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La Visión de un “Guerrero”
No hay enemigo poderoso cuando estamos convencidos del triunfo...
- 23.04.2003
Nuestro peor enemigo es la ausencia de “mentalidad ganadora”. Por ello, a medida que se nos presenten los partidos, aún los más difíciles, y se agoten las palabras previas deberá aparecer, entonces, la “actitud guerrera canalla” de nuestros jugadores. Y muchos, muchos de ustedes saben de lo que estoy hablando y de lo que ello significa. Más que literatura folclórica, es la Historia de Rosario Central.
Saquemos las “garra canalla” de las páginas de nuestra propia historia y se acaba el libro. No tendremos más de qué hablar los viejos centralistas y poco para transmitir a los jóvenes y entusiastas tribuneros de hoy. Central va de guerra en guerra cada domingo. Yo viví muchas veces esta guerra futbolera y pasional como pocas, algo que es mío desde hace más de cuarenta años.
Algo que no me hace más grande ni más fuerte, sino más nostálgico y un poquito triste hoy en día.
Porque tengo memoria. Porque todavía recuerdo aquellos tiempos en que tanto River como Boca venían a Arroyito a “buscar un puntito”; a obtener ese punto tan necesario en una cancha “muy difícil”. Pero difícil en serio, de verdad; no como ahora que “difícil” parece ser sólo una palabra ahuecada por la práctica de la prudencia de quienes declaran ante los medios.
La guerra es el desorden de las cosas, lo sé. Y el desorden de las cosas es una irresponsabilidad. Pero, cuando la guerra se pierde lastimosamente, dando pena y casi sin luchar, con pocas ideas de lo que significa el esfuerzo en pos del triunfo, es una irresponsabilidad mayor. En cualquier geografía y frente al rival de turno, aunque éste luzca la camiseta más encumbrada y prestigiosa, tanto el cuerpo técnico como los jugadores de Central deberán recordar siempre y antes de salir a los “campos de batalla domingueros” que, durante noventa minutos, habrán de ser las huestes que representan a la “mítica y ancestral garra canalla”.
El hincha de Central, el viejo guerrero, todos esos años y hasta el presente, recuerda con indisimulado orgullo las tardes de gritos y llantos; de alegrías y desazones; de euforias y tristezas; de éxitos y derrotas. Pero nunca de vergüenza. Porque salir a jugarle a River “de visitante” en el Gigante de Arroyito, en lo personal, me ha dado vergüenza. Se puede ganar, empatar o perder jugando de otra manera, con otra actitud, con otra mentalidad.
Nuestros técnicos y jugadores, de una buena vez, serán como Leónidas, rey de Esparta que, al mando de sus trescientos héroes hoplitas, fue muerto por los persas en el Paso de las Termópilas en el 480 a. JC. Ellos deberán aprender a batallar de otra manera, con los ojos altos y el sudor derramado. Nunca agachando la cabeza o escondiéndose detrás de la marca para no recibirla nunca, o tirando pelotazos frontales y jugándola para atrás para sacársela de encima.
Y si tiemblan las piernas, pues entonces que le tiemblen a los veintidós.
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)