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Por
Buqui Vatalaro
Auto-Disciplina
La paciencia es un atributo de los grandes…
- 22.11.2003
La paciencia, no sólo con otros, sino consigo mismo, es un atributo que poseen pocas personas y, por ende, pocos dirigentes. Tener calma, sensibilidad y paciencia, lejos de las compulsiones y ansiedades, sólo puede servir a los intereses del grupo.
El trabajo en equipo debe “brotar” de una misma premisa básica, esto es: “hacer todo lo que deba hacerse” creyendo, esencialmente, en la valía y bondad fundamentales del ser humano. Por tal motivo, cuando el hombre se cree y siente honrado, leal, recto y capaz de actuar con propiedad, generalmente es insultado por quienes no aceptan tal valoración de de sí mismo, y siempre es “sospechoso” de sus motivos.
En Rosario Central, por suerte, la auto-disciplina y los motivos que impulsan a descreer en el otro están, día a día, desapareciendo. Aunque con muchas dificultades y torpezas, se pretende dirigir la acción hacia un punto, hacia “adelante”.
Por eso se pone especial énfasis en la manera y medios de manejar los intereses del club y de sus miembros con mayor rendimiento. Y la más importante de las necesidades humanas es asegurar la felicidad personal o, al menos, el bienestar de todos en sus actividades diarias, seriamente considerados por los responsables de la conducción por lo que le toca hacer, a cada uno, dentro del club.
Los hombres están más contentos cuando trabajan y hacen sus aportes en un ambiente donde su honradez y lealtad se supone y no están sujetos a sospecha continua. Es lo que, entre todos, debemos lograr en nuestro club, porque ese es el primer tramo del camino que hay que desandar para alcanzar los objetivos supremos.
No hay organización que prospere -menos aún tratándose de una tan grande, importante y trascendente como Rosario Central- donde el ambiente es de desconfianza, donde el compañero de al lado provoca reacciones innecesarias, donde se sospecha de los motivos de todos, y donde se emplea más tiempo en “protegerse” que en llevar adelante las tareas asignadas. Si esto ocurre, sin excepción, este ambiente sería imputable al dirigente del más alto nivel, en nuestro caso: el presidente.
Pero éste, al fin y por suerte, parece en Central “un tema superado”. La mesa directiva y el resto de la comisión comprenden cabalmente la doctrina de que los hombres valen y son fundamentalmente buenos, y son tratados de acuerdo con ello. En Central ya no hay “empleados y colaboradores fantasmas” deambulando en vano por los pasillos con sus ideas a cuestas, ni oscuros despachos cerrados, ni tampoco reuniones “cuasi secretas” en los reservados de algunos bares de la ciudad. Ahora también, y como si fuese una hazaña, podemos decir, casi con vergüenza, que “hasta tenemos teléfono”. Ahora somos un “club abierto”.
No puede dudarse, entonces, de que el progreso de los subordinados es beneficioso para la institución; un progreso basado en la responsabilidad, en la falta de egoísmos, en la determinación de hacer lo que se debe y en creer en la valía y bondad humanas.
La paciencia, virtud de pocos, promueve la auto disciplina y nutre al dirigente de conocimientos y templanza suficientes para organizar instituciones modernas y eficaces. Todos los centralistas lo deseamos fervientemente. Pude advertir, en las últimas semanas, que han surgido renovadas esperanzas entre nosotros para cambiar esta triste realidad.
Este es el momento.
“Buqui” Vatalaro
Secretario de Cultura CARC