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Por Buqui Vatalaro

Colados que Nunca Faltan a la Mesa

Once pesos no alcanzaban...

 

 

 

- 27.06.2003

Solía contar Don Luis Indaco que, al término de los partidos, todos los jugadores se reunían en el “Rinconcito de Fuggini”. La Comisión Directiva de Central le asignaba a Don Venancio once pesos para que, cada uno de sus jugadores, bebiera y comiera tras cada encuentro.

Pero, con el tiempo, comenzaron a aparecer un montonazo de “colados” que nunca faltan a la mesa. Amigos y parientes de los jugadores, simpatizantes de Central o, simplemente, “avivados” compartían la picada con cerveza que se servía como un ritual.

Más de una vez, el retraso de algún futbolista a la reunión, provocó una que otra situación enojosa entre los comensales y Don Venancio pues la cuota de once pesos ya estaba completa esa noche. No había más cerveza, ni fiambres cortados, ni maníes, ni aceitunas.

Para festejar las victorias o borrar la amargura de alguna derrota, sus propios actores debían, entonces, echar mano al bolsillo. Pero la buena voluntad de Don Venancio -anotando y anotando sin parar nunca- suavizaba un poco los encuentros.

Un buen día, Don Luis Indaco tuvo una idea salvadora. Propuso que la CD les entregara un peso a cada uno de los jugadores, después de cada cotejo, para que éstos se arrimaran al boliche y lo gastara cómo y en lo que quería. Así se terminarían los colados. La idea fue aprobada por todos sus compañeros y Don Luis -capitán del equipo- se lo propuso a la CD.

¡Para qué!. Según el mismo Don Luis, ni en su peor tarde como jugador, el más ácido de sus detractores le dijo tantas cosas feas como las que escuchó aquél día de boca de un dirigente.

El dirigente era Don Mariano Morales, tesorero del club. Fue tan grande la indignación del señor Morales que propuso, formalmente y en su presencia, la expulsión de Don Luis Indaco del club. Hubo que serenarlo y convencerlo para que la cosa no prosperara.

Lo más significativo de este exquisito episodio anecdótico era que, el mismo Mariano Morales, era íntimo amigo de la familia Indaco y un patriarcal protector del, entonces, adolescente Luis. Pero, para él, las finanzas y el dinero de Rosario Central debía ser protegido como un verdadero tesoro porque, el club, estaba por encima de todo lo demás.

Igualito que ahora, ¿o no?.


“Buqui” Vatalaro

buqui@canalla.com