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La inteligencia aplicada a las emociones de los pibes...
- 02.04.2003
Mal haría yo en presumir sobre la elaboración de un informe diagnóstico, claro que no. Pero he de hacer notar la gravedad de los problemas de nuestros jóvenes futbolistas que pude detectar por la simple observación del comportamiento y el diálogo con ellos en la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria, no obstante la completa y compleja labor intra institucional deportiva que, a diario y “a pulmón”, en ella se efectúa de la mano de Timoteo y de nuestro Prócer Máximo.
A propósito, es mi deber advertir a los dirigentes que, de no tomarse prontas medidas al respecto, es muy probable que la situación de cada uno de los jóvenes desmejore día a día con las consabidas consecuencias que ello les ocasionaría y en desmedro del club de mis amores.
Presumo conveniente pensar en positivo y creer que no todo está perdido y que, a su vez, es posible revertir este proceso de decaimiento personal que los invade, que los complejiza y que los asusta. Para ello es preciso aplicar la inteligencia emocional y actuar en consecuencia.
Sabemos que al hablar de inteligencia y de emociones referimos al conjunto de habilidades propias que incluye el autodominio, el celo, la persistencia y la capacidad de motivarse uno mismo, que ayudan a potenciar el intelecto. Son los elementos que proporcionan inteligencia a la emoción. Pero no siempre se alcanzan los objetivos sin la ayuda de terceros especialistas, los psicólogos, más cuando de jovenzuelos se trata.
Es preciso, entonces, enseñarles o asistirlos convenientemente para que puedan utilizar sus emociones de manera inteligente cosa que, en las inferiores de Central, no pasa por el momento con el grueso de los jóvenes que allí se hospedan y practican todos los días para concretar sus sueños deportivos.
Se trata de elaborar una serie simple de consideraciones tendientes a lograr el cuidado y la inteligencia suficientes para que puedan conducir sus propias vidas en armonía, en equilibrio. Es lograr la templanza del joven que está solo, lejos de su casa, de su familia y de sus amigos para obtener, por fin, el dominio del exceso emocional.
Que cada sentimiento tenga su valor y su significado. Todo esto es clave para el bienestar emocional de cada uno de ellos. Están obligados, los dirigentes, a aportar más que ideas para tratar de evitar que caigan en angustias, depresiones, desesperanzas, frustraciones, apatías, contratiempos, pesimismo, fracasos, incapacidades, complicaciones, etc., tan comunes en los adolescentes por estos días y, en especial, cuando se hallan en condiciones tan particulares como nuestros futbolistas de divisiones inferiores..
Propender al logro de la autoeficacia, del autodominio de los pibes para enfrentarse a los distintos desafíos de la vida, debería ser el más importante aporte de la directiva canalla en materia de formación de los jóvenes futbolistas, más allá de enseñarles a jugar al fútbol. Ellos, los dirigentes del fútbol, tienen la indelegable obligación de hacerlos capaces de utilizar sus propias habilidades emocionales de manera superlativa, desarrollándolas íntegramente alcanzando, así, el punto óptimo, el desempeño mejor, el máximo rendimiento. Se lograría, entonces, un estado de flujo, un fluir natural del bienestar de los muchachitos allí alojados. Este estado puede aprenderse, puede enseñarse como el modelo más positivo del proceso enseñanza-aprendizaje. Puede ayudarse a que cada uno entre en sintonía con los otros, manifestando “poder interpersonal” y “competencia social y deportiva”, expresando y demostrando actitud emocional a terceras personas.
Por eso, señores dirigentes, no todo pasa solamente por acondicionar el hotel, dar en concesión el comedor, contratar al mejor técnico y designar un miembro de la CD que oficie de enlace con las divisiones Inferiores de Central; la responsabilidad va mucho más allá.
Los jóvenes adolescentes que militan en el Club Atlético Rosario Central y que compiten en las inferiores de AFA y de la Asociación Rosarina, futuros eventuales futbolistas de primera división del más grande, esperan de ustedes, señores dirigentes, un compromiso formal, palmario, casi paternal si se quiere, que los contenga, anime y estimule diariamente para poder continuar remontando el vuelo que los lleve a alcanzar los sueños más altos.
Los procesos de culturización, de educación y de contención psicológica de los jóvenes, sumados al aprendizaje de las estrategias y tácticas puramente futbolísticas, formarán no solamente jugadores talentosos sino hombres de bien surgidos de nuestras divisiones inferiores.
Ahora los dirigentes, ya advertidos, tienen la posibilidad de actuar. Deberán hacerlo inteligentemente antes de que sea demasiado tarde.
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)