¿Que te pareció?
NOTAS ANTERIORES
Sobrevivir... Siempre Sobrevivir
Hacia el dirigente que queremos
Si Pudieras Ver esas Caritas
Si Pudieras Ver esas Caritas
Causa terror sólo pensarlo (II)
Para llegar a ser Un Gigante III
Para llegar a ser Un Gigante II
Para llegar a ser Un Gigante (I)
Charlar de lo que nos gusta
Charlar de lo que nos gusta IV
Charlar de lo que nos Gusta
III
Charlar de lo que nos Gusta II
Charlar de lo que Más nos Gusta
Preanuncio de un estilo ganador
Yes my Lord... Yes my Captain!
La C. Deportiva bajo la lluvia
Arrastrando los Crespones de...
Tocando el Chelo con las manos
Y... si el trabajo es impecable
![]() La genialidad del Negro Olmedo no morirá jamás |
Hoy cumple años Olmedo
Arrastrando los Crespones de una Ausencia
Descubriste tu tempranera fatalidad aquella húmeda mañana...
- 24.08.2003
Tu pinta es como un retrato longevo, “Doctor de la Farra”. Oficiaste tu fértil talento revisteril y mundano para sacudirle la modorra a los menos zainos. Fuiste un tenorio de soñadas alcobas amatorias, despojando a tus huéspedes de raros arbitrios y de pociones mágicas.
Por eso mismo eres un grande. Nunca precisaste más que ser un galante milongo y quijotesco con regias putainas romanceras, para penetrar en el corazón de todos tus súbditos mortales.
Y cada vez que me abismo, recuerdo tu sonrisa socarrona
carcomiendo mi tristeza jadeante y enjuta, para luego regresar detrás
del delirio de saberte por siempre mío y eternamente canalla.
Alberto Olmedo, fuiste el misericordioso canyengue rosarino trampeado por
la suerte. Muchas veces sentado en aquel bar de Pichincha, con tu silencio
a cuestas y tu mugre serena, viste aparecer detrás de los nubarrones
de tus sueños, a ese dandy cómico y ganador que luego fuiste.
Quince años pasaron sin poder abrazarme a tus brazos cada martes. Me dejaste unas propinas apenas y te marchaste al alba como si nunca te hubiera interesado quedarte aquí conmigo. Entonces los años se gastaron tangamente, sin “Borges” y sin “Álvarez”.
Me dejaste tu corazón al fondo y a la derecha. Sumaste grotescamente la encarnadura de tu risa ancha para hacerme sentir que estoy vivo y que lo estaré siempre. Por eso mismo, querido Negro Olmedo, quedarás hurgando en los tachos de mis propias y miserables melancolías para hacerme chapalear con tu sonata y liberar mis encorsetadas carcajadas.
Fuiste un canalla chaplino, mezcla de apóstol y de poeta que nunca dijo que no. El retrato del olvido, que no entiende de grandezas y de amores, acabó destrozando sus cristales frente al místico dandy que fuiste, elegido por muchos y admirado por casi todos.
Ahora, a quince años de tu muerte, tus andanzas mundanas de otros tiempos te han llevado a ocupar el principado de los cielos y estarás trepado a los alambrados celestiales, con el torso desnudo y una bandera azul y amarilla, vieja y mugrosa, revoleando sobre tu graciosa cabeza calva.
Un rumor catedralero acompañó, entonces, tus restos hacia el frío y la humedad. Otro rumor, casi un grito bien caliente y bien canalla, ahora y siempre, reivindica tu extravagancia cada día y, en cada domingo de dispendio y orgullo futbolero, dices presente en lo más alto de la tribuna de Regatas haciendo gala de tu innata benevolencia.
Ser rosarino y de Central ha sido, y sigue siendo, tu fuerza impía por los siglos de los siglos. Dile a Dios, de mi parte, que bendigue tu zurdo y malandraca corazón canalla.
“Buqui” Vatalaro