Por Buqui Vatalaro
¿Te Queremos ver Campeón?
- 16.11.2002
Los centralistas somos raros, demasiado extraños. Somos gente muy particular. Debemos admitirlo de una buena vez. En cada acción que emprendemos tenemos ese toque de distinción, no sé exactamente cómo llamarlo, transitamos la vida siempre por ahí, dando la nota.
Miren si no es así, lo que pasa con nuestro fútbol. Una larga tradición futbolera nos acompaña desde 1.889, nada menos, somos el club de fútbol viviente más viejo del país y uno de los más antiguos del mundo y que, empecinadamente, todavía subsiste.
El gran semillero, glorias pasadas, decenas de jugadores salidos de nuestras canteras, incluso mucho antes del pozo de Baigorria, pasean su fútbol por el césped de todas las canchas del mundo. Y, hoy, nos va como nos va. Estamos como locos haciendo cuentas, sacando promedios, con la calculadora en mano, sumamos, restamos y dividimos más que en toda nuestra vida escolar. Que si Fulano pierde, que si Mengano gana, ¿cómo quedaría la tabla?, ¿qué tabla?, la del descenso, ¿y la otra?, ¿la otra qué?, la otra tabla... la de posiciones, ¡qué importa la tabla de posiciones!.
El descenso acecha, el fantasma de la B ronda por nuestras cabezas. Pero todo lo que nos pasa no es casualidad, es nuestra culpa, cada uno que la mida conforme a sus falencias a la hora de actuar por Central y evalúe todos los errores, propios y ajenos, cometidos en los últimos años. Por eso a veces, sólo a veces, me pregunto: ¿te queremos, de verdad, ver campeón?. Pues si es así, algo hay que hacer entre todos y pronto.
Directores técnicos con laureles para mostrar, exhibidos a lo largo de largas campañas de gestión, otros menos exitosos, algunos improvisados pero voluntariosos, fueron la constante durante los últimos años. Todo es urgencia, todo es inmediatez. ¿No hay un plan de trabajo serio, responsable y a mediano plazo?. Si hasta parece que nos faltara la materia prima, esa que tanto anhelan afuera: el jugador talentoso.
Ni que hablar del merchandising. Banderas, escuditos, camisetas, gorros, medias, pantalones, buzos, revistas. ¡Qué negocio!. Pero yo sigo extrañando a los jugadores que hoy son estrellas en las principales ligas, y que salieron de aquí, a pocas cuadras del bendito Gigante. No quiero ni nombrarlos, con todos ellos podría formar un equipo entero de figuras y disfrutarlos los domingos, llenando todos los estadios del país. Seríamos la envidia del mundo, sólo por verlos jugar nos invitarían a todos los amistosos en cualquier lugar, Central sería la estrella del fútbol sudamericano.
Pero claro, resulta que una vez más, para alivianar los problemas económicos y financieros, se han vendido por precios insignificantes a los mejores jugadores que tanto costó formar desde chiquitos. Hoy cotizan por las nubes y, quienes quedan, son los chicos con buena voluntad y algo de garra, pero con poca o nula experiencia para pelear un campeonato y ganar una Libertadores, por ejemplo.
Esto me hace acordar a la venta de las joyas de la abuela y ahora nos quedamos sin jugadores y sin dinero. Me suena familiar esto que digo. Es lo que nos pasa, también, a nivel país, ¿o no?. Nos estamos deshaciendo de lo que más necesitamos para continuar en la lucha y salir adelante y después nos encontramos maniatados, boquiabiertos y sin saber cómo enfrentar el futuro. Creo que el mejor antídoto es usar la imaginación, ser creativos, novedosos y hacer algo distinto de lo hecho hasta hoy. En todo orden de la vida, cuando nos va mal, hay que corregir a tiempo. Es un rasgo de inteligencia emocional aplicada a la cotidianeidad.
En Central, queridos amigos, no hay un solo responsable de la debacle, ni dos, ni tres o cuatro. Responsables somos todos. Directivos poco talentosos, improvisados, que aparecen siempre en una lista sábana, algunos de ellos enemistados entre sí dentro del mismo seno de las distintas comisiones que se han ido sucediendo, envidias, celos. Los padres de los jugadores que exigen y quieren salvarse a costa de las piernas de sus propios hijos y llegar a tener lo que nunca pudieron lograr con su propio trabajo y esfuerzo. Los socios que nunca participaron en asambleas y jamás se van a involucrar en cuestiones institucionales, haciendo la vista gorda mirando para el otro lado, escapando del problema y de la responsabilidad que les cabe como socios de un club semejante. Los empleados del club que nunca van a mover un dedo de más para satisfacer al otro, a aquél que le pide una mano, al que lo necesita ya sea en el Gigante, en la playa, en los quinchos o en la Ciudad Deportiva. Los hinchas que sólo atinamos a insultar y a despotricar contra tal o cual dirigente, técnico o jugador desde las mesas de café, sin participar en política interna, que es la única manera de intentar cambiar una realidad. Las indeseadas barras bravas que se pelean entre sí por lograr un espacio de poder y mandato eterno en una tribuna, siempre en connivencia, que utilizan las graderías para asaltar y robarles las camisetas a los indefensos. En fin, los representantes, los intermediarios, los que quieren, al menos, morder un pedazo, los que recogen los mendrugos, casi todos inescrupulosos a quienes poco y nada les importa Central.
Pero no todo está perdido, como te digo una cosa te digo la otra. También hay gente buena y valiosa, decente, corajuda y responsable a la que no hay que dejar sola. En fin, es hora de parar la pelota, de armar la mejor jugada e intentar ganar este partido. Entre todos debemos avanzar sin quedar constantemente en off side, en posición fuera de juego. Porque Central no está para la B, ni nosotros tampoco.
Por eso señores, pongámonos la camiseta.
Buqui Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)