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Entre el sábado y el domingo, Central comenzó a recoger los frutos...
- 17.03.2003
Con una seguidilla de triunfos, matizada con algún que otro empate, comenzaron los jóvenes de sueños altos a recoger los frutos este fin de semana que pasó.
Mucho trabajo y todo el esfuerzo desplegado durante la semana de entrenamiento, dieron su resultado altamente positivo a la hora de “ver a los pingos en las canchas”. Los pibes de cada una de las distintas divisiones que compiten en el torneo de la Asociación del Fútbol Argentino, metieron garra y fútbol desde el minuto inicial poniendo lo mejor de sí, más el plus de todo lo aprendido de sus maestros.
De las seis divisiones de AFA, ganaron cinco y empataron los más pequeños de la novena. El rival fue Los Andes. A las once en punto del día sábado 15 se puso en marcha este apasionante torneo. Las divisiones cuarta, quinta y sexta hicieron las veces de local en la querida “cancha del pozo” de nuestra, cada vez más linda, Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria. Los jovencitos de las divisiones séptima, octava y novena, en cambio, debutaron en Lomas de Zamora con dos triunfos y un empate.
El día sábado se presentó soleado, claro y lindo para jugar y ver fútbol de inferiores. Así lo entendieron las cientos de personas que optaron por llegarse al predio y disfrutar, entre mates y bizcochitos, todo lo bueno que estaba por verse durante la jornada.
Entre los concurrentes al lugar, sentados en uno de los laterales de la tribuna, muy concentrados y atentos a todas y cada una de las jugadas que los pibes dibujaban sobre el verde y bien cuidado césped, se podían ver las queridas figuras de dos fenómenos en todo sentido, incluso más allá del mismo fútbol: Aldo y Timoteo.
No se perdían un solo detalle de lo que ocurría durante el desarrollo de los partidos, no cesaban de comentar, entre sí, cada jugada desplegada a favor, en ataque, o bien aquellas maniobras cercanas al área propia, es decir maniobras de la defensa de nuestros equipos.
Yo los observé durante toda la larga y extenuante jornada. El teléfono celular de Aldo sonaba una y otra vez, sólo para ser anoticiado por Gabriel Perrone, desde Buenos Aires, sobre los resultados de las divisiones que hacían las veces de visitantes.
Transcurrió el partido de la cuarta cerca de las trece horas; el calor se tornaba casi insoportable debajo de un sol impiadoso. Casi de inmediato se vieron aparecer, trotando hacia el centro de la cancha, a los chicos de la quinta división que disputarían el segundo encuentro. Aldo y Timoteo seguían firmes en sus respectivas posiciones, prestando mucha atención al desempeño individual y colectivo en el tan ansiado debut de sus adolescentes alumnos.
Sólo y tan sólo cuando el árbitro pitó el final del segundo partido, pasadas las dos y media de la bochornosa tarde ribereña, ambos maestros se dirigieron presurosos al comedor para almorzar frugalmente unas porciones de pizzas con gaseosas para luego retornar, con cierta premura e impaciencia manifiesta, a ocupar nuevamente las graderías antes de que diera comienzo el tercer y último partido, el de la sexta división.
Cuando el reloj marcaba la mitad de la tarde, finalizado ya todos los encuentros programados en el predio de la Ciudad Deportiva, se los vio partir raudamente, en el automóvil particular de Timoteo, hacia las instalaciones de Cosecha para ver allí la suerte que estaban corriendo los equipos que participan en el torneo local de la Asociación Rosarina de Fútbol.
Quedaron en el lugar hasta que concluyó, también allí, la jornada deportiva con más triunfos y buen juego desplegado por todos los jóvenes con aspiraciones mayúsculas. La tarde caía, el sol ocultaba su ferocidad cuando se los vio regresar, a ambos, nuevamente a la Ciudad Deportiva con rostros que evidenciaban un dejo de indisimulada felicidad por la labor cumplida, al menos en esta primera fecha que pasó. Mientras se despedían se les oyó decir: “mañana tempranito, a las ocho y cuarto, vamos a Cosecha porque empieza la jornada del domingo, juegan las divisiones más chicas de la Rosarina y la Primera Local”.
Aldo y Timoteo, como todos sabemos, son dos personas que aman lo que hacen, que no tienen dudas a la hora de dar lo mejor de sí para contribuir al enriquecimiento deportivo y a la grandeza histórica del glorioso Rosario Central. Por ello merecen nuestra ayuda, nuestro aporte cada sábado, nuestra presencia allí, alentando a los pibes y a ellos mismos por la inconmensurable labor que despliegan. Ellos nos precisan a su lado, cerca, atentos a sus necesidades que son muchas, para que puedan lograr amarrar en buen puerto esta nave que carga en sus bodegas, un proyecto de dimensiones descomunales, acorde a la propia majestuosidad del club que amamos.
Aldo y Timoteo tienen los sueños bien altos. Muchos otros todavía no. Me fue imposible, por ejemplo, observar la presencia ni siquiera de uno solo, tan sólo un directivo sentado a la par de semejantes personajes tan queridos por toda la afición. “No importa, quizás sea para mejor”, escuché decir a más de un socio presentes en el lugar.
Me parecerá un acto de extrema prudencia, por llamarlo de alguna manera, que cada fin de semana se destaque a un dirigente importante para acompañar el desarrollo del trabajo de las inferiores, pero no solamente para hacer un simple acto de presencia sino también de decencia, y demostrar cierta caballerosidad bien entendida para con el “Viejo Timoteo” y el “Prócer Aldo”, nada menos.
Después...cuando llegue la hora de la verdad, que nadie pretenda venirnos con cuentos.
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)