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Así lucía el Gigante de Arroyito en el año 1939 (Foto: Mundocanalla.com.ar)

Por Buqui Vatalaro

Para llegar a ser Un Gigante (segunda parte)

Se precisa mucho más que imaginación y dinero. Coraje y decisión es la clave...

 

 

 

Sigue...

En 1923, con la contratación de algunos peones especializados, cientos de socios y simpatizantes centralistas prestaron su desinteresada colaboración para construir una tribuna con cien metros de gradas de diez escalones, en cada lado de la cancha, para darle comodidad a unos “quince mil espectadores”. Fue un alarde de audacia, casi un acto de soberbia dado que, por aquellos tiempos, era impensado intentar reunir tanta cantidad de personas en un mismo momento y para un mismo fin. Pero, como dicen algunos, “esto es Central”. Bien pronto, el club, halló la respuesta en el público que se volcó masivamente a ver los partidos en su nuevo estadio. Los disconformes de siempre, eternos criticones inventores de la “máquina de impedir” y del “no fácil” tuvieron que callar ante la majestuosidad de esta magnífica obra.

La visionaria actitud del presidente Flynn y sus acompañantes en la comisión directiva comenzaba a dar sus frutos en el ´24. El club contaba, entonces, con un capital propio superior a treinta y tres mil pesos, toda una fortuna para aquella época. Pero, por desgracia, se acercaba el momento de enfrentar un difícil contratiempo que, en principio, parecía insuperable: el ferrocarril necesitaba los terrenos donde se levantaba el estadio auriazul con sus graderías y su maderamen.

El inminente desalojo propulsó al mismísimo presidente Flynn y a sus colaboradores a tomar decisiones trascendentales para la vida institucional del club y para preservar su futuro. Estos señores que hoy menciono, a quienes le debemos más que un simple recuerdo o una eventual invocación: Fuggini, Morales, Ré, Casagrande y Rossi, integrantes de una comisión especial designada al efecto, comienzan una tremenda lucha para conseguir la nueva sede centralista.

Concurren a un despacho y luego a otro, incansablemente, entrevistan a cuanto gobernante y funcionario pueden. Finalmente, la titánica tarea se ve coronada por el éxito. Gracias a los buenos oficios del Ministro de Hacienda de la Provincia de Santa Fe: el Dr. Félix Roca, del Intendente de la Ciudad de Rosario: Dr. Manuel Pignetto y de varios “patrióticos” concejales: los señores Casas Duchenois, Bollero, Nirich, Cepeda, Stoisa, Garavagno, Morcillo y Caramutti, entre otros, se logra obtener la concesión precaria de un terreno ubicado en la intersección del Bv. Avellaneda y Avda. Central (nótese el premonitorio nombre asignado a esta avenida), actualmente Avda. Génova. El mismo sitio donde se erige majestuoso, cual octava maravilla, “El Gigante de Arroyito”.

Continuará...


“Buqui” Vatalaro

(Rosarino, tanguero y de Central)

buqui@canalla.com