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Por Buqui Vatalaro
Hacerse Socio es la Clave
Para acabar con el circo y olvidarse del cartón pintado…
- 28.08.2003
Hay que hacerse socio. Hay que involucrarse con la realidad del club. Ya no caben dudas. En todo acto de la vida la participación es la clave para intentar cambiar la realidad que nos oprime y buscar nuevos resultados. Una de las vivencias más frecuentes que se suman en Rosario Central es el agudo “sentimiento de desarraigo” de sus socios y simpatizantes con respecto del club.
Parece como que Central no me pertenece, yo no le pertenezco y, por último, nos convencemos de que Central no necesita de mí. Cada uno de nosotros, los hinchas, con nuestras expectativas permanentemente frustradas y con múltiples restricciones en el medio social del club, somos conducidos a mayores índices de desencuentros mutuos y desentendimientos entre los grupos -al mejor estilo sectario- y terminamos no aportando nada -en el mejor de los casos muy poco- para el engrandecimiento de la institución que tanto decimos amar.
Desviamos la acción, la reducimos sólo a la simple crítica poco constructiva y, entonces, el desarraigo se profundiza en la medida que una idea o una sugerencia nuestra implica romper con la cohesión institucional. Por lo tanto, no solamente el socio de Central se expone a su propia conflictiva relacional, sino que su escasa participación está predispuesta a no resolver los problemas propios de un comportamiento indiferente. Se trata de actividades sociales incompletas, por un lado, y de “socios en situación de estrés”, por el otro.
Rosario Central y su nueva comisión directiva no establecen, dentro de su esquema y normativa, un límite en el terreno de la participación y de la efectividad, sino todo lo contrario. La ambivalencia a la que se expone el socio del más grande es que comparte la mayor parte de sus vivencias con otros socios que están en su misma situación o en una parecida; limitándose a hablar de Central en los bares junto con los amigos; hablar criticando o lamentándose de lo malo que ocurre en el club sólo para justificar la crítica sin intentar, siquiera, involucrarse más allá de lo sentimental.
Es, en definitiva, empobrecerse en la interrelación hombre-socio-masa y estereotiparse en la coraza de un rol ambiguo: “Central: a vos te quiero, te vengo a ver, daría la vida por verte campeón… pero no me jodas”. La mismidad, como conciencia de ser uno mismo en el espacio-tiempo de la propia existencia, se ve amenazada. En este defecto, crece precisamente la posibilidad de que el hombre-socio-masa no se pertenezca a sí mismo, de que se aliene. Si bien el sí mismo de todo sujeto se mueve hacia un ideal que no se realiza siempre del todo, es fundamental un sí mismo estable para cumplir el conocido apotegma de Píndaro: “llega a ser el que eres”.
Entonces me pregunto: ¿qué o quién es el hincha de Central que, pudiendo, no se hace socio?, por un lado. ¿Qué o quién es el socio de Central que, también pudiendo, no participa ni le interesa hacerlo?, por el otro.
El socio y el hincha de Central ha experimentado, a diario y durante los años anteriores, vivencias de