¿Que te pareció?
NOTAS ANTERIORES
Hacia el dirigente que queremos
Si Pudieras Ver esas Caritas
Si Pudieras Ver esas Caritas
Causa terror sólo pensarlo (II)
Para llegar a ser Un Gigante III
Para llegar a ser Un Gigante II
Para llegar a ser Un Gigante (I)
Charlar de lo que nos gusta
Charlar de lo que nos gusta IV
Charlar de lo que nos Gusta
III
Charlar de lo que nos Gusta II
Charlar de lo que Más nos Gusta
Preanuncio de un estilo ganador
Yes my Lord... Yes my Captain!
La C. Deportiva bajo la lluvia
Arrastrando los Crespones de...
Tocando el Chelo con las manos
Y... si el trabajo es impecable
Por
Buqui Vatalaro
Casi Fueron Subsede
A Propósito del Mundial ´78. Breve relato que ya es parte de la historia canalla...
- 21.07.2003
A veinticinco años de la obtención del primer campeonato mundial de fútbol resulta saludable repasar la historia y reivindicar aquella gesta deportiva. No menos reivindicativa debe ser, hoy y siempre, la pícara y sutil gestión auriazul de sus dirigentes para obtener la subsede y darle vida al Gigante de Arroyito.
Los dirigentes de uno y otro club -del nuestro y del “otro”- se movieron en busca de apoyatura política para sustentar sus respectivas ambiciones. Claro que Rosario Central tenía muy buenos contactos y excelentes relaciones con el gobierno peronista de la época. Pero, también, los tenían “los otros”.
Una noche, mientras los canallas nos aprestábamos, durante la cena, a presenciar uno de los habituales partidos de fútbol televisados de los días viernes, recibimos un profundo sacudón cuando el periodista que presentaba la “blanquinegra” transmisión prometió, para la finalización del primer tiempo, “una noticia de extraordinaria importancia, especialmente para el hincha ñulista”, aseguró. Dijo, además, que la noticia “merecería un largo y explosivo festejo para los simpatizantes del laguito”.
Fue tan grande el sacudón de la noticia, que el bocado de milanesa me saltó por las fosas nasales. Mi cuerpo se sacudió como si hubiese recibido un cross de derecha de Ringo Bonavena. Para reponerme de los temblores, necesité beber de inmediato, y a fondo blanco, una damajuana de “agua de jane” que, mi madre, guardaba debajo de la mesada de la cocina para desinfectar y desengrasar los pisos.
Luego me enteré que, algo similar, también le había ocurrido a todos los canallas que estaban mirando televisión esa noche. Uno de ellos, mi amigo “El Colo”, por ejemplo, quedó tres días en estado de shock paralizante sin que la familia ni el Cuerpo de Bomberos Zapadores de Rosario, pudieran despegarlo de la silla donde se había quedado “extrañamente adherido”.
El adelanto periodístico provocó, sin dudas, la mayor expectativa en la masa ñulista al tiempo que produjo una inocultable inquietud entre los canallas y, en especial, en sus dirigentes. Una hora después del anticipo, el periodista aseguró tener información fehaciente de que el Concejo Directivo de AFA ya tenía decidida la elección del “Chiquero del Parque” como subsede del Mundial.
Todavía hoy recuerdo nuestro estupor luego de escuchar la infame noticia y, escribiendo ahora esta nota, manifiesto los mismos síntomas de aquel viernes: algunos retorcijones intestinales; una impía crisis de pánico; por momentos una extraña sudoración dorsal fría, viscosa y de color verdecito biliar y, como remate, una súbita dispepsia gástrica que me hace repetir la milanesa.
Mientras los leprosos festejaban, el presidente Vesco, Antonio Rodenas y Pablito Scarabino, entre otros directivos de la época, llamaban por teléfono, concertaban citas, planeaban viajes urgentes a la Capital Federal y pedían, desesperadamente, audiencias con las más importantes autoridades de la Nación.
