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Ell posible descubrir sólo la verdad, de nosotros depende...
- 28.03.2003
Nunca será en vano ayudar al prójimo cuando éste nos necesite. El Juicio Final, divino o no, espera paciente para juzgar nuestros miserables actos egoístas, al respecto, en esta vida. Y el Club Atlético Rosario Central, tu club, mi club, “nuestro” querido club, anémico de socios, está necesitando nuestra ayuda como nunca, más allá del aliento dominguero desde las tribunas.
¿Por qué causa, entonces, no actuamos a tiempo para cambiar las realidades que nos entristecen?. Si podemos viajar y acompañar a todas partes para alentar al más grande, si llenamos cada domingo el Gigante como pocos pueden hacerlo, si decimos y demostramos hasta el cansancio que la pasión centralista es inimitable; entonces ¿por qué dejamos que nuestro club apenas sobreviva, día a día, sin hacer nada o, en el mejor de los casos, haciendo muy poco?.
Nada nos consta, todo es sospecha. Criticamos a la dirigencia sentados en las mesas de los bares, o desde las tribunas mientras comemos semillitas de girasol ubicados cómodamente en sus testimoniales plateas verdes. Así es muy fácil. Sin asumir compromisos reales; porque, desentendidos de los destinos de las instituciones, las críticas impías desde los cafés siempre convergen en un camino cerrado, sin salida y “nunca sirvieron para nada”.
Es la hora mis amigos...es la hora de comprometernos queridos socios de Central de un vez y para siempre. Con un compromiso formal y serio, estatutario, visceral y más allá de las fronteras del fútbol de primera. Es la hora de comprometernos exigiendo cada vez más, participando en cada toma de decisiones, en cada acto que involucre los destinos de nuestro Central sin cesar nunca de “pedir explicaciones”.
¿Tan difícil es hacer las cosas bien, o al menos intentarlo?. Acaso: ¿vamos a continuar alzando la voz siempre contra esta u otra dirigencia sin el menor atisbo de participación societaria?. Central merece y espera de todos nosotros, sus socios, mucho más que eso. Participación y compromiso es el lema. Basta de practicar aquello de “dejar hacer, dejar pasar” o afirmar que “éste es un ladrón o el aquél otro es un inútil”, y yo... apenas juego de Poncio Pilatos porque me encanta lavarme las manos.
Debemos tomar real conciencia del momento que se vive en el club y, a la sazón, en el país todo. No pongo en tela de juicio, aunque peque de inocente, que las intenciones de quienes dirigen un club, una comunidad o un Estado son “siempre bienintencionadas”. Pero hay que comprobarlo o no, “desde adentro”, mirando de cerca lo que otros hacen por nosotros, o si obedecen cabalmente a nuestro propio mandato delegado en las urnas para que, nunca más, “toquemos de oído”. Para ello hay que concurrir sistemáticamente a visitar las instalaciones del club, carné en mano. Mirando y “palpando” de cerca la realidad, que no es otra cosa que “la verdad de la milanesa”.
En un año electoral por donde se mire, los argentinos enrolados y los centralistas socios del más grande, deberemos entusiasmar a nuestro propio espíritu evolutivo para pensar muy bien qué es lo deseamos y cuáles son los alcances de todas las propuestas previas de nuestros eventuales mandatarios antes de entregarles un solo voto.
Una vez supe escribir en esta misma página, amada y respetada por todos los auténticos canallas esparcidos por el mundo, que “Central es Mucho Más que Un Sexto Grande”; ¿a quién le cabe dudas?. Pero, para poder mantener esa consabida grandeza institucional debemos, entre otras cosas, asumir compromisos de entrañable lealtad pasionaria. Compromisos de verdad. Debemos ponernos en acción para congraciarnos con la premisa de que “la vida misma es movimiento”.
No basta con pagar a término las cuotas societarias o hacer interminables colas para obtener un abono a platea. Eso va de suyo. Lo que sí implica un auténtico compromiso es la participación cotidiana de todos los socios, conociendo todos los rincones y todas las actividades dentro del club, previo a que llegue la hora de pedirles explicaciones, ante la eventual toma de decisiones, a quienes tienen el sagrado deber de conducir a buen puerto su destino.
Hace un tiempo ya, desde estas columnas, le propuse al Presidente Vesco en particular y al resto de la Mesa Directiva en general, que participaran utilizando este medio para exponer y divulgar a las huestes centralistas de todo el orbe, y especialmente a sus socios, toda la gestión de gobierno, las necesidades del club y los alcances de las nuevas propuestas generadoras del crecimiento institucional. El enanismo dirigencial a “puertas cerradas”, en todos los casos, no debe continuar intacto, invariable y creciendo día a día a espaldas de la gente. “Que se vayan todos” fue la desoída premisa regente en los últimos meses. En los tiempos modernos, tomando como referencia esta actualidad globalizada que nos toca vivir, no se puede ni se debe nunca más dirigir los destinos de una organización, cualquiera sea su característica, encerrado en el oscurantismo de lúgubres despachos, pretendiendo esconder debajo de la alfombra los actos de gobierno y la toma de decisiones.
Por eso mis queridos amigos socios, convoco a visitar más seguido nuestras importantes instalaciones, palpitar sus carencias, interiorizarse “in situ” de los problemas institucionales, incluidos aquellos que parezcan insignificantes, para después actuar en consecuencia. Central, el más viejo club de fútbol nacido y todavía conservado en nuestro suelo argentino, con la primera hinchada del país, con toda su rica historia encinta de glorias y de ancestral mitología, precisa que te llegues más seguido, por ejemplo, a la hermosa Ciudad Deportiva; que visites las instalaciones de nuestro especial Caribe Canalla; que acudas a la sede administrativa para evacuar todas tus dudas; disfruta del estadio cubierto en el Cruce Alberdi; hazte presente también en Cosecha y no dejes de ir a ver la miserables ruinas de Británica o de Unión River Paraná para que luego, sí, puedas sacar tus propias conclusiones de la realidad imperante y tomar decisiones concretas, con una actitud prudente y sabihonda, verdaderamente comprometido de alma y de corazón.
Central no va a morir, como lo hizo Fiorentina, Racing y tantos otros, lo sé, al menos eso espero; pero de nosotros mismos depende su existencia en un futuro. La honestidad intelectual de los que gobiernan ahora y la de los próximos dirigentes que vendrán, deberá prevalecer ante la mínima posibilidad de decadencia de nuestra centenaria institución.
“Dar un paso al costado”, atrás si es necesario, es un acto de nobleza mayúscula que sólo pueden practicar los verdaderos grandes de espíritu. Cuando no se sabe “cómo se hace” o no se pueden llevar a cabo los proyectos, por ineptitud o por desidia, renunciar a las pretensiones es el único camino posible. Los argentinos sabemos muy bien acerca de esto y sus consecuencias. Como es posible, también y como único camino, la asunción del compromiso de aquellos socios que se sientan realmente preparados para liderar un moderno proyecto en común, interesados en conformar nuevas listas de candidatos opositores y para intentar sumar voluntades en procura de generar una nueva clase dirigente centralista despojada de viejos vicios encorsetados.
Si todavía no lo eres, hazte socio de Central y entonces el compromiso activo será nuestra mejor ayuda. El hombre, en su génesis, no es ni bueno ni malo, es falible e imperfecto y debemos aceptarlo así, pero: “pobre de aquellos dirigentes que no suelen escuchar la voz del pueblo”.
¡Vamos los socios todavía!. Que así sea.
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)