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Por
Buqui Vatalaro
Esta Vuelta las Aguas me dan Más Miedo
El dolor de perderlo todo en un instante...
- 15.05.2003
Como uno de los hacedores de canalla.com, la página oficial del hincha de Central, solidarizado con el pueblo hermano de la ciudad de Santa Fe y sus alrededores, quiero invitar a todos nuestros queridos y habituales lectores a realizar una profunda reflexión y toma de conciencia compartida.
La hinchada de Rosario Central, los canallas, me consta, desde el primer día en que avanzaron impertinentes las aguas del Río Salado, abriéndose el paso con un embate inusual, comparte este dolor provocado por un excesivo castigo de la Madre Naturaleza.
A todos mis amigos “tatengues y sabaleros” quiero decirles que tengo la certeza de que, con la fuerza de voluntad para luchar y seguir adelante ayudándose mutuamente, dejarán atrás las lágrimas y, emulando a Don Juan de Garay, imbuidos con renovados sentimientos de fe, untados con el mismo coraje, valentía y convicción que mostrara el Brigadier General Don Estanislao López en cada una de sus históricas acciones, podrán refundar por tercera vez, la cinco veces centenaria ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz.
Lo que muestra la televisión me desgarra el pecho a jirones, pero también me provoca más energía y esperanza para seguir estando a vuestro lado hasta el resurgimiento final y definitivo.
Este es mi leve homenaje al pueblo santafecino, donde conservo buenos amigos futboleros hinchas de Unión y de Colón, ex compañeros de trabajo padeciendo tantas dificultades, gente con quienes pasé muchos momentos inolvidables durante tantos años en que me tocó vivir en esa ciudad, primero en el centro y luego en el Barrio Centenario. Por ello me permito publicar este escrito anónimo, revelador, que me ha llegado desde la ciudad capital de la provincia.
En pocos días aprendí más que en tantos años de estudios:
Yo le tenía miedo a la oscuridad,
Hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.
Yo no resistía el frío fácilmente,
Hasta que aprendí a subsistir en ese estado.
Yo estaba sugestionado con los muertos,
Hasta que tuve que dormir en el cementerio.
Yo le tenía miedo al espanto,
Hasta que tuve que cenar en el crematorio.
Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños,
Hasta que me dieron abrigo y alimento.
Yo lucía vanidoso mi suéter nuevo,
Hasta que se lo di a un niño con hipotermia.
Yo elegía cuidadosamente mi comida,
Hasta que realmente tuve hambre.
Yo creía haber vivido muchas cosas,
Hasta que me vi deambulando sin rumbo por las calles.
Yo no quería al perrito de mi vecino,
Hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse.
Yo no me acordaba de los ancianos,
Hasta que tuve que participar en los rescates.
Yo no sabía cocinar,
Hasta que tuve frente a mí una olla y niños con hambre.
Yo creía que mi casa era más linda que las otras,
Hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.
Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
Hasta que me transformé en un ser anónimo.
Yo criticaba a los bulliciosos jóvenes estudiantes,
Hasta que, de a cientos, me tendieron sus manos solidarias.
Yo estaba seguro de cómo serían mis próximos años,
Pero ahora ya no lo estoy.
Yo creí siempre en la clase política,
Pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.
Yo no tenía buena memoria,
Pero ahora los recuerdo a todos.
Yo no te conocía,
Ahora eres mi hermano.
Yo tenía un río cerca,
Ahora soy parte de él.
Es la mañana.
Ya salió el sol y no hace tanto frío.
Gracias a Dios.
Vamos a empezar de nuevo.
Remedando al gran poeta: “No nos une el amor sino el espanto”. Deberemos aprender algún día, todos, a crecer en sociedad, a vivir en paz, a tolerar la diversidad y andar los argentinos con las frentes altas. Yo te acompaño, hermano, en la ventura y en la desgracia. Hoy tu dolor es también mío.
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)