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Por Buqui Vatalaro
La revolución mental
- 11.06.2005
Es cierto, nunca las revoluciones tuvieron el éxito esperado. En todos los tiempos el hombre intentó, por una u otra causa, provocar revoluciones en todos los ámbitos: económico, político, social y, por supuesto, cultural.
Pero no se dio cuenta -el hombre- que las revoluciones se convertían en “revueltas”, en una especie de monstruo que devoraba a sus propios hijos, a sus hacedores, y sobrevino inexorablemente el fracaso y la pérdida de tiempo; un regreso al principio. Con un breve repaso de la historia de la Humanidad, comprobaremos este fenómeno.
No obstante -a mi juicio- hay una revolución menos expuesta a la vista y que puede convertirse en un éxito asegurado para el futuro; en nuestro caso en el futuro de la institución, y esta es: “la revolución mental”.
El proceso de cambio de mentalidad nos lleva al consabido cambio de actitudes frente a la vida misma y sus desafíos cotidianos. Claro, no resulta sencillo provocarlo pero sí, al menos, intentarlo. Ahora bien, para que la revolución mental ocasione un cambio definitivo que beneficie a todo el ámbito comunitario -para nosotros, el club- requiere de dos elementos incuestionables: “la paciencia y la convicción de sus efectores”, porque el estar convencidos y el saber esperar son las claves del éxito para lograr el cambio anhelado.
En Central hubo algunos cambios esperados, sin dudas, en estos últimos tiempos de gestión. A pesar de los errores propios y ajenos -impía imperfección humana- los cambios de mentalidad dentro del seno mismo de la actual CD y quienes, con amor y desinterés, participamos activamente con el único objetivo de “ayudar a Central” -desde adentro y desde afuera- parece no estar a la vista de algunos compañeros de la gesta canalla, de esta maravillosa “religión” que nos agrupa y que, paradójicamente, a menudo nos separa. Entonces sobrevienen los agravios personales, sin darnos cuenta que los insultos son la razón de quienes la razón no tienen.
Y esa revolución mental, convencidos de ella, con paciencia, esmero y muchísimo esfuerzo colectivo, nos permitirá provocar el cambio deseado. Habremos de transitar por el camino correcto para nunca más escoger los peligrosos atajos que tanto daño, otrora, causaron a nuestro club cuando se pretendieron soluciones fáciles, se hicieron promesas imposibles de cumplir, se apeló a los “manotazos de ahogado” o cualquier otra improvisación surgida de la mente de algún distraído o indolente directivo. Porque... “si no sabemos hacia adónde vamos, no habrá camino que pueda llevarnos”.
Creo en el espíritu crítico de los canallas -una práctica olvidada durante muchos años- en su participación, en el interés de todos quienes sienten y quieren bien al club. Pero al cundir el pensamiento crítico debe aparecer, también, el accionar positivo. Para ello, el espacio indicado es, sin dudas, la asamblea de socios.
Central será lo que deba ser gracias a nuestra propia “revolución mental”. Estoy convencido de que muchos canallas, juntos, podremos ocasionar los cambios orientados a cumplir con los intereses supremos del club y propender al beneficio colectivo.
"Buqui" Vatalaro
Secretario de Cultura C.A.R.C.