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Por
Buqui Vatalaro
Las nuevas realidades
Dificultad para digerir los cambios…
- 16.11.2003
Este escrito no pretende dar consejos o guías de conducta, lejos de ello. Pretende sí, tener en claro cuáles son en los socios, a mi entender, las capacidades que se deben despertar, alentar, incentivar o reactivar. Capacidades presentes en todos ellos pero, en algunos casos, adormecidas voluntaria o involuntariamente.
Estas capacidades son, en esencia: la inteligencia, la memoria, la atención, la imaginación, la inventiva, la observación, el razonamiento, la predisposición, la afectividad, la empatía, la conciencia individual, los intereses, las habilidades, las destrezas, las aptitudes, el grado de madurez personal y de grupo, en fin: las condiciones generales.
Si realizamos un análisis de todos estos aspectos, no nos será difícil reconocerlos presentes en cada una de las diferentes actividades que desarrolla cualquiera de los socios de Central en su vida cotidiana. Por ello y más aún, son fácilmente observables en el seno mismo de todas las familias centralistas que constituyen grupos de personas que asisten regularmente a una institución para que ella satisfaga sus necesidades, obteniendo como resultado el crecimiento y, por qué no, el desarrollo personal. Basta con acudir asiduamente al hermoso Caribe Canalla o a la inigualable Ciudad Deportiva “a comerse un asadito” para darse cuenta de esta nueva realidad. Allí es donde se ve y se siente la “familia centralista” en todo su esplendor.
Si pretendemos entonces, satisfacer ese conjunto de necesidades que el socio busca completar en él a través de la participación, las condiciones en las que el club lo debe recibir puede resumirse en: lo interesante, lo objetivo, lo preciso, lo gradual, lo inédito, lo experimental, lo constante y continuado, lo coherente, lo cualitativo, lo cuantitativo en sentido equilibrado, lo que despierte sentido crítico, lo que abra la discusión y la opinión, lo que lleve a la evolución, lo que no sea impuesto sino que permita intervenciones personales, lo que no sea reiterativo sino innovador e inteligentemente creativo, lo que tenga aplicabilidad en el ámbito de donde emerja cada socio, lo aprovechable y lo transferible.
A menudo no comprendo esa especie de sopor que nos invade a los socios de Central. He escuchado, en estos días, alzarse voces en desacuerdo con ciertas medidas adoptadas por los directivos del club y me parece muy bien; lo que me cuesta interpretar, en cambio, son las “voces de desaliento” que nunca aportaron, ni aportarán, absolutamente nada en favor del crecimiento institucional.
Todo cambio genera resistencia, eso lo sabemos, y en todo orden de la vida. Me da la impresión que, cuando el cambio lo propone y lo lleva a la práctica “el otro” quedamos estupefactos, nos produce una especie de “indigestión” y surgen las críticas sin sentido; esto es: criticar por criticar; asoma, entonces, la negación prematura. La caprichosa y antigua sentencia: “esto no porque no”. Además, como si fuese poco, los cambios “nos asustan” y reaccionamos impotentes. Digo esto porque, en lo que a mí respecta, antes de organizar un “cacerolazo”, prefiero involucrarme a tiempo para evitarlo. Con más razón si se trata de nuestro club.
Es por ello que deberemos aprender a transitar todos por la misma senda, sin egoísmos ni ambiciones personales desmedidas y con un espíritu crítico que aporten soluciones a los innumerables problemas. De una vez y para siempre, se impone la idea de colaborar, todos los socios entre sí, para hallar nuevamente el camino que conducirá a Central, con aciertos y con errores propios de la especie humana, a ese tan ansiado destino de grandeza que está esperándonos en algún lugar.
Las recetas llevadas a la práctica en los últimos años, por lo visto, no han dado el resultado esperado. Es por ello que las nuevas realidades se imponen. El mundo es movimiento, la vida es movimiento y Central, por ende, también es movimiento. Nada en la vida es estático e inmóvil. Porque cambiar el diagnóstico y aplicar las nuevas recetas a tiempo se resume como una actitud inteligente. Aunque nos cueste digerirlas al principio.
“Buqui” Vatalaro
Secretario de Cultura CARC