, en tres partidos. Esperemos que nuestros jugadores consigan la inyección anímica que necesitan, para recuperar la seguridad perdida, una ausencia que se nota, especialmente, en nuestra defensa.

Esperemos que Líber Vespa, Leandro Diema, Dabid Charles Pérez y Laureano Tombolini, entre otros, continúen con su alto rendimiento. Y que jugadores como Iván Moreno y Ricardo Canals puedan recuperar el maravilloso nivel de juego que pueden alcanzar.

Roguemos para que nuestras hinchada se fortalezca. Y nuestros dirigentes se enderecen. Busquemos un renacer en el campeonato local, y continuar con la excelente campaña en la Mercosur. Agradezcamos los excelentes jugadores que tenemos. Dejémosnos de puteadas inútiles. Tengamos en cuenta que nuestro juego está regresando. La entrega es indiscutible, y tiene por abanderados a jugadores como el Rafa.

Hay que tener Fe Ciega en los pibes. Alentar en las canchas. Analizar todo luego, con los pensamientos acomodados. Y recusar a los árbitros como Ángel Sánchez, Fabián Madorrán, Carlos Amarilla o Daniel Bello.

Esa fue la constante en los tres partidos de esta semana: Arbitros de actuaciones de bajísimo nivel.

Tan bajo como el penal inexistente que Sánchez sancionó a favor de Estudiantes.

O el gol que Ezequiel González convirtió a Independiente, en el cual el pase gol es dado por la Topadora Cáceres, tras un empujón casi artero contra Domizzi. Pero... ¿qué quieren que les diga?

A mí...

...eso...

...me encantó.

Mis saludos canallas...

De una reportera que se encariña demasiado con sus jugadores...

...se ríe de la charla de Miguel Cáceres con los suplentes de Independiente (¿habrán entendido los rojos algo de lo que les dijo la Topadora?)...

...y le perdona todas a Ezequiel González.

Fe Ciega, canallas...

Este equipo deja todo por la camiseta que nos une.