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Y... si el trabajo es impecable
Por
Buqui Vatalaro
La Filosofía del Dirigente
Las personas buenas no trabajan mucho tiempo con dirigentes malos…
- 21.11.2003
Desde lo cultural, estamos siempre enfrentados con el hecho de que es el hombre el que cuenta, no el sistema. El carácter de cada hombre, su fortaleza y debilidades, pueden localizarse por su filosofía: el conjunto de principios en que cree.
En consecuencia, la filosofía del dirigente es un asunto que afecta a la institución que preside. Es esencial que su filosofía sea “sana”, si quiere obtener los mejores resultados de la organización y, a la vez, de él mismo.
Son odiosas las comparaciones y, muchas veces, mal intencionadas. Este no pretende ser el caso pero, a la hora de comparar, pues entonces comparemos. Basta hacer una rápida visión y traer a la memoria algunas actitudes de algunos dirigentes de las anteriores gestiones y confrontarlas con algunas de las actuales para “darse cuenta”.
No soy de andar “demonizando” ni “colgando San Benitos” por doquier, nada de eso. Diría, sin temor a equivocarme, que soy todo lo contrario. No me gusta ni acepto la crítica impía de muchos comunicadores sociales o gente común que responde a intereses sectoriales, casi siempre contaminados.
Pero, por sobre todas las cosas, estoy enamorado de Central; entonces sí, desde este lugar, siento la necesidad de comparar. Un hecho reconocido y demostrado es que ningún hombre puede mandar bien hasta que sabe obedecer. Y, sin dar nombres, porque incluyo a todos, digo: los principios fundamentales exigidos de un buen dirigente se sintetizan, por un lado, en que debe asumir, en su propia mente, su completa responsabilidad, la de sus hombres y la de Rosario Central.
En segundo término afirmo, según mi modesto parecer, que debe ser, además, absolutamente imparcial en sus consideraciones porque debe estar preparado, mentalmente, para hacer todo lo que exija su deber y tener una apreciación real de la valía y bondad básicas del ser humano.
“Toda escoba nueva barre bien” según dice el refranero popular; y es verdad. Esta nueva dirigencia centralista es como una escoba nueva. La habilidad de sus miembros estará demostrada, con el paso del tiempo, toda vez que deba “rehacer el empajado”.
Me cuesta cada vez más comprender cabalmente a los hombres. Todos envejecemos pero sólo pocos alcanzan la madurez, o la sabiduría que, de ella, se desprende. Entonces, pocas veces dejamos escapar la ocasión de decir lo que no creemos y de hacer lo que no queremos, ausente el sentido de responsabilidad y carencia de egoísmos.
Los hombres disciplinados e inteligentes pueden guiar mejor a los que les siguen; todos quieren estar orgullosos de su “patrón”. Ese patrón que reúna la condición mental que le permita hacer lo que su deber exige. En la buena dirigencia hay un precepto: el que dirige no debe exigir a sus dirigidos más de lo que él puede hacer.
En nuestro club, los dirigentes tienen que realizar, a veces, deberes desagradables, tomar decisiones que son duras para ellos -como el reciente pedido de convocatoria- pero pretendidamente beneficiosas para el club, sus socios y su futuro como tal.
Por consiguiente, se necesita bastante valor por parte del que dirige para realizar estas tareas desagradables. No todos los dirigentes pueden hacerlo y, al rehuir sus responsabilidades, permiten que el resto de la organización rehuya las suyas. Tal como ocurrió en los últimos años en nuestro país y en casi todos los niveles de conducción.
Fue muy corriente, más de lo habitual para mi gusto, el procedimiento de tapar una equivocación con otra. Entonces, en vez de cometerse un error, se cometían dos. En esta nueva etapa institucional, tan esperanzada como delicada para el más grande, creo sinceramente en la filosofía de nuestros dirigentes que sabrán mantener la cabeza firme cuando los de alrededor la pierdan.
Necesitamos creer en ello.
“Buqui” Vatalaro
Secretario de Cultura CARC