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Antonio Agri
Cuatro Cuerdas: Intriga y Magia
De profesión: canalla y violinista…
Por Buqui Vatalaro
- 22.08.2003
Para mi hermano, Guillermo, degustador de su talento musical, y que alguna vez lo bautizó “Merlín de Rosario”, Antonio Agri podía convertir en oro todo lo que tocaba con su violín.
Antonio era el “maestro hacedor de melodías inolvidables” con sólo utilizar cuatro cuerdas y un arco. Si hasta parecía imposible. Él lo hacía, siempre, con entusiasmo y talento inusitados. Además, como si fuera escasa su “enormidad”, también él era un canalla.
Solía pasear su “violinería” por los escenarios del mundo acompañando -o siendo acompañado- por músicos geniales que contribuían a darle mayor estatura a su propia majestuosidad interpretativa.
Un emocionado Colorado Vázquez -esencialmente tanguero él- suele narrarme aquel episodio con Antonio Agri -el Merlín- cuando, medio en serio y medio en broma, sentados a la “Mesa de los Galanes” una tardecita de otoño, le confesó: “estoy pensando en grabar la Marcha Oficial de Central en ritmo de bolero”. Para inmediatamente agregar, guiñándole un ojo, con ese porte de “atorra” tan especial que tenía, despacito, susurrándole para que no escuchara un amigo leproso que estaba cerca: “¿te imaginás Colo, la Marcha de Central con ritmo de bolero, bien romántica, cuando la pasen en un telo y algún leproso la escuche?, seguro que no se le para más al desgraciado”. El Colo me asegura que, con los ojitos enchispados, Antonio explotaba en una enorme carcajada con sólo mencionar su picardía.
Yo
lo pude conocer personalmente, darle la mano y expresarle mi admiración. Hace
mucho tiempo ya, recién iniciados los ´80. Resulta que tuve la suerte de trabajar
en la misma oficina con su hermano y éste, una mañana bien temprano, circunstancialmente
me lo presentó.
“No me explico cómo puedo sacarle tan lindos sonidos a esta cajita de madera”, solía repetir Antonio, refiriéndose a su mágico violín al que había bautizado, ingeniosamente, “El Chevrolet”. Violín que se agitaba, una y otra vez, para hacernos escuchar embelesados, entre otras, la obra de Laerte Carroli, en cada uno de los encuentros con el maestro. Hace poco tiempo atrás y ocasionalmente, El Chevrolet de Antonio Agri estuvo en mis manos por unos instantes, cual preciado tesoro, gracias a la bondad y deferencia de sus hijos Pablo y Gabriel.
“Un violinista en el tejado”, parecía Agri, cuando subía a los proscenios más exuberantes. Hacía descansar su mejilla, cerraba sus ojos y, entonces, apuraba el instrumento como un relincho incandescente para deleite de su público, esencialmente canalla. Y todos entrábamos a arder, escuchando los compases y cantando nuestra marcha junto al violín más grande que dio la patria.
Un tal Dios, canalla como él, un día de octubre, allá por el ´98, se lo llevó. Ahora Antonio toca su violín en lo más alto. Sus melodías se ciñen con la luz del alba sobre un escenario sideral y “fantasmero”.
Por las noches, durante el verano, en mitad de una estival y bochornosa Rosario portuaria, plena de tangos y de canallas, suelo escuchar a su “Chevrolet” tocando… y tocando.
Y hoy, un “chamuyo” de violines suburbanos viene desde el más allá como una mano para mecer la cuna donde duermen los canallas. Sus mágicos agudos “violineros” -de conservatorio y de arrabal- musicalizan toda el alba rosarina; y el alma sensiblera del pueblo centralista despierta para trasuntar melodías de tango y de barrio con olor a glicinas.
Rezonga Central y tu gente Antonio Agri, finalmente, como también rezongan los espectrales Stradivarius embroncados por tu presurosa partida.
Antonio Agri: cuatro cuerdas canallas… cuatro intrigas y toda la magia de tu violín.
“Buqui” Vatalaro