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Por
Buqui Vatalaro
Central… ¿Es un Sentimiento?
¿Frase hecha o premisa regente?…
- 16.09.2003
Un sentimiento permanente del socio y del hincha de Central, del ser canalla que se expone en forma continua a situaciones de “alto riesgo” dentro del club es el descontrol, que lo lleva a manejar inapropiadamente sus atribuciones y sus deberes institucionales. Ello conlleva una doble carga: por un lado su mismidad (ser objeto - espectador - íntimo) y por otro lado toda su pasión, que se transforma en una prolongación de sí.
Esta es una evaluación general, sin sustento científico por cierto, que hago basándome en una reflexión teórica, pero también referida sobre datos empíricos proporcionados por la experiencia en entrevistas y charlas con hinchas, simpatizantes y socios de Central de todas las edades. ¿Por qué el hincha no se hace socio y por qué el socio no se compromete un poco más con el club de sus amores?
Mi preocupación se centra en la existencia humana y típicamente argentina del “no te metás”, en cuanto ésta se proyecta en el tiempo. A menudo no sabemos mirar hacia adelante, poco nos preocupa el futuro institucional del club como proyecto vital, como realización de posibilidades y despliegue en el tiempo.
Durante el transcurso de los últimos años de gestión directiva, muchos socios de Central optaron por “borrarse” del club, algunos literalmente y por distintas causas. A una infinidad de hinchas, a su vez, no les interesa hacerse socios y ni siquiera intentan conocer los detalles, me consta. ¿Qué nos está pasando a los canallas?.
Basta con hacer un análisis previo y rápido para descubrir las causas. ¿Acaso dejamos de quererlo a Central?, obviamente que no. ¿Todos los motivos obedecen a problemas económicos?, obviamente que no. Me pregunto: si estamos en contra de tal o cual dirigencia, por ende, ¿estamos en contra de Central?, obviamente que no. Entonces, la respuesta hay que buscarla por el lado menos expuesto y difícil de digerir. Los hinchas y socios de Central padecemos de una especie de “neurosis institucional”; como un grupo de alteraciones de nuestra conducta para con la institución y de la que todos somos concientes.
Es fácil observar diariamente en muchos centralistas -socios o no- en sus comportamientos, en el desarrollo de sus vidas profesionales y en el cumplimiento de sus obligaciones las siguientes características en su relación con el club: apatía, falta de iniciativas, pérdida de interés institucional, impasibilidad, sumisión en algunos casos, abulia y obsecuencia en otros, temor reverencial, inexpresividad, resentimientos, incapacidad práctica para planificar, resignada aceptación de que las cosas seguirán como siempre, pesimismo, etc. Pero eso sí, nunca falta la queja infructuosa, o la crítica sin sentido, de uno u otro lado, de cualquier connotación.
Parece que a muchos centralistas los conforma el “cambiar para que nada cambie”. Ya hemos cambiado a los dirigentes, por suerte, ¿ahora qué es lo que sigue?; ¿otra vez seremos meros espectadores de un proceso que nos interesa a todos?. Sinceramente espero que no; espero sí, en esta ocasión, que nos involucremos todos con el compromiso formal de ayudar a “sacar a Central del hoyo”, de acudir en su rescate.
Todo ello deriva en el desconcertante rosario de respuestas fáciles: “no te metás; yo no me la juego; no te preocupes que es peor; lo único que me interesa es ir al Gigante con los chicos; a las asambleas no voy ni que me lleven; en Central nadie te da nada; los directivos “están en otra”; la AFA no nos quiere; a los porteños no les conviene que Central progrese; si nunca nadie hizo nada por el club ¿por qué lo voy a hacer yo?; sólo me interesan los partidos lo demás no importa; con los problemas que tengo mirá si me voy a involucrar en las actividades del club; hacerme socio ni loco; etc., etc”. Finalmente, la premisa regente: “sálvese quien pueda”.
Y no nos damos cuenta que todo ello genera: “carencias materiales; desamparo institucional; inexistentes servicios sociales y mutuales para el socio y su familia; elementos de trabajo rotos o deteriorados; ambientes de trabajo inapropiados; equipamiento deportivo lamentable; falta de elementos para trabajar y entrenar; escasa comida para los planteles de divisiones inferiores; poco y mal dispuesto personal de servicio y empleados; carencia total de apoyo institucional; de recursos; de presupuestos; de atención y, en definitiva, falta de una política institucional seria y sustentable en el tiempo, de un rumbo, de un objetivo común; esto es, en principio, recuperar la “dignidad canalla” que hemos perdido a lo largo de los últimos años”.
El resultado final es: “el descreimiento; la falta de respeto propio y ajeno; la desconsideración general; la desconfianza de todos; la marginación del socio y el desinterés de los hinchas por su club”.
Central no puede, entonces, dar respuestas
La responsabilidad es, sin dudas, NUESTRA, la reacción para corregir el rumbo deberá ser entonces, también NUESTRA. Del hincha asociándose y del socio participando.
No se me ocurre otra cosa por el momento.
“Buqui” Vatalaro