WebRing Canalla | | Acerca de este sitio

¿Que te pareció?

columnas@canalla.com

 

NOTAS ANTERIORES

 

Tocando el Chelo con las manos

Y... si el trabajo es impecable

Cuando se Quiere se Puede

Hablarte de mi tristeza...

Mucho más que un 6º Grande V

Mucho más que un6º Grande IV

Mucho más que un 6 Grande III

Mucho más que un 6º Grande II

Mucho más que un 6º Grande

Le ponía un candado

Central, esa Gran Familia

Mi mejor pesadilla

Rosario es una Mina...

¿Te Queremos ver Campeón? 

Carta Abierta a un Escribano

Ximena no es humana

 

 

 

 

 

 

Ayer se cumplieron 15 años de la muerte del querido Negro Olmedo

Por Buqui Vatalaro

Arrastrando los Crespones de una Ausencia

Descubriste tu tempranera fatalidad aquella húmeda mañana...

 

 

 

 

 

 

 

- 06.03.2003

Tu pinta es como un retrato longevo, “Doctor de la Farra”. Oficiaste tu fértil talento revisteril y mundano para sacudirle la modorra a los menos zainos. Fuiste un tenorio de soñadas alcobas amatorias, despojando a tus huéspedes de raros arbitrios y de pociones mágicas.

Por eso mismo eres un grande. Nunca precisaste más que ser un galante milongo y quijotesco con regias putainas romanceras, para penetrar en el corazón de todos tus súbditos mortales.

Y cada vez que me abismo, recuerdo tu sonrisa socarrona carcomiendo mi tristeza jadeante y enjuta, para luego regresar detrás del delirio de saberte por siempre mío y eternamente canalla.

Alberto Olmedo, fuiste el misericordioso canyengue rosarino trampeado por la suerte. Muchas veces sentado en aquel bar de Pichincha, con tu silencio a cuestas y tu mugre serena, viste aparecer detrás de los nubarrones de tus sueños, a ese dandy cómico y ganador que luego fuiste.

Quince años pasaron sin poder abrazarme a tus brazos cada martes. Me dejaste unas propinas apenas y te marchaste al alba como si nunca te hubiera interesado quedarte aquí conmigo. Entonces los años se gastaron tangamente, sin “Borges” y sin “Álvarez”.

Me dejaste tu corazón al fondo y a la derecha. Sumaste grotescamente la encarnadura de tu risa ancha para hacerme sentir que estoy vivo y que lo estaré siempre. Por eso mismo, querido Negro Olmedo, quedarás hurgando en los tachos de mis propias y miserables melancolías para hacerme chapalear con tu sonata y liberar mis encorsetadas carcajadas.

Fuiste un canalla chaplino, mezcla de apóstol y de poeta que nunca dijo que no. El retrato del olvido, que no entiende de grandezas y de amores, acabó destrozando sus cristales frente al místico dandy que fuiste, elegido por muchos y admirado por casi todos.

Ahora, a quince años de tu muerte, tus andanzas mundanas de otros tiempos te han llevado a ocupar el principado de los cielos y estarás trepado a los alambrados celestiales, con el torso desnudo y una bandera azul y amarilla, vieja y mugrosa, revoleando sobre tu graciosa cabeza calva.

Un rumor catedralero acompañó, entonces, tus restos hacia el frío y la humedad. Otro rumor, casi un grito bien caliente y bien canalla, ahora y siempre, reivindica tu extravagancia cada día y, en cada domingo de dispendio y orgullo futbolero, dices presente en lo más alto de la tribuna de Regatas haciendo gala de tu innata benevolencia.

Ser rosarino y de Central ha sido, y sigue siendo, tu fuerza impía por los siglos de los siglos. Dile a Dios, de mi parte, que bendigue tu zurdo y malandraca corazón canalla.


“Buqui” Vatalaro

(Rosarino, tanguero y de Central)