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Por Buqui Vatalaro
Si Pudieras Ver esas Caritas
Los pibes de las inferiores también dicen sus cosas...
- 10.06.2003
Tomé cuatro al azar. Los elegí sin saber quiénes eran y de dónde provenían. Recién terminada la práctica vespertina en las divisiones inferiores de Rosario Central, allá en las instalaciones de la, cada vez más hermosa, Ciudad Deportiva en Granadero Baigorria.
Antes de que fueran a ducharse y recién terminado el momento de elongar los músculos, les pedí a estos cuatro pibes, jóvenes jugadores de fútbol, que me concedan un momento de charla para canalla.com.
Reticentes en un principio y mirándome con cierto recelo, pensando tal vez que se trataba de alguna especie de broma, terminaron por acceder amablemente no sin antes mostrarme cuatro caritas de notable sorpresa. No me equivoco si pienso que serían, éstas, sus primeras declaraciones para el público porque, a decir verdad, a qué periodista le interesa hacer una nota con ellos para saber qué están haciendo, qué les pasa por sus cabecitas o cómo se sienten practicando en el más grande para aspirar, alguna vez, a vestir la primera camiseta profesional.
La tarde caía mansamente sobre la tupida arboleda, la fatiga de los jugadores parecía, lentamente, ir cediendo cada vez más para dar paso a ese momento de satisfacción, que se les notaba, por la labor cumplida.
Nos sentamos, los cinco, formando un círculo sobre el manto verde del césped de una de las remozadas canchas de atrás. Los invité a cada uno de los cuatro a que me dijeran sus nombres. Los presento en sociedad:
Emilio Zelaya, vengo de San Miguel de Tucumán, tengo 15 años y juego en la 7º división. Juego de nueve.
Franco Mena, soy oriundo de Firmat, aquí cerquita de Rosario, tengo 16 años y juego también en la 7º. También juego de nueve.
Rodrigo Jiménez, soy también de Tucumán, pero de Tafí Viejo, tengo 15 años y juego en 7º división. Yo juego de cinco.
Víctor Torales, soy de Pergamino, Provincia de Buenos Aires, tengo 15 años y juego en la octava división. Yo soy un nueve también.
La casualidad, suele suceder, como en este caso, se impone a la causalidad que da origen a los hechos cotidianos y a las cosas del vivir. Mi elección, absolutamente azarosa, no incluyó a ningún pibe oriundo de Rosario o de sus alrededores. Los cuatro provenían de tierras lejanas y, por supuesto, estaban solitos, lejos de sus familias y amigos, alojados en el hotel de la Ciudad Deportiva. Cuando entramos en confianza los cinco, por fin los pibes comenzaron a hablar y a contarme sobre sus actividades.
¿En serio que usted es de canalla.com?, nosotros leemos siempre esa página. En realidad, lo hacemos cada vez que podemos. Está muy buena, me dijeron los cuatro, casi al unísono, para alimentar mi indisimulado “agrande”.
Nosotros estamos acá en Central desde el año pasado, a principios del 2.002, ya hace casi un año y medio. Este es nuestro segundo año.
Estamos en Central porque tuvimos la posibilidad de venir y no quisimos desaprovecharla, nos trajeron acá porque este es un club grande. Ya lo conocíamos a Central de antes, por supuesto. Las instalaciones, aquí, son de un club de primera, porque las instalaciones mismas son de primera. Muy buenas.
Nos gusta mucho jugar al fútbol, nada nos interesa más en la vida. También vamos al colegio, aunque no nos gusta estudiar, no nos gusta ir a la escuela -me dijeron un segundo antes de sentir una especie de “patada al hígado”, debido a mi obsesión porque todos los chicos estudien con entusiasmo-
Sabemos que antes que la pelota está el estudio, eso lo sabemos. Timoteo nos dice eso siempre y, además, los coordinadores están siempre encima nuestro con el tema del colegio. Van siempre al colegio a ver cómo nos está yendo, qué notas tenemos, hablan con los profesores para enterarse cómo vamos o si tenemos algún problema. Una vez, también los vimos hablando con la directora de la escuela.
Tanto Timoteo como los demás profes se preocupan mucho por nuestros estudios. Más que nosotros, agregan -en medio de una risa fresca y deliciosa- nosotros sabemos que la carrera del fútbol es corta y no llega para todos; entonces Timoteo nos dice que nunca seamos unos vagos, que estudiemos para poder llegar a ser personas de bien. Él nos explica que nadie puede asegurarnos que todos vamos a llegar a jugar en primera, por eso nos habla de la importancia del estudio y llegar, también, a ser buenas personas en la vida. El estudio nos va a dar más oportunidades en la vida, sabemos que el fútbol no es todo.
Nos levantamos todos los días a las seis y media de la mañana para ir al colegio y después, cuando regresamos a las doce y media, almorzamos en el comedor de la Ciudad Deportiva, en el comedor de Fernando. Descansamos y estudiamos hasta las tres de la tarde que es la hora en que empiezan las prácticas. Terminamos las actividades a las seis de la tarde, esto es todos los días de lunes a viernes.
Continuará...
“Buqui” Vatalaro