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Por
Buqui Vatalaro
Y... si el trabajo es impecable
Tarde o temprano los resultados estarán a la vista
- 01.03.2003
En la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria todo es armonía. El trabajo impecable de sus efectores, aquellos quienes tienen el sagrado deber de dirigir las conductas y los talentos de los jóvenes futbolistas, no se hizo esperar.
Luego del desayuno bien tempranero, a las ocho y media comienza el trabajo en el campo. Toda una magnífica muchachada cargada de sueños, donde un Gigante de Arroyito colmado de canallas efervescentes estará siempre presente entre ellos, parte raudamente hacia cada uno de los lugares asignados para la práctica del día.
Los técnicos y los profesores, como si fuesen papás siempre dispuestos, dirigen, conducen y, por sobre todas las cosas, enseñan los secretos de este magnífico deporte que es el fútbol. Todas las actividades bajo el ojo avizor de nuestro Prócer, nada menos, y de uno de sus propios maestros allá por los ´70: Timoteo.
“La prioridad es el trabajo”, suele repetir Timoteo. Tal como hace más de treinta años lo viene pregonando en cada una de las canchas donde le tocó en suerte dirigir. Correr con hidalguía, meter con lealtad y “jugar para que se luzca el compañero” es la premisa de este viejo y querido maestro de maestros.
Y ahora lo tenemos aquí con nosotros, entre los canallitas, en nuestras divisiones inferiores. Si da gusto verlo actuar. Mientras los profes llevan los conos anaranjados y las redes embolsando las pelotas nuevas hacia las canchas de atrás, Timoteo carga sobre sus hombros no menos de media docena de pesados rastrillos. Son los rastrillos que luego reparte para que los pibes lesionados del día se involucren en la tarea de limpiar el lugar de aquellos viejos escombros inexplicablemente esparcidos o para desmalezar detrás de los arcos.
Cuarta, quinta y sexta división de AFA y del torneo local se preparan para enfrentar, con entusiasmo y energía renovada, lo que será a partir del 15 de marzo, un nuevo y exigente torneo. Los más chiquillos, los niños de séptima, octava y novena división, junto con sus respectivos técnicos y profes, trabajan en horario vespertino bajo la supervisión directa de Alberto “Hijitus” Gómez.
El “Topo” Riquelme, el “Negro” Bustos, Jorge Díaz, los tres ex jugadores de nuestra primera división, exhiben toda su sapiencia y picardía sobre el césped cuando llega la hora de enseñarle a los jóvenes todo lo que disponen Timoteo y Aldo. Las prácticas son intensas, serias, bien programadas. Pelota parada, desbordes y centros. Un vozarrón se escucha desde un rincón de la cancha: “Tocá rápido nene porque los medios te van a cortar las patas”. Es Timoteo explicando por qué cada jugador no debe hacer más de dos toques en la mitad de la cancha.
A las once y treinta, en punto, termina la actividad matinal. Se recogen y embolsan las pelotas, los conos se apilan prolijamente y se comienza con el trabajo de elongación muscular para evitar ulteriores lesiones.
Una ducha reparadora, a cambiarse y cada uno de los soñadores se retira a su casa o queda en el comedor para almorzar.
Así todos los días se repite la rutina. Crecerán las ilusiones para los más talentosos, pero también habrá desesperanzas para los otros. “Lo más difícil para un técnico es decirle a un jugador que no se presente más a practicar pues no será tenido en cuenta”, palabras de Timoteo.
Por ello, si el trabajo es impecable, sea en nuestra Ciudad Deportiva o sea en cualquier otro sitio, más tarde o más temprano los buenos resultados, inexorablemente, estarán siempre a la vista.
Lo más importante es la batuta. Y Timoteo sabe bien cómo dirigirla. ¿O no te acordás canalla?
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)