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Por Buqui Vatalaro
Todavía no aprendimos
- 02.11.2005
Sabido es que las relaciones humanas configuran un enmarañado sistema de controversias. A lo largo de la historia, la Humanidad se destacó, entre otras cosas, por los enfrentamientos -muchos de ellos sin sentido- que llevó, incluso, al hombre a guerrear con las consabidas consecuencias.
Partiendo de la base que en Central somos todos canallas -al menos nos mostramos como tales- ese enfrentamiento absurdo no debería ocurrir nunca dado que todos deseamos lo mejor para el más grande y, con eso, ya partimos de un lugar en común; un canalla nunca debe estar en postura de “enemigo” de otro canalla. Podremos disentir, claro que sí; podremos discutir, por supuesto, pero nunca agredirnos ni faltarnos el respeto; sobre todo esto último: “faltarnos el respeto”.
Una asamblea, ese precioso espacio de reunión de numerosas personas destinadas a “deliberar” -vocablo, al parecer,que muchos no conocen por estar desacostumbrados- no fue precisamente lo ocurrido el viernes pasado en el Cruce Alberdi. Seguimos sin aprender.
Dejo en claro que estoy absolutamente convencido de la necesidad de actualizar el estatuto que rige la vida institucional de mi querido Central (cuyas propuestas de cambios leí y releí infinidad de veces); este convencimiento está basado en mi creencia de que nunca un método o estrategia de gestión es perenne, mucho menos inmutable, porque el mismo hombre o gestor no lo es. Todo se transforma, la realidad nos obliga.
No tengo dudas del beneficio que implica para la institución este cambio de algunos artículos de nuestra carta magna, en especial lo que refiere a la antigüedad requerida para dirigir. Nuestros jóvenes socios, algunos de ellos verdaderamente talentosos -que conste- y con un futuro de aportes personales y significativos para una futura y no lejana gestión de gobierno en el club, deberían entender la necesidad de la “espera” y aprovechar la oportunidad inédita que el club les brinda para tratar de no perderse ninguna de las jornadas de “Capacitación Dirigencial” que se dictan gratuita y regularmente en el Auditorio Centenario.
Al estar yo -con mucho orgullo- involucrado con mi querido Central y ser parte de esta gestión de gobierno, muchas de mis palabras pueden estar -y estuvieron- cargadas de un significativo tinte oficialista, pero... ¿desde qué otro lugar podría yo opinar o hacer público un análisis situacional del club?
No obstante, debo decir que en la asamblea del viernes pasado sentí vergüenza ajena, créanme; desazón y tristeza como algunos otros socios. Sé que esta gestión de gobierno está haciendo las cosas bien, pensando en el futuro del club y no sólo en la inmediatez de la solución de los problemas. A nuestro presidente lo “urgente” no le hace perder de vista lo “importante”; y eso -a mi juicio- se traduce en calidad de gestión. Estoy convencido que tenemos un presidente que intenta sacar a Central de su estado de petrificación; de hecho lo está logrando y con creces; basta con abrir un poquito los ojos y mirar alrededor sin perder la memoria.
Pero DEBEMOS ESCUCHAR Y RESPETAR LA PALABRA DE TODOS, aunque piensen diferente; en especial la palabra de los más jóvenes. Porque saber escuchar al que no opina como uno se traduce en “aprender a aprender”; es crecer; es conocer más y mejor sobre el tema discutido; es -en definitiva- beneficioso para todos.
La madurez de los pueblos, de las comunidades, está sentada en la necesidad de “consentir aún en el disenso”. Y esa práctica inteligente, queridos amigos canallas, a Central le vendría de perillas. Todavía no aprendimos, quedó demostrado en la asamblea pasada. Estamos andando hacia adelante, sí es cierto, en una sola dirección y ansío que con un mismo objetivo en común pero creo, por el bien del club, que hay que acabar de una vez con la vieja costumbre de descalificar la palabra del otro con silbidos, agravios, abucheos o cualquier otra forma incivilizada porque no piensa como nosotros.
¿Saben por qué no?, porque es probable que “el otro” tenga razón.
"Buqui" Vatalaro
Secretario de Cultura C.A.R.C.