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El violín y Central, dos pasiones que no podía dejar de heredar de su padre |
Pablo Agri
Heredero del Genio y de la Magia
Alucinante fogonero del violín…
Por Buqui Vatalaro
- 26.08.2003
“Me emocionó muchísimo ver el parecido de Pablo con su viejo, Antonio. En especial sus gestos y los movimientos del cuerpo, son idénticos”; me dijo el Colorado Vázquez cuando salíamos del Teatro El Círculo aquella noche a “puro tango”, luego de escucharlo tocar.
Pablo Agri heredó de su padre, sin dudas, toda la magia en los dedos y toca el violín tal como su padre lo soñó durante las siestas rosarinas. Pablo tiene la esencia vital de un violinista anochecido por las “tanguedumbres” del barrio de Arroyito.
“Lástima que sea hincha de Huracán y no canalla”, me dijo quejumbroso el Colo. Para agregar: “pero bueno, no se puede pretender todo. Me conformo con que toque el violín tan bien como lo hacía su padre”.
Como si heredar el talento fuera poco, Pablo tiene la misma simpatía entradora de Antonio. Hablar con él es casi como continuar charlando con su padre rosarino y canalla.
Una vez en el foyer del teatro y con su porte de “cancherito” más parecido a un “violinero de varieté” que al violinista eximio que es, pasada la medianoche, nos recibió tarareando la marcha de Central. “Saben las veces que se la escuché tocar al viejo, me la sé de memoria”, nos dijo entre toda la gente para dejarnos poco menos que alelados.
Entonces
el Colo, que bien maneja los tiempos y las ocasiones, de entre sus ropas extrajo
-como por arte de magia- una camiseta nueva de Central todavía en su bolsa.
Y allí, frente a la muchedumbre fanática de Pablo Agri, de su trío y de su
música, sin importarnos siquiera las simpatías ajenas, hicimos el acto evangelizador
ocalista.
Lo que Pablo nos dijo inmediatamente luego de recibir tamaño presente distintivo, nada menos que la camiseta de Central, nos estremeció a todos los presentes, propios y ajenos: “la voy a poner al lado del violín de mi padre, porque él adoraba a Central”.
Y no dijo más que la verdad, porque su padre, el genial Antonio Agri, era de los que evangelizaba continuamente hablando de su querido Central. Pablo casi no nos creyó, cuando le narramos el episodio de la noche aquella en que su padre quiso tocar la Marcha de Central con su violín, en los festejos de la “Palomita 25º” que se celebró en Buenos Aires y Lito Nebbia, por temor al desborde guerrero y desconociendo, quizás, la dimensión e intensidad del folclore canalla y ocalista, lo convenció que no lo hiciera. Entonces Antonio, lamentándose, se fue sin sacar el violín del estuche. Hubiera sido realmente inolvidable.
Pablo Agri, a quien también le desbordan ángeles por sus dedos, ahora siente un poco más la pasión de Antonio, y la comprende mejor. Él ahora sabe lo que somos capaces de hacer los canallas como su padre. Porque además, al verle su pinta, sé que Pablo también es uno de los nuestros.
“Buqui” Vatalaro