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Por Buqui Vatalaro

El Dirigente Gerente

Nuestro tiempo es hoy...

 

 

 

 

 

 

- 12.07.2003

“Mi deseo como socio es que mi institución cambie. Me gustaría que mis dirigentes se pongan de acuerdo para este gran cambio”, fue la confesión sincera y sentida de un viejo amigo cuando, el sábado por la mañana, tomábamos juntos otro cafecito en un bar céntrico de la ciudad.

“El que gana gobierna y los que pierden acompañan”, pensé por un instante; recordando, en el acto, haber visto a más de un candidato político rasgarse las vestiduras en cada acto proselitista.

Sabemos, tanto por experiencia propia como ajena, que toda la dirigencia en general y los dirigentes en particular están muy mal visto por la población que siempre esperó y sigue esperando de ellos lo mejor y que, lamentablemente, tantas veces ha resultado defraudada. Se tiene, pues, un mal concepto de ellos, ya nadie confía como una vez lo hizo y hasta se les “tiene miedo” por su mala fama.

A Central, sin dudas, hay que lavarle la cara. Para decirlo con un tono más marketinero: a Central hay que “hacerle propaganda”. Tenemos que vender un rostro nuevo, una nueva imagen. Para lograrlo hay que cambiar la estrategia de gobierno, ya perimida, que nos legó una suerte de “bronca colectiva” y de varios años de estancamiento. Los cambios en la actualidad, tan necesarios en la vida de los hombres, deben darse lentos y progresivos sin olvidar que todo cambio implica un sinfín de movimientos no sin antes aceptar, de buen grado y modo, que las nuevas acciones, la novedad, provocará inquietud negativa en el ánimo del viejo dirigente. Además, todo lo nuevo  asusta a los débiles y mediocres.

Hay que comprender cabalmente, y aceptarlo, que los cambios históricos los han propuesto siempre los de arriba para que los ejecuten los de abajo, con resultados egoístas y beneficios acotados sólo a “pequeños grupos de poder transitorio”. Ahora bien, ¿por qué no intentar una variante?. Confío plenamente en que llegará ese día en que, la acción, se produzca exactamente al revés; toda moneda tiene reverso y la historia siempre cambia en algún punto. Por eso, creo, llegó el tiempo histórico de generar los cambios, en nuestro Central, desde las bases mismas que conforman sus socios, sus “dueños”.

El dirigente de Central debe estar bien, debe sentirse bien, debe estar cómodo, estar orgulloso de sus logros, de lo que hizo y de lo que hace. Si no es así, si esto no ocurre, entonces se torna ineficiente transformándose, en muy poco tiempo, en un energúmeno, en un enemigo popular. Y cuando el pueblo exaspera sus ánimos, el dirigente se enfada con su gente y termina escondiéndose tras los muros de oscuros despachos hasta el final de su mandato, con la consabida pretensión de querer renovarlo por otro período.

El ingreso a la dirección, a la gerencia, al podio de la conducción superior de una organización como el Club Atlético Rosario Central no debe ser para cualquiera. Debemos ser buenos, y cada vez mejor, seleccionadores. Por eso se acerca la hora de reaccionar, a este club hay que “repensarlo” y este es el momento para hacerlo. Todos debemos fusionarnos para reestructurar a nuestra institución y reivindicar su buen nombre, estando siempre “a favor” y nunca “en contra” de éste o aquel candidato.

Si creemos vivazmente, y para variar, que ahora sí todo cambio debe comenzar desde abajo hacia arriba, la masa societaria de Central será germen en el origen y crecimiento en el desarrollo de este cambio, para formarse como verdaderos profesionales de una eventual futura conducción e involucrándose seriamente para obligar a sus dirigentes, de alguna manera, a convertirse en “hombres de bien”.

Lo primero, entonces, que debemos hacer antes que nada es “concientizarnos”. Hay que valorar nuestros derechos, realizar variantes y proponer nuevas ideas porque, si queremos cambiar, es porque sabemos que estamos mal. Las escuelas de dirigentes, ignoradas por la mayoría de aquellos “pretendientes de sillones” son herramientas fundamentales para adquirir una mayor capacitación y así lograr el desarrollo personal y el de todos.

Bueno sería que las autoridades, actuales o por venir, estudien previa y convenientemente para conocer de manera cabal, más allá de las propias experiencias, todo lo relacionado con el “gerenciamiento deportivo” y, de esta manera, adquirir la sapiencia necesaria que impulse el progreso que puedan generar todos los cambios proyectados creando, en el seno mismo del club, una conciencia colectiva de grandeza más que de subsistencia.

El momento se acerca.

Nuestro tiempo es hoy.


“Buqui” Vatalaro

buqui@canalla.com