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Por Buqui Vatalaro
El Directivo y la Incomunicación
Viejas prácticas que habrán de eliminarse....
- 27.08.2003
Observamos que los sistemas de comunicación en la institución, en general, no tuvieron estilo participativo, excluyéndose la retroalimentación positiva, en esa ida y vuelta constante que la comunicación promueve.
Comunicación es un término que alude a la ayuda mutua, al intercambio, a la interacción de quienes pertenecemos a una organización como lo es Rosario Central; es el intercambio mutuo y el acceso recíproco de sentimientos y pensamientos.
Sabemos que actitudes de descalificación, rechazo, dobles mensajes, generan serias perturbaciones en el individuo. Desde el socio hacia la CD, y viceversa, pasando por los hinchas y simpatizantes, sólo cuando todos los miembros de esta institución adoptemos la actitud o actitudes que contemplen a los otros en calidad de semejantes, sólo entonces se hace posible la existencia de una organización funcionalmente efectiva.
El club contiene, desde hace mucho tiempo, una modalidad interaccional de cierta rigidez, donde todos y cada uno de nosotros -algunos más otros menos- desarrollamos roles estereotipados, en especial los sucesivos dirigentes, que presentan una forma piramidal, de arriba hacia abajo con respecto al poder, a la toma de decisiones y a la comunicación. Esto peligra el desarrollo del ser, en cuanto existen serias posibilidades de generar un “socio restringido”, reducido en su expresión, encapsulado, compacto, disminuido, donde sus posibilidades de crecimiento y participación están bloqueadas y hasta su desarrollo afectivo inhibido en algunos casos.
La vida social dentro del club es una trama de roles; más aún, la persona del socio es la suma estructural de cada uno de ellos sin dejar, por eso, de mantener una cierta unidad que dará la singularidad de cada sujeto. Esta expansión es la que nos posibilita participar comunitariamente en Rosario Central con varios roles, según las necesidades.
He aquí que el socio de Central históricamente, aunque no siempre, afrontó y afronta una escasa plasticidad en su rol. No solamente que se esclerosa en el transcurrir del tiempo, sino más bien que se hipertrofia, no pudiendo abandonar su rol de mero espectador de fútbol o “crítico de bar” dificultándose, para él, la adopción de distintos papeles que requiere toda persona para incluirse en el club y comprometerse con él.
Un contexto transformador en la comunicación y en la difusión transparente de los actos de gobierno ofrecerá, sin dudas, la posibilidad de dar sentido a las cosas, a la interacción, a los acontecimientos y a la propia existencia. Es decir, el poder penetrar en todos los niveles de la masa societaria con el objeto de su potenciación.
La imagen de sí mismo de cada socio y de cada hincha de Central está autoexaltada y autodefinida contra todo intento de menosprecio y menoscabo. No obstante, y a pesar de que todo socio y todo hincha del más grande tiende a una idealización de sí mismo, forjándose orgulloso la ilusión de coincidir con esa idealización optimista de su persona, nadie o muy pocos se comprometen de la misma manera con la institución. Parece como que Central no importara demasiado a la hora de acudir en su ayuda y salvación.
Demasiado han hecho ya los sucesivos gobiernos canallas para que el “ser centralista”, en estos tiempos, no goce del prestigio que poseía en el pasado. La escasa participación y suscripción de nuevos socios, sumado a las innumerables “borratinas” -de más de 50 mil a menos de 3 mil-, así lo demuestran; percibiendo juicios desfavorables contra su rol de socio o aún más, vivencias de menosprecio, ignorancia o separación.
Podemos afirmar que hay una “cultura canalla en la ciudad” -porque Rosario Central es un fenómeno cultural en sí mismo- que empapa la existencia de todos los días de nuestras vidas y que nos ubica, en muchas oportunidades, en una situación constante de pugna.
Los aires son nuevos, el cambio está presto para comenzar a formalizarse, esperemos mucho de esta nueva Comisión Directiva que tantas esperanzas nos contagia. Pero no descuidemos su accionar, tampoco el nuestro. Sin perder de vista el horizonte, asumamos por fin el rol protagónico de “ser canalla y de pertenecer a Central”.
Y hacerse socio es el primer compromiso.
El siguiente será “aprender a comunicarnos”
“Buqui” Vatalaro