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Buqui Vatalaro
La Ilusión de un Viejo Socio
¿Llegará el tiempo en que todo cambie?...
- 02.07.2003
A mi entender, tanto los socios, como los simpatizantes y los actuales candidatos de Rosario Central estamos deseosos, y necesitados ahora más que nunca, de transcurrir un período que abarque un ciclo más que suficiente: eficiente; si es posible, en dos etapas futuras bien diferenciadas.
Una primera etapa de la nueva gestión de gobierno será, tal vez, de “desorden creativo”, que dure el tiempo necesario y que tenga como resultado un montón de papeles escritos, cuadernos terminados y sin terminar, apuntes garabateados con ideas, frases sueltas, libros subrayados, recortes de diarios, notas, etc., esperando para ser tratado en reunión de Comisión Directiva.
Durante todos ese tiempo de “desorganización creativa”, también habrá de aparecer la necesidad de “olvidar diferencias” y compartir charlas, debates, conversaciones, trabajos y hasta discusiones para obtener, de cada una de las personas involucradas, un punto de vista sobre la creatividad y la innovación tan necesarias en esta nueva transformación institucional que hay que emprender en poco tiempo.
Sin prejuicios y con muchísima voluntad y sabiduría, los especialistas en diversas disciplinas aportarán sus ideas y enfoques dentro de un marco referencial que nos distinga al resto de los clubes de fútbol.
Pero habrá de existir, también, una segunda etapa mucho más organizada en el seno mismo de la nueva dirigencia. Una etapa de orden que dure hasta la finalización del ciclo, y de nuestro indelegable mandato, para que perdure en el tiempo porvenir.
Y será, en esta segunda etapa, en que el apoyo de la gente se deberá hacer notar cada día más y más. Nos empezaremos, de esta manera, a sentir más seguros de nosotros mismos. Hemos leído numerosos libros específicos sobre el gerenciamiento y el marketing deportivo; libros que nos hablan de las actividades en las organizaciones sin fines de lucro; de administración de recursos humanos y de recursos materiales; de trabajo en equipo; de liderazgo; de control de gestión y otros. Jamás dejaremos de pensar en cómo crear nuevos modelos e ideas aplicables, tanto en la gestión de gobierno propiamente dicha, como en las demás áreas de participación a que está llamado este grandioso club que hoy nos toca mantener y conservar entre todos quienes lo amamos de verdad.
Los principales y auténticos protagonistas dentro de una institución de estas características -como es el Club Atlético Rosario Central- los actores más importantes que tiene en su haber son, sin dudas, los socios. Bien sabemos que un presidente, un director técnico, un preparador físico, un empleado o un jugador pueden ser substituidos pero un socio no, cada socio es único e irremplazable.
Si la educación es el arte de capacitar al hombre para la vida social, también lo será para administrar coherente y convenientemente una organización socio-cultural y deportiva. Educar al dirigente significa ponerlo en condiciones de ser útil a la sociedad, adquiriendo hábitos de trabajo inteligente aplicable a la producción de sus servicios esenciales.
Habrán de intentar lograr una educación integral, entonces, todos y cada uno de los miembros de la próxima Comisión Directiva, desenvolviendo simultáneamente sus energías físicas, morales e intelectuales. Todo lo que el dirigente de Central puede aprender se le debe enseñar, sin poner límites a la cantidad ni a la calidad del aprendizaje. Cuanto más aprende el directivo tanto más útil resulta para la institución y la sociedad.
Debemos entender que toda especialización exclusiva, sin preparación general, es nociva para la misma especialidad. Los conocimientos aislados son poco eficaces. Debe aprenderse, desde el comienzo, todo lo que puede tener utilidad, sin perjuicio de que la vocación haga profundizar más tarde un género particular de estudios o actividades. A la sociedad canalla le conviene el libre desenvolvimiento de las vocaciones que, cada uno de nosotros, tenemos.
La cooperación de los hombres y mujeres centralistas en el trabajo directivo exige que cada uno desempeñe con amor sus tareas, simples o complejas. La confianza en la eficacia del propio esfuerzo es indispensable para cumplir mejor la propia tarea y perfeccionarse en ella incesantemente. Cada hombre y cada mujer debe aplicar su inteligencia a sus aptitudes; nada hay más estéril que asumir un cargo directivo forzando una función que no se comprende cabalmente y nada más triste que privarse de aprender lo que se desea para ejercer eficazmente ese cargo directivo.
