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El Gigante de Arroyito, un símbolo de la ciudad. Conocé más sobre su historia

Por Buqui Vatalaro

Para llegar a ser Un Gigante (primera parte)

Se precisa mucho más que imaginación y dinero. Coraje y decisión es la clave...

 

 

 

El actual “Gigante de Arroyito”, como lo bautizó la feliz ocurrencia del presidente Vesco allá por los ´70, no es solamente un templo, una catedral del fútbol, tampoco es un desarrollo arquitectónico ni una simple obra de ingeniería fenomenal. Para ser un Gigante no alcanza con volcar, estratégicamente, cientos de toneladas de cemento o agrupar miles de obreros de la construcción en pos de un proyecto. Para ser un Gigante se necesita poseer mucho más en su haber; es imperioso, entonces, tener primero una rica historia centenaria y contar con un respaldo popular, sanguíneo, pasional y concreto que impulse todo un proyecto de vida institucional.

Ya al editar el club la “Revista del Cincuentenario”, en 1939, daba cuenta del camino recorrido, hasta allí, en procura del lograr alcanzar el sueño del estadio propio: “Del Portón Nº 4 al Estadio de Cemento”.

Los esforzados fundadores y propulsores de Central consiguieron, desde sus inicios, que los caballeros de la empresa ferroviaria: Sres. Lucas y Russell, otorgasen un sector de terreno ubicado entre los portones Nº 3 y Nº 4, a la altura del hoy denominado pasaje Celedonio Escalada, más conocido por los rosarinos como “El Túnel”.

Firma de la aceptación para la concesión de los terrenos

En 1896, a siete años de andar contagiando a la ciudad con su mágico destino de grandeza, el virus canalla se esparcía por doquier. Todavía faltaba mucho tiempo para que “otros” clubes de menor envergadura apareciesen a la vida en nuestra ciudad. Por ese entonces, la cancha de Central debió ser trasladada a la Avda. Alberdi en su intersección con Jorge Harding. Esta esquina, al ser luego vendida y loteada, obligó a las autoridades del club a afrontar un nuevo traslado, esta vez a la Quinta Sanguinetti popularizada por el vulgo como “La Cancha del Cruce”. Su ubicación estaba en el actual Cruce Alberdi, que así se denomina al lugar por bautismo original del propio ferrocarril.

Hasta fines de la Gran Guerra, en el ´18, se escribieron aquí, del otro lado del mundo, páginas de gloria para el fútbol auriazul pero, un nuevo reclamo de la empresa ferroviaria determinó realizar otro traslado, esta vez mucho más cercano: hasta las proximidades de la Estación Castellanos, a metros de la Avda. Alberdi.

Ya por entonces, excepto en el ´21 y en el ´22, era titular del club nada menos que el gran presidente Don Federico J. Flynn. Este joven y pujante dirigente desconocía la palabra “no”. Para él todo era posible, con voluntad y esmero las cosas debían y podían ser realizadas. Día tras día, con la paciencia y la persistencia propia de un verdadero canalla emprendedor y visionario, logró convencer a un caballero, Mr. Ryan, alto funcionario del ferrocarril, para que facilitara al club toda la madera que no sería utilizada por la empresa.

Continuará...


“Buqui” Vatalaro

(Rosarino, tanguero y de Central)

buqui@canalla.com