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Texto publicado originalmente en el sitio web de Chile Canalla (click para ver)
- 23.04.2003
Tres palabras resumen lo que hoy toda la comunidad canalla del mundo agradece a la “Escuela Chilena de Evangelización Centralista”: pasión, desinterés y amor.
Nada más y nada menos; menuda tarea les espera. Para lograr el éxito en la gestión se necesita, por sobre todas las cosas, la voluntad inquebrantable de hacerlo, de transformar el pensamiento en acción, de convertir las buenas intenciones en un hecho cierto.
Esa comunidad canalla del país vecino sabe muy bien que el proceso de responder a las necesidades de evangelización centralista que la sociedad chilena reclama a diario comienza, sin dudar, por “hacer escuela”.
La persona a evangelizar es el sujeto más importante de esta escuela de formación basada en el buen sentir centralista. Bien sabemos que un potencial alumno que clama por vivenciar pasiones nuevas, verdaderas e inmutables, es el elemento insustituible a quien habrá que dedicarse constantemente hasta el final del proceso de evangelización.
“Si no sabes hacia dónde vas, ningún camino podrá llevarte”, podría ser vuestro lema. Rosario Central es el camino a seguir entonces. Por ello, deberán convencer que sólo escuchar no representa gran cosa en estos tiempos, tendrán que hacerles sentir la importancia de ser escuchados a la hora de divulgar el virus canalla por el resto del orbe y por los siglos de los siglos.
Ahora cierren los ojos, evangelizadores, y recuerden sus días como noveles tribuneros canallas, o cuando trepaban los alambres y subían con dificultad sobre los para avalanchas asidos de los trapos auriazules. Añoren un poquito esos días, recuerden ahora mismo a vuestros padres, tíos o hermanos mayores que los llevaron por primera vez al estadio del más grande donde gritaron por primera vez un gol de Central o donde lloraron después de perder el partido más esperado del año.
Fueron los tiempos de fútbol y de escuela que hoy les toca recomponer y fomentar en el país hermano. Pues bien queridos amigos, ahora es el momento adecuado para revivir todo eso, imaginando que todo es igual que entonces. Ahora llegó el momento más importante en la vida de un canalla devenido en evangelizador fuera de la Patria; ahora llegó el momento de propiciar el contagio viral, generar la epidemia, llegó el turno de avanzar en la tarea de esparcir el germen centralista sin olvidar que “el frío en el alma” puede estar pisándoles los talones a los alumnos, corriendo el peligro de enfermarse gravemente y sufrir innecesariamente.
Reunirse en torno de esta escuela es un buen comienzo, continuar juntos es un progreso, pero trabajar en común acuerdo con los objetivos claros es lograr el éxito. Recuerden que la excelencia no es una acción aislada, sino un hábito. Es un arte que se adquiere a través del entrenamiento y la costumbre. Todos ustedes saben bien que, en esta escuela, el gasto no es lo que cuesta evangelizar a los alumnos, sino lo que cuesta no evangelizarlos.
Sabemos que la totalidad no es alcanzable. Pero también sabemos que si todos juntos buscamos la totalidad, vamos a lograr la mayoría. No partimos del principio de que nuestro sentimiento canalla es para todo el mundo. Lo sentirán sólo los elegidos y ello se logra con la puesta en práctica de una evangelización constante.
La evangelización centralista es el arte de capacitar al hombre para la vida en plenitud. Convertir al otro en un canallón significa ponerlo en condiciones de ser feliz, adquiriendo hábitos inteligentes aplicables a potenciar la alegría. Es necesario, entonces, tener conciencia del valor de lo que se hace.
La Escuela Chilena de Evangelización Centralista es un puente entre Arroyito y la sociedad trasandina, siendo su finalidad inmediata convertirla en pasional y “diferente al resto”. Deberá estar en contacto con la vida social misma, con la familia, con la calle, con todo el pueblo ávido de sensaciones nuevas.
El joven evangelizado tendrá carácter, dignidad, firmeza, actuando en la vida civil como un hombre y no como una sombra, orgulloso de ser hincha de Central y de sentirse comprometido con él.
Las escuelas de esparcimiento del virus canalla no caben en los límites estrechos del aula, son mucho más que eso. Son movimientos incesantes. Son un constante devenir de intereses comunitarios, de pasiones, de alegrías sin fin. Son excelencia y son gratitud.
Todo canalla puede explicar a otros lo que se siente en mitad del pecho. El trabajo de evangelización implica una severa responsabilidad de predicar lo que significa “ser de Central”. Enseñarles a los jóvenes a pensar más que a repetir, a crear más que a copiar, a elegir a Central más que a heredar otros colores.
Queridos amigos, los felicito por la iniciativa. Nada hay estable, ni inmóvil, ni eterno en lo humano, excepto el amor por Rosario Central.
La vida misma es movimiento y recuerden siempre que: “todo tiempo futuro será mejor”.
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)