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Por
Buqui Vatalaro
La Inmortalidad de la Pasión
La idea de que las pasiones mueren es un cuento chino…
- 10.01.2004
Los canallas sabemos de pasiones. Entre las glorias del hincha de Central está su diferencia, su particularidad, que le permite conocer que hay algo como la pasión y reflexionar sobre su significado. Otros, en cambio, no pueden hacerlo y nunca podrán.
Esos otros no pueden prever concientemente qué es esto de las pasiones. Cuando les llega el momento, simplemente se tienden y mueren sin experimentarlas. No existe, para ellos, la “salvación y tragedia de las pasiones”, por eso les cuesta entenderlas y, menos aún, sentirlas.
No discuten sobre la pasión, o la resurrección o la vida eterna. Los canallas, en cambio, podemos hacerlo y así lo hacemos. Y éste es un alto privilegio. Para nosotros la vida, como Central, es todo ahora y más adelante también, incluso en el más allá.
Solamente los hombres sabemos que debemos morir; pero ese mismo conocimiento a los canallas nos eleva, en cierto sentido, por sobre la mortalidad, haciéndonos participar en la visión de la verdad que no es otra cosa que la pasión eterna que sentimos por el más grande.
Las pasiones suelen ser crueles, como las verdades, pero pueden ser amadas y hacen libres a quienes llegamos a amarla. ¡Qué importa entonces morir si la pasión sigue intacta!
Y si no preguntale al Che, o al Negro Olmedo, a Antonio Agri, a Lalo, o hasta al mismísimo Viejo Casale. Y si seguís teniendo dudas de que la pasión canalla es inmortal buscá el retrato del viejo o de la vieja -que ya no están- y decime si no se les dibuja una sonrisa cuando les hablás de Central. ¿Y cómo se llama eso sino “pasión eterna”?.
Somos tan inmortales los canallas como apasionados. Corré y mirate en el espejo, ahora mismo, y decime qué ves. Verás el rostro de un tipo liberado del temor degradante de algunos y del optimismo superficial de otros. Liberado de las ilusiones vanas de los mediocres. Y orgulloso, sin dudas orgulloso. Verás en tu cara los gestos pasionales de una existencia terrenal y bien canalla. Y, elevándose por encima de ella, la perpetuación de la fuerza de tu amor a rayas verticales que, algún día, otros podrán apreciar al observar tu propio retrato cuando ya no estés.
Ser canalla, en cierto sentido, hace a la muerte poco importante. Es como un conocimiento que da fuerza, profundidad. No pedimos nacer, no pedimos morir y, entre uno y otro extremo, nos apasionamos como nadie haciendo posible una “filosofía de vida centralista” lejos de la comprensión y aceptación de muchos.
Central nos hace suyo en el momento de llegar a la existencia y nos retiene de la misma manera cuando salimos de ella. Pero entre el nacimiento y la muerte podemos vivir nuestras vidas apasionadamente como pocos. Podemos contribuir al engrandecimiento de quien nos eligió para alentarlo en las buenas -y en las malas mucho más- y dar lo mejor de nosotros para la afirmación continuada de todas las pasiones canallas en favor de la mayor gloria del Club Atlético Rosario Central.
No sé si me explico.
“Buqui” Vatalaro