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Por Buqui Vatalaro
Premiar o sancionar
- 03.03.2005
La experiencia ha demostrado, una y otra vez, que ningún grupo de personas puede trabajar bien sin disciplina y entusiasmo. Para producir resultados óptimos en alto grado, es esencial la presencia de ambas virtudes.
Central tuvo dirigentes que no pudieron alcanzar, hasta donde puedo apreciar, el éxito en el manejo de los grupos porque no tuvieron la comprensión de lo que ambas cosas significan y los efectos que producen.
La disciplina se refiere a la enseñanza o imposición de ciertas normas de conducta y de actuación establecidas. Porque se aprende con la enseñanza pero también con “el ejemplo”, castigando a aquellos que no respetan las normas; porque, reitero, una organización bien disciplinada es aquella en la que los miembros respetan las reglas sobre conducta y actuación.
Si echamos una mirada hacia atrás podremos visualizar palmariamente en la casi totalidad de los directivos de la anterior gestión de gobierno, la ausencia prácticamente total de estas dos cuestiones: conducta y actuación.
Si los máximos dirigentes fueron transgresores en estas cuestiones su castigo deberá ser rápido y efectivo dado que, cada uno de ellos, aceptó y reconoció, en su momento, la responsabilidad moral de dirigir respetando el interés de Rosario Central.
Central tuvo directivos que nunca demostraron ese estado mental que refleja directamente el grado en que el hombre posee entusiasmo, interés y confianza; porque la moral de un equipo de trabajo es la suma de la moral de sus miembros.
Basta hablar con algunos de ellos que fueron “quedando en el camino” por diferentes razones, unos marginados, otros pretendidamente “olvidados” por los enfermos del poder y del dinero que nunca faltan para acudir y sacudir las tentaciones -devenidos testigos de actuación- para darse cuenta de la triste realidad en que el club estuvo sumido durante tantos años.
La disciplina y el entusiasmo afectan la eficiencia del club; el trabajo intra-institucional en Rosario Central depende de la condición mental de sus dirigentes y colaboradores. La disciplina se mantiene con la enseñanza, el ejemplo, el trato adecuado y con recompensas y castigos; el entusiasmo, en cambio, con la satisfacción de ciertas exigencias interiores que poseen todos los hombres.
¿Qué antecedentes hubo de todo esto en el pasado reciente?, ¿cómo habrán interpretado los anteriores directivos qué significa disciplina y entusiasmo?, ¿qué enfoque le habrán dado a este tema? Por los resultados que asoman, parece que hubo ausencia de tratamiento.
La disciplina y el entusiasmo en nuestro amado club no tuvieron, en el pasado y por lo que se puede apreciar, un objetivo común, esto es: que los grupos, los equipos de trabajo y cada uno de sus integrantes realizaran de buen grado, con alegría, las tareas encomendadas por mandato de los socios. Está claro, Central ha tenido dirigentes que le dieron una interpretación equivocada, con resultados más que mediocres que lo pusieron en peligro y en riesgo de muerte.
Estos dirigentes no lograron ver “nuestro objetivo”, el objetivo de los socios y simpatizantes, el supremo objetivo de alcanzar y mantener la grandeza, la gloria institucional. Sí vieron -en cambio- los propios. Es evidente que no les interesó inculcar el principio de actuar siempre sin egoísmo, en procura de obtener el mejor interés para el club y no en beneficio particular o de algunos “terceros comprometidos”.
La indisciplina y la falta de entusiasmo provocan injusticias que suelen poner en un estado permanente de malhumor a todos los socios y simpatizantes. Algunos, hasta se vuelven rencorosos. No digo de romper carnés como hacen otros, pero sí de ausentarse del club o preferir no ser parte de su padrón de socios.
Por lo tanto, y en nuestro caso, debe sobrevenir inexorablemente el castigo para aquellos responsables que provocaron esta dramática situación. Los socios de Central, hoy como nunca, debemos estar firmes, convencidos de nuestro accionar en lo inmediato concurriendo, en principio, a todas las asambleas para decirle “presente” a Central y hacer escuchar nuestras voces de apoyo o de protesta.
Les recuerdo a los queridos lectores que soy parte integrante de esta gestión, hecho que puede comprometer la objetividad de mi análisis situacional; no obstante ello digo, que el presidente Pablo Scarabino y la Comisión Directiva del club, en muy poco tiempo, han dado sobradas muestras de intentar estar al lado de la gente, conduciendo a un Central que pretende ser diferente; pero diferente en serio, más allá de los aciertos y de los errores.
"Buqui" Vatalaro
Secretario de Cultura C.A.R.C.