WebRing Canalla | | Acerca de este sitio

¿Que te pareció?

columnas@canalla.com

 

NOTAS ANTERIORES

Aquellos Díaz Felices I

Olvidar la Historia es...

La Epopeya de Mayo

Yes my Lord... Yes my Captain!

Las Travesías de los Maestros

¿Liberación o Dependencia?

Elecciones en Central

La visión de un "Guerrero"

Si Vas Para Chile...

¡Fuego...Fuego!

El Socio También Existe

Formar y capacitar...

Más que jugadores...

Las Canalladas de un Chango

¡Vamos los Socios Todavía!

Con Milonga y Pasión

El Caballero de los Sueños...

La época de la cosecha

Otra lección de Timoteo

El Poeta te Bautizó... Mujer

La C. Deportiva bajo la lluvia

Arrastrando los Crespones de...

Tocando el Chelo con las manos

Y... si el trabajo es impecable

Cuando se Quiere se Puede

Hablarte de mi tristeza...

Mucho más que un 6º Grande V

Mucho más que un6º Grande IV

Mucho más que un 6 Grande III

Mucho más que un 6º Grande II

Mucho más que un 6º Grande

Le ponía un candado

Central, esa Gran Familia

Mi mejor pesadilla

Rosario es una Mina...

¿Te Queremos ver Campeón? 

Carta Abierta a un Escribano

Ximena no es humana

 

 

 

 

 

 

Octavio Díaz en acción. El arquero era sobrino de Zenón e hijo de Juan Díaz

Por Buqui Vatalaro

Aquellos Díaz Felices (Última Entrega)

Zenón, Juan y Octavio Díaz en el recuerdo de otoñados centralistas...

 

 

 

 

Es común escuchar, sin quererlo, cuando en rueda de veteranos se habla de arqueros de antaño, mencionar la trascendencia que trajo para nuestro fútbol la aparición del santafecino del sur: Amadeo Carrizo.

Cuando fascinado los escucho hablar, en una rueda imaginaria, sobre “su revolucionario estilo que privilegió la colocación y el talento antes que la agilidad y el arrojo tan comunes a épocas anteriores”, aprecio cómo esta rueda se sonríe, canchera, intercambiando una mirada cómplice hasta que uno de ellos, quizás el más viejo de todos, espeta en tono paciente y confidencial, como si estuviera revelando un secreto de mil años:

- Vea mi amigo, Carrizo fue un buen arquero, antes que él hubo unos cuantos que jugaban igual. Pero el verdadero “inventor” del puesto de arquero, fue Octavio J. Díaz. No hubo otro como él, ni antes ni después.

Todos estuvieron de acuerdo. Como yo presumía, Don Octavio fue ese ferroviario bonachón y corpulento, hombre de bien como toda su familia y, también centralista “hasta los huesos”.

Para muchos, Octavio Díaz fue el "inventor" del puesto de arquero

Era hijo de Juan Díaz y sobrino de Zenón, dos adelantados en el fútbol auriazul. En la rueda de veteranos me enteré que, desde muy pequeño, concurría con su padre acompañándolo en cada partido de Rosario Central. El rito sagrado de los Díaz: “la seriedad”, fue incorporándose en este niño desde muy temprana edad. Siempre profundamente concentrado en cada encuentro, con su serena y respetuosa alegría en las victorias y con la amargura manifiesta hasta el llanto irreprimible en las derrotas.

Lindo fue escuchar el relato que, siendo muy pequeño, tras haber sufrido Central un inusual traspié ante su clásico rival, al ver a su tío Zenón con intenciones de quemar los botines por “vergüenza” y a su padre Juan llorar sin pudor alguno en un rincón del vestuario, quiso el chiquilín Octavio inquirir las razones de semejante conducta.

Cuentan que la respuesta de su padre marcó para siempre el tenor y la intensidad de su pasión centralista, cuando respondió:

- “Hay que llorar hijo, hay que llorar. El que no llora no es de Central”.

Octavio apareció atajando en el arco de la primera canalla en la década del ´20. Dicen los que saben que su padre siempre le reprochaba su estilo aparentemente displicente; él, su padre, que fue todo nervio y fervor en el mediocampo centralista no entendía que, ni aún estando entre los tres palos, podía jugarse al fútbol con tanta tranquilidad.

Claro que Octavio oía todos los consejos, asentía respetuosamente pero seguía imperturbable en lo suyo. No tardó mucho en ser reconocido y pronto los nostálgicos hinchas de los grandes arqueros que ocuparon la valla auriazul, como Cornejo o Serapio Acosta, dejaron que el asombro primero y la admiración después incluyeran a Octavio en sus corazones. Y no faltó, en la rueda de veteranos, quienes afirmaban que Octavio J. Díaz fue “el número uno de los arqueros rosarinos de todos los tiempos”.

Con la selección ganó el sudamericano y fue subcampeón olímpico, en 1928

Fue seleccionado, por entonces, en la Liga Rosarina, mucho antes de que comenzara el fútbol profesional y se fundara la AFA. Alcanzó el título de campeón argentino ganando la final contra los tucumanos en un memorable partido disputado en cancha de River en 1929. Boca, por su parte, lo llamó para reforzar su plantel en una gira por Europa que realizó por aquellos años alcanzando, Octavio, repercusión internacional.

Fue campeón sudamericano en Lima en 1927, al derrotar nuestro seleccionado nacional a su similar de Uruguay. Me enteré también que, allá por el ´28, fue convocado para defender la valla del equipo argentino en oportunidad de desarrollarse los IX Juegos Olímpicos celebradas en la ciudad de Ámsterdam, obteniendo la medalla de plata.

El toque dramático apareció en la conversación en esta rueda de amigos veteranos al recordarse que, según añejas historias transmitidas por testigos de aquellos lejanos tiempos, antes de partir hacia Europa falleció su ídolo, padre, consejero y amigo Juan, quien no pudo ser partícipe de la gloria de su hijo.

Pienso que Octavio, debido a las enseñanzas de su padre, aprendió desde niño qué cosa es Rosario Central. Esencia y síntesis de una pasión popular como ninguna.


“Buqui” Vatalaro

(Rosarino, tanguero y de Central)

buqui@canalla.com