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El Gigante con la primera tribuna oficial en el codo alto © Mundocanalla.com.ar

Por Buqui Vatalaro

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Se precisa mucho más que imaginación y dinero. Coraje y decisión es la clave...

 

 

 

Sigue...

Mientras tanto el club arrienda, para jugar allí varios partidos oficiales, las instalaciones del ya desparecido Club Bolsa de Comercio, cuyo estadio se levantaba en la manzana circundada por las calles Ovidio Lagos, E. Zeballos, 9 de Julio y Callao (curiosamente, hoy, esta zona padece de inexplicables embates de frío bajo cero algún que otro domingo). Entonces comienza la familia centralista a trabajar febrilmente, contra reloj, debido a los tiempos concedidos por las autoridades municipales para levantar el nuevo estadio de fútbol antes del vencimiento de la concesión precaria de los terrenos en Arroyito.

Todas las obras se ejecutaron en tiempo y forma, según lo convenido. Cada peso, cada moneda, en aquellos años, tenía un valor más que intrínseco: fundamental. Entre la economía del club y el aporte personal pecuniario de sus socios y simpatizantes, el nuevo estadio fue teniendo, poco a poco, su campo de juego sembrado y sus tribunas se fueron levantando lenta pero inexorablemente junto con las instalaciones sanitarias y demás.

El primer partido llevado a cabo en el nuevo estadio del Barrio de Arroyito fue allá por el ´26, el 14 de noviembre para ser exacto. Ese día, por causas que nunca se supieron exactamente, Central no podía utilizar el estadio del Club Bolsa de Comercio. Entonces se trabajó muy duro para poner en condiciones mínimas la nueva cancha para jugar ese único partido en ella hasta su finalización e inauguración oficial.

El rival de turno, como presagio del destino de una paternidad que no claudica, era nada menos que el club sin barrio, sin historia y sin vergüenza. Como era de esperar, en un encuentro que puede calificarse como una pre inauguración: ganó Central 4 a 2. La recaudación llegó a la increíble suma de $ 2.515. Un verdadero récord, más tratándose todo un público local porque, como pasó siempre, los usurpadores del parque no acostumbraban a acompañar a su equipo de visitante.

Acto de domlición simbólica para la construcción de una nueva tribuna

La inauguración oficial del estadio del Barrio Dr. Lisandro De la Torre se produciría recién el 27 de octubre de 1929, casi tres años después de aquel partido histórico. En la ocasión, Rosario Central invitó a un club amigo de toda la vida: Peñarol de Montevideo (Uruguay). El resultado de ese cotejo de fuerzas ya no importa. Sí importa, en cambio, que los terrenos fueron adquiridos definitivamente por el club.

El resto es historia conocida por todos. Ente Autárquico Mundial ´78 (EAM), subsede Rosario. O eran ellos o éramos nosotros. Un tal Vesco y un tal Rodenas, dos monstruos sagrados, íconos centralistas en los ´70, junto a un pueblo detrás empujando, un pueblo canalla que siempre suele “pasarse de listo”, que repecha las calles de una impía ciudad futbolera que creció a la par de su gran club, limpiaron con agudeza y picardía, “de un plumazo” diría yo, los tenues argumentos presentados por los innombrables que pretendían jugar un mundial de fútbol en una canchita municipal detrás del hipódromo, al costado de un laguito artificial con botecitos de madera y frente a un tobogán, a una calesita y a un subibaja.

La patria potestad no se vulnera con recursos de pacotilla.

Grande, lo que se dice grande, en Rosario hay uno solo. Ni titán, ni descomunal, ni enorme, ni majestuoso y mucho menos colosal...llamalo “GIGANTE”.

Y es tuyo canalla...tuyo


“Buqui” Vatalaro

(Rosarino, tanguero y de Central)

buqui@canalla.com