Es necesario, entonces, tener conciencia del valor de lo que se pretende y se hace. El mayor estímulo para la actividad directiva es ver que ella realiza el fin pensado y querido. De ese modo, el directivo se solidariza con la masa societaria de la que forma parte, se siente cooperador del bienestar común y aprende a serlo cada vez más.
En el pasado, y hasta en la actualidad, me pareció que dirigir a Central fue como domesticar al socio y al hincha, sometiendo todas las inclinaciones a una gestión uniforme, reduciendo todas las vocaciones a un común denominador. En el presente, en cambio, y en el futuro con más razón todavía, se tratará de abrir horizontes a cada personalidad, respetando todas las diferencias, aprovechando todas las desigualdades naturales. La sociedad canalla necesita que sus futuros dirigentes asuman sus nuevas funciones aceptando pertenecer a un equipo con aptitudes heterogéneas, pues son infinitas las funciones a desempeñar.
La administración que pretendemos todos, debe estimular las desigualdades individuales. El progreso colectivo comienza en la variación particular. La administración de gestión puede aumentar la capacidad de todos los miembros para la labor intrainstitucional, pero no puede habilitar a todos hasta un mismo grado, ni para el cumplimiento de la misma función.
El Club Atlético Rosario Central es un puente entre el socio y el directivo. Se constituye, así, en la herramienta propicia para convertir al dirigente en idóneo y al socio en protagonista. Porque cada directivo de Central deberá estar en contacto con la vida social misma, con la familia, con la calle, con el gran pueblo canalla, vinculado a sus sentimientos, a sus esfuerzos, a sus ideales de grandeza.
La vida y la labor en el club debe preparar al dirigente para la acción cívica. El perfeccionamiento de la capacidad técnica convertirá a esa actividad en un arte; para desarrollarnos, todos los protagonistas involucrados con el sentimiento de este club, inmersos en una intensa vida cívica y social, opinando y deliberando, proponiendo iniciativas, señalando imperfecciones, adquiriendo el hábito de ser cada vez más útiles y más necesarios. El socio de Central, por ende, tendrá carácter, dignidad, firmeza, dejando de actuar como una sombra, orgulloso de pertenecer a la masa societaria del más grande y pasional de todos los clubes argentinos y de sentirse, además, comprometido con él.
Central no cabe en los límites estrechos de cuatro paredes, es mucho más que eso. Central es movimiento incesante. Central es un constante devenir de intereses comunitarios. Central es excelencia. Central es gratitud. Central es la puerta de acceso a todos los que deseen participar para mejorar la calidad de gestión mediante conocimientos nuevos. Central es, en síntesis, quien coordina los esfuerzos de todos imprimiendo unidad a los ideales que renuevan constantemente la ancestral conciencia centralista.
Todo ser humano puede enseñar a otros lo que sabe. El trabajo dentro de Rosario Central implica una severa responsabilidad. El que acepta la tarea de dirigir y no la desempeña eficazmente, causa un daño irreparable a la institución que le confía su porvenir. De igual modo como el maestro debe desenvolver en sus alumnos todas las aptitudes, el dirigente debe intentar hacer lo propio con los socios, y viceversa.
Nadie les obligará a nuestros dirigentes a predicar lo que no crean. Administrarán nuestros intereses y aprenderán a pensar más bien que a repetir, a crear más bien que a copiar. Aprenderán también que, antes que ser obsecuentes con las muertas rutinas del pasado, optarán por sugerir ideales vivos para el porvenir, para poder continuar dirigiendo y administrando una organización en medio de este controvertido tercer milenio. Es necesario pensar que cada generación de dirigentes necesita adaptarse a condiciones nuevas del medio social donde le toque actuar y desarrollarse.
Por eso, cada generación de nuevos dirigentes debe repensar la historia de Central, adecuarla a los tiempos modernos y actuar en consecuencia. La historia de Central es viva cuando es una escuela de renovación. La comprensión del pasado les enseñará a desempeñarse en el presente y a prever el porvenir. Nada hay estable, ni inmóvil, ni eterno en lo humano. La vida es movimiento, Central es movimiento y a no dudar: “todo tiempo futuro será mejor”.
Depende de nosotros mismos.
“Buqui” Vatalaro