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Por Buqui Vatalaro
En Inferiores, no Todo es Práctica de Fútbol
Con Timoteo a la cabeza, los pibes aprenden mucho más que jugar a la pelota...
- 17.06.2003
A convivir... también aprenden a convivir. Aprenden a respetar las diferencias y aprenden, con meridiana rapidez, a interactuar en todas y cada una de las actividades propias de los jóvenes. Orden, trabajo y disciplina suman en lugar de restar. Diversión, solaz y esparcimiento hacen lo propio. Los jóvenes futbolistas de las divisiones inferiores agradecidos.
Para Timoteo el estudio y la diversión, por ejemplo, forman parte sustancial dentro de la vida cotidiana de los pibes. No es difícil comprender esto. Los padres lo sabemos muy bien y, quienes no lo son aún, al menos lo presumen.
“Antes que la pelota el estudio”, dice Timo a cada rato. La pelota es, pues, el complemento ideal para todo varoncito en edad de crecimiento y desarrollo. Mente sana en cuerpo sano, como reza la sentencia milenaria atribuida a los griegos. Ese es el orden; primero la mente y luego el cuerpo.
Pero la diversión de los chicos, su esparcimiento, para Timoteo y su excelente equipo de trabajo -muchas veces olvidado por la dirigencia y poco acompañado por los socios, hasta hoy- es un condimento fundamental para llenar, también, sus vidas.
La práctica semanal busca obtener los resultados a la hora de jugar los partidos sabatinos. Bajo la siempre atenta mirada de Timoteo, Aldo y Gabriel Perrone, junto con los demás técnicos y preparadores físicos, los pibes dibujan gambetas, tiran centros a la olla, realizan jugadas preparadas, la sacan al córner o la “cuelgan” en la tribuna, según todo lo aprendido y, también, según las necesidades propias del juego.
Ellos saben que uno de los más importantes técnicos del fútbol argentino: el “Viejo Timoteo”, por un lado, y el más grande ídolo centralista de todos los tiempos: el “Prócer Aldo”, por el otro, están atentos observando su desempeño sobre el césped. En todas las categorías. Suman decenas los partidos que los maestros miran mensualmente para ir conociendo, en detalles, las características de cada jugador.
Entonces sobrevienen los premios al trabajo mejor realizado. Una vez por semana, Timoteo y Aldo lleva al equipo juvenil con mejor desempeño en el partido de la semana a cenar afuera. Si consideran que ese fin de semana ningún equipo superó las expectativas esperadas, llevan a los pibes, entonces, a cenar de acuerdo a los puestos que ocupan. Por ejemplo, todos los arqueros juntos, otra semana todos los números dos, luego los números tres, y así sucesivamente hasta completar la plantilla. Ocurre tanto para los que participan en los torneos de AFA, como los que lo hacen en la Rosarina.
Increíble pero real. El gasto corre por cuenta del equipo técnico, por supuesto. No podíamos esperar otra cosa al respecto. Los pibes que se destacan en los partidos oficiales tienen premio y éste, por ahora, es: cenar afuera con sus maestros. Pero eso no es todo. Lo sorprendente, aunque a esta altura de las circunstancias ya no me sorprende más, es que tanto Aldo como Timo les preparan personalmente la comida. “Pastas a la putanesca -dice Timo- es mi especialidad y a los pibes les encanta. O con salsa al filetto, a la bolognesa o, también, al pesto o alla romana. Nos chupamos los dedos”, confiesa el viejo maestro con un gesto airoso de saber muy bien de qué está hablando. A lo Gato Dumas, diría yo.
“A veces, para no cansarlos, les preparamos distintas variedades de pizzas. A los chicos les gusta mucho comer pizzas”, continúa explicándome Timoteo. “Los chicos se sienten muy bien cuando nosotros les preparamos la comida una vez a la semana y compartimos con ellos la cena”. ¡Pucha!, pensé, ¿a quién no?.
“Eso sí, cenamos bien tempranito, a las ocho y media a más tardar porque a la mañana hay que levantarse casi al alba para comenzar con las prácticas matinales”, me dice Timo poniéndose serio. “Si los pibes no duermen bien y descansan toda la noche, al día siguiente no pueden levantarse para ir al colegio y después tener que practicar, o viceversa”, me aclara para disipar toda duda.
“Se comen hasta dos platos enormes, y nosotros, a veces, también”, me dice dibujando una sonrisa picarona. “Además ponemos música y los pibes se divierten como locos”, aclara. “Contamos chistes, también, y todos nos sentimos integrados”.
Central es una familia y, como tal, sus inferiores se comportan al respecto. Unidos todos los pibes, estudiando, divirtiéndose, compartiendo los mejores y peores momentos muy cerquita de sus propios maestros que, además, les enseñan a jugar a la pelota para mantener las ilusiones intactas de poder llegar a vestir la primera camiseta profesional en el club que, cada uno de ellos, escogió para practicar.
Creo que, si no fuese por el propio Central, o por la mediocridad de algunos de sus dirigentes, esta especie de “Plan Integral de Adaptación” concebido y llevado a cabo por Timoteo, Aldo y compañía, estaría rindiendo sus frutos con una celeridad y eficacia pocas veces vista en un trabajo propio de divisiones inferiores.
El desarrollo social que se pretende introducir diariamente a los pibes jugadores, es notorio a la hora de analizar, apenas someramente, todas las prácticas extra futbolísticas que se concretan en la Ciudad Deportiva. Todo ello “tiene olor a Timoteo”, si se me permite la expresión, lejos de pretender incursionar en un exabrupto inapropiado. Pero estoy convencido de que es así. Este viejo sabe por viejo más que por diablo. Y no lo vengo a descubrir ahora, sino que desde siempre mantuvo el mismo ideal de integración y compañerismo entre los grupos que le tocó dirigir. Los resultados siempre estuvieron a la vista.
Timoteo y el Aldo, junto con los demás profesores, hacen mucho con muy poco. Sin ayuda ni participación de los dirigentes, todo lo contrario, ellos jamás aparecen por Granadero Baigorria, al menos yo nunca los vi asomar por allá. Rosario Central mira desde afuera y agradece, en nombre de sus “escasos socios”, todo lo que están haciendo estos verdaderos “hacedores de encuentros y maestros del fútbol”.
Para colaborar con Timoteo y Aldo, no tienes más que acercarte por la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria, ellos están allí todo el día esperándote. Nunca te arrepentirás de hacerlo. Hasta podrás compartir la cena semanal con todos ellos. Timoteo y Aldo te van a invitar e integrar.
A mí me gusta mucho poder ayudarlos; eso me llena de orgullo personal pero, a la vez, me da un poco de vergüenza institucional debido a la constante y enquistada maldita costumbre de ausentarse y esconderse que tienen algunos de estos actuales dirigentes.
Lo digo y afirmo desde una posición, casi exclusivamente, de socio vitalicio.
Y por mi eterno amor a la camiseta del más grande.
“Buqui” Vatalaro
(Socio vitalicio y enojado)