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Por Buqui Vatalaro

Cuando vuelven los cheques mueren los proyectos

Y se termina con la ilusión de concretar las esperanzas de toda una hinchada...

- 11.07.2003

“Estoy hecho pelota”, dijo mi amigo mientras me aprestaba a sentarme a la mesa, junto con él, para tomar el cafecito acordado media hora antes.

“Pará che, ¿qué te pasa?”. Me di cuenta, al instante, que la pregunta había sido absolutamente inoportuna. Nadie me había conferido el derecho de hurgar en las dolencias emocionales de mi amigo. Lo poco que sé al respecto, te lo cuento canalla.

El equipo técnico de las divisiones inferiores de nuestro amado club, el magnífico cuerpo de maestros y profesores inteligentemente conformado a fines del año pasado con Timoteo a la cabeza, está a punto de licuarse, esfumarse, volatilizarse por falta de pago de sueldos. Así como se construyó, está a punto de desaparecer.

El atraso en las liquidaciones de los sueldos acordados se puede tolerar hasta un punto, pero la mentira reiterada y procaz parecería que no admite dilaciones a la hora de “hincharse las pelotas”, con perdón del exabrupto.

Una y otra vez las promesas de pago se hicieron escuchar, siempre en vano, de parte de los actuales directivos centralistas. Hasta que, por fin, la semana pasada, en un rapto de benevolencia magnánima, los directivos se “dignaron” a hacer efectivo el primer libramiento de sendos cheques a la orden de los esperanzados protagonistas involucrados en el tema. Un mes y medio de paga por casi siete meses de trabajo no estaba mal para comenzar con la percepción de los haberes.

Hasta que el banco los llamó para anoticiarlos, a todos, que los cheques de mi club, de tu club, del club de nuestros amores habían sido rechazados y devueltos por falta de fondos.

Uno de ellos, experto y voluntarioso entrenador de arqueros, ya regresó en la tarde del jueves a Buenos Aires, lugar donde reside con su familia para “nunca más venir a trabajar a Central con estos directivos”. Otro, un entrenador con vasta experiencia en divisiones inferiores, muy trabajador, entusiasta otrora deportista también capitalino, cabizbajo y “mascullando broncas atrasadas”, preparaba lentamente todas sus pertenencias para regresar este fin de semana, definitivamente, a sus pagos.

No quise acercarme hasta Timo y Aldo que, a través de los cristales del bar del hotel donde estábamos, podía verlos conversar apesadumbrados sentados en los sillones del lobby.

Me puse en su lugar y me dio bronca. Mucha bronca porque se mueran todos los proyectos que estaban consolidándose de a poco; con resultados más que precoces. Basta recordar que, hace menos de una semana, todos ellos estaban festejando como locos -me consta- el campeonato obtenido por la Primera División Local del Torneo Rosarino ganándole a NOB por dos a cero y con baile.

Ahora me pongo en el mío, en mi lugar de socio vitalicio, antiguo y pasional, como todos los canallas, y me da vergüenza. Siento el pudor y la vergüenza de haber sido testigo de semejante bochorno, siento la impotencia de habérseme agotado las palabras ante el estupor causado con esta noticia.

Por eso la bronca y la vergüenza, juntas, se constituyen en los componentes letales para matar las ilusiones y desalentar todos los proyectos en la vida institucional de Central y, además, estancar peligrosamente el crecimiento social, cultural y deportivo de los chicos que, entusiastas, piden contención y respeto en el seno de las divisiones inferiores.

Parece que el lunes ya no se presentarán a su trabajo en la Ciudad Deportiva, toda esa muchachada de técnicos y profesores que acompañaban todos los días, con entusiasmo manifiesto, a dos “viejos guerreros ganadores de mil batallas” como lo son Timo y Aldo, nada menos.

Además siguen los problemas con el concesionario del comedor que daba de comer, cotidianamente y tres veces al día, a todos los pibes alojados en nuestro propio remodelado hotel.

Los sueños de todos los hinchas canallas de tener las mejores divisiones inferiores, parecen desvanecerse por una ineficaz e irregular gestión directiva a la hora de cumplir con las obligaciones contractuales de un grupo de personas talentosas que han sido buscadas, por la propia dirigencia, para trabajar en el más grandioso club de la República.

No sé vos canalla, pero yo tengo una bronca que ni te cuento.


“Buqui” Vatalaro

(Socio vitalicio y enojado)

buqui@canalla.com