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Por Buqui Vatalaro

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Por último, hablemos de las hinchadas...

 

 

 

 

- 21.01.2003

 

La hinchada de Central no tiene igual. Se parece a muchas pero es distinta a todas. Nadie, a esta altura de los acontecimientos, puede dudar de esta afirmación. Aún aquellos más escépticos o extremadamente distraídos pueden dejar de admitir que la hinchada de Central, que es también la más antigua del país, tiene algo, o mucho, que la diferencia del resto.

Hace unos días, estando veraneando en la costa, decidimos con mi amigo Juan y su familia, hacer un asadito al mediodía. Dejamos a las mujeres mateando en la casa y a todos los jóvenes -nuestros hijos y sus amigos- durmiendo como suelen hacerlo hasta muy avanzadas las horas del día, y nos fuimos a realizar las compras necesarias.

En el trayecto de vuelta, cargados de bolsos con vituallas, pasamos por una cabina telefónica con Internet. Allí me detuve para “mirar” la página de canalla.com que ya estaba extrañando mucho mientras Juan, luego de ir a la panadería a comprar bizcochitos, se había sentado en un banco sobre la vereda y esperaba tranquilamente. Sorpresa mayúscula fue la que me llevé cuando, en la página, pude leer: “Esta tarde a las 17 horas gran Caravana Canalla en Villa Gesell, partimos del Balneario Safari en 108 y la playa”.

- Volvamos rápido a la casa Juan- fue mi reacción inmediata.

Juan, que es un tipo tranquilo, con pausas bien marcadas entre una acción y la que le sigue, creyó que mi demencia senil se había adelantado justo en ese momento.

- Pará un poco loco, ¿qué te pasa?-, repetía una y otra vez mientras yo intentaba en vano cargar con todos los bolsos, casi desesperadamente.

- ¡Vamos, vamos rápido Juan!-.

En principio, Juan y toda su familia, más algunos amigos gallináceos de Mar del Plata que estaban con nosotros, creyeron que se trataba de una broma. Sólo cuando me vieron partir en el auto, junto a mi familia, a los bocinazos, con las banderas de Central y las camisetas puestas (yo con la de canalla.com azul, la tradicional) hacia Villa Gesell, cayeron en un estado de estupor generalizado sin alcanzar a comprender cabalmente cuál era el origen de este virus repentino que nos había alienado y que los había dejado a ellos, solos, con la carne y el carbón todavía en los bolsos del mercado.

La caravana fue inolvidable, cientos de canallas saltando y gritando como si estuviéramos en las tribunas del Gigante. Caminando por toda la playa, de un lado hacia el otro, podíamos ver las caras de estupor de algunos, otros frunciendo el ceño y unos pocos que se escondían detrás de las sombrillas a nuestro paso cubriéndose, inexplicablemente, el pecho con una mantita.

"...Vamo´a mataaaaaar a todos los bosteros, yo te quiero la Cadé.... a vos te sigo, vos sos mi vida...". Se me pone la piel de gallina recordando las caras de los bosteros que hasta allí estaban tomando solcito tranquilamente, JUASSS.

Ni hablar de los pingüinos; escondidos hermano, estaban escondidos, te lo juro por ésta, te lo juro. “...Borombombóm, borombombóm, el que no salta, abandonóooo....”. Para qué te voy a contar canalla, si esta historia vos la conocés lunga.

Dicen que para muestra basta un botón. Claro que sí, este relato es apenas una muestra del fervor canalla que nos hace tan diferentes a todos los demás fervores. Y no se trata de barras bravas, porque en barra cualquiera es bravo. Se trata nada menos que de la familia canalla, se trata de los socios y simpatizantes canallas y de todos quienes alojan un corazón canalla de verdad.

- Che, hay que ir hasta Tandil, aunque sea un solo día, para alentar a los muchachos-, oí comentar entre algunos muchachos y chicas con las caras enrojecidas de tanto gritar luego de la caravana. Por la noche, ya desandado el camino de regreso a la cabaña que alquilábamos y luego de la cena, me puse a mirar el viejo y ajado mapa rutero.

Tandil estaba a menos de 250 Km. de distancia. Llegamos a Tandil el día 11 de enero y nos quedamos hasta el 15 visitando todas las tardecitas la Hostería Casagrande, ahora canalla también, y dando aliento a nuestros jugadores junto con muchas otras familias que arribaban, en sus autos y desde distintos lugares, para decir presente junto al más grande, especialmente en un año tan difícil para nuestras aspiraciones deportivas.

¡Qué me van a hablar de hinchadas!, ¡por favor!. Ni de pasiones futboleras, ni de fervor por una divisa. Somos diferentes porque somos diferentes desde la génesis. Nacimos diferentes, fuimos los primeros en nacer allá en el Siglo XIX, un año después de la muerte de Sarmiento, durante La Conquista del Desierto, cuando José Ingenieros se aprestaba a inmortalizar sus pensamientos a través de su obra literaria, y crecimos también diferentes a todos y seguiremos siéndolo por toda la eternidad. Está Central y su hinchada, luego viene el resto mimetizado entre sí, todos ellos iguales o con apenas algunos matices; pero la hinchada de Central sí señores...es diferente, ya no caben dudas.

Caravana en Cuba, en Gesell, la presencia del Prócer en Chile, palomas por todo el orbe, museos, agrupaciones por doquier, filiales en todos los rincones, figuras canallas más que representativas, Gran Lama, Ministros de Guerra y Propaganda, tribunas llenas y bullangueras, monolito en Bialet Massé (con canallas virulentos que hasta dejaron velas encendidas luego de una muy bien organizada y secreta peregrinación nocturna, como si se tratara de un culto pagano, me consta), la primera bandera gigante, la toalla itinerante, entre otras cosas, avalan lo que digo. Central...siempre Central. Como en aquellos tiempos de mi juventud, cuando se agotó la lana azul y amarilla en todo Rosario, aunque no lo crean los distraídos de siempre.

Por esto y por mucho más, anida en mi interior la firme convicción de que Rosario Central, sí canalla, tu Central y el mío, es mucho más que un Sexto Grande. Tenemos el club más viejo, el club con mayor caudal patrimonial, con trece participaciones entre naciones, con cuatro títulos locales y uno internacional, con el gol más festejado de la historia mundial desde que apareció este hermosos deporte y con la hinchada más “brotada” que, para muestra, bastó solamente con un pequeño botón.

Son las luces auriazules que, en las ausencias, me amarran a la frescura de tu voz ronca, de tu grito de gol dominguero. Es el encanto que me encadena a vos Central...y a tu gente. Por eso te quiero tanto y me hacés tan feliz; por eso me quitaste el espanto de morir...porque te habré de llevar en mí.

No me hablen del Sexto Grande. Central es mucho más que eso.
Ah!, mi amigo Juan, pobre, es un pingüino. Hace rato que no me habla, desde que regresamos a Rosario. Espero que todavía no me esté esperando con el asado listo.


“Buqui” Vatalaro

(Rosarino, tanguero y de Central)