La noticia era exacta. La decisión estaba tomada. Sólo restaba darle forma, volcarla al papel y comunicarla. La celeridad con que se movieron los dirigentes centralistas fue pareja con la exactitud de cada movimiento. Finalmente, la firme postura del presidente de Ferro Carril Oeste, el señor Santiago Leyden, que acompañó junto con River Plate y las ligas del interior la candidatura del estadio canalla, determinó que el interventor en AFA, Dr. David Bracuto, postergara la decisión y la sometiera a la impresión que los delegados de FIFA pudieran tomar sobre los propios terrenos; es decir, ambos estadios.
Muchos vieron en aquel momento, en aquella postura y decisión de Bracuto, la decisiva influencia del secretario afista, Sr. Paulino Niembro, ex diputado nacional por el peronismo y figura relevante del sindicalismo de la Provincia de Buenos Aires. Lo cierto fue que, aquella primera decisión, adversa a las aspiraciones centralistas, fue suspendida en su ejecución y diferida hasta la visita de una calificada delegación de FIFA que visitó Rosario en la primera quincena de octubre de 1974.
Suelen contar los testigos presentes -algunos de ellos periodistas de la época- que acompañaron a los dirigentes y autoridades en sus respectivas visitas a los estadios que, Antonio Osvaldo Rodenas, inefable dirigente canalla, en un rapto de inspiración que provocó una fuerte impresión, insistió ante el alemán Hermann Neuberger para que midiera el espacio entre la raya del costado del campo de juego de NOB y la línea imaginaria que ocuparía el primer sector de plateas, pretendiendo demostrar la insuficiencia del terreno para llevar a cabo las reformas necesarias.
No fue la única del excelente directivo. En su exposición verbal que desarrolló para fundamentar las pretensiones centralistas, Rodenas -sabedor de la insuficiencia crónica de la capacidad hotelera rosarina que tanto preocupaba a los visitantes- aseguró que “docenas de barcos operarían como hoteles flotantes sobre el Río Paraná”, a un pasito nada más del estadio de Central.
Este detalle fue cuidadosamente repetido porque se quería “vender” a Brasil la subsede Rosario; por tanto, era necesario insistir ante Joao Havelange -Presidente de FIFA- para que supiera que el Río Paraná podía traer a una multitud de brasileños según la curiosa excursión turística sugerida y recomendada por Rodenas y, entonces, la opción “era” el estadio centralista sin más miramientos.
El 17 de diciembre de 1974, por fin, llegó a las oficinas del Señor Antonio Andrade, titular del Concejo Municipal de Rosario y, por entonces, Presidente del “Comité Organizador Rosario Subsede Mundial ´78”, el siguiente despacho telegráfico Nº 11.470, que decía textualmente:
“Comunícole sus efectos decisión elegir estadio Club Rosario Central para partidos Copa Mundial ´78, debiéndose entregar antes día 20 corriente respuesta cuestionario remitido nota fecha 30 octubre ppdo. conjuntamente con informaciones sobre necesidades infraestructura hoteleras, viales y aeropuerto. Saludos, Dr. David L. Bracuto, presidente. Paulino Niembro, secretario. Comité Organizador Mundial ´78”.
La carrera estaba ganada. Hubo grandes festejos y exaltaciones. Por fin pude digerir la maldita milanesa. Las memorias centralistas de aquel año destaca, en su página 17, la “preponderante actuación que, en todo momento, es dable reconocer en la persona del Señor Antonio Osvaldo Rodenas” (sic). Con todo, habría que pasar por otra “prueba de fuego”. Al producirse el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976, se movieron algunos intereses para tentar una modificación que era prácticamente imposible dado que, la decisión de la FIFA, ya era irreversible.
Pero hubo algún militar de muy alta graduación, vinculado por lazos familiares a dirigentes del fútbol argentino, que esbozó apenas un intento y sucumbió casi antes de comenzarlo. Central era el estadio para el Mundial. Dos años después se verían los resultados de aquella acertada elección.
Porque, convengamos todos, buena parte de la Copa Mundial de Fútbol fue ganada en el dignísimo y ahora “Gigante de Arroyito”, orgullo de los canallas y de toda una ciudad que suele pelear de pié por sus intereses comunitarios.
Al menos así fue en los ´70.
“Buqui” Vatalaro