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![]() Zenón Díaz, el primer jugador canalla que llegó a la Selección Nacional |
Por Buqui Vatalaro
Aquellos Díaz Felices (1º Entrega)
Zenón, Juan y Octavio Díaz en el recuerdo
de otoñados centralistas...
- 03.05.2003
Ya no quedan personas que hoy puedan dar testimonio directo sobre el juego de Zenón Díaz. Pero basta con adentrarse en los más intrincados y remotos orígenes del club para alcanzar a convencernos de que Zenón fue un gran jugador y poseedor, además, de una gran personalidad.
Un viejito centralista me contó, hace mucho, que dos señores con apellido inglés, Green y Jackson, mirando una tarde jugar a unos pibes a “la ronda”, que no es lo que estás imaginando sino que consistía en un juego inventado por los criollos pobres con un palo de escoba y una pelotita de trapo parecido al cricket de los ingleses, quedaron atrapados por la personalidad de este “negrito” que mandaba y ordenaba a todos los demás.
Lo llevaron a Central a jugar como arquero, pero duró poco en el puesto. Terminó siendo un zaguero de los buenos. En realidad, de los mejores. Tanto que, a dos años de haberse iniciado en el fútbol de Central y siendo muy joven aún, fue convocado para integrar el equipo argentino que debía cotejar con los “maestros” ingleses del Nottingham Forest.
La actuación de Zenón Díaz fue consagratoria. Los pocos medios de prensa que, por entonces, se ocupaban del fútbol, quedaron sorprendidos por sus condiciones que despertaron, también, el interés de los ingleses. Querían llevarse a Zenón a jugar al Viejo Continente; pero éste, criollo de vieja estirpe, apegado a su barrio, a Central y a sus amigos, respetuoso como pocos y humilde como el que más, se quedó por muchos años en su querido club auriazul.
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Zenón, ya de grande, posando entre los jugadores De Zorzi y Yebral |
Solían contarnos, los más viejos, que algunos de sus compañeros de equipo describían, al cabo de los años, una actitud frecuente en Zenón: llegaba al vestuario para cambiarse y alistarse y se quedaba solo en un rincón, reconcentrado, pensando únicamente en la responsabilidad que le aguardaba al salir a la cancha para defender la camiseta de Central.
Con su estampa de hombre recio y varonil, nunca pudo ocultar una sensibilidad que estaba siempre a “flor de piel” y se inundaban sus ojos cuando su equipo perdía un partido.
Su personalidad era avasallante y su nobleza sin dobleces. Cuenta nuestra rica historia centralista que, cierta vez, los jugadores Rota, Acosta, Harry Hayes y Molina se negaron a integrar el combinado rosarino porque Zenón no fue llamado al equipo que debía enfrentar a los uruguayos. Luego del partido, Zenón declinó aceptar la invitación a un banquete que se les dio a los uruguayos en el viejo Cifré porque creyó más importante permanecer leal a sus amigos que fueron solidarios con él, aun a costa de un desaire a los hermanos orientales.
Entre las exquisitas anécdotas que rondan alrededor de Central y del fútbol no falta quienes aseguran que, una vez, cuando el genial dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez vino a Rosario a estrenar su obra “Gente Honrada”, fue con un amigo a ver un partido de Central. Florencio detestaba el fútbol no obstante, a los cinco minutos de comenzado el encuentro, ya había preguntado al amigo por aquel “negrito” que jugaba tan bien.
Por la noche, en esa misma jornada, en el desaparecido café Siglo XX, donde solían reunirse los literatos y poetas de un Rosario romántico, todos ellos bohemios adoradores de la secta del “Hambre y del Ayuno”, un amigo le preguntó a Florencio qué le había parecido el partido. Y éste le contestó: “he visto a veintidós hombres luchar por la conquista de un globo. Una real tontería. Pero había uno que me maravilló...”. Obviamente, se trataba de Zenón Díaz.
El formidable carisma de aquel jugador lo transformó, sin dudas, en el primero en ser considerado ídolo de la parcialidad centralista. Y el más auténtico porque, por aquellas épocas, nadie o muy pocos se ocupaban del fútbol y de los futbolistas. Sin transmisiones deportivas radiales, sin televisión, sin medios de comunicación que difundieran actividad futbolística alguna, la gente lo seguía y lo mimaba a Zenón porque él y sólo él se había ganado el derecho de ser tan querido y admirado.
No sólo fue el primer ídolo sino el cimiento sobre el que se asentó toda una generación de futbolistas consustanciados con la camiseta de Central y con su gente. A sus espaldas han transitado cientos, miles de jugadores auriazules en más de cien años de historia. Pero ninguna historia estará completa ni será justa si no se inicia con aquel patriarca que hasta nombre de caudillo tenía: Don Zenón Díaz; a la sazón hermano de Juan y tío de Octavio. Otros baluartes históricos de nuestro rico pasado centralista que tendrás ocasión de conocer, un poco más, en la próxima entrega.
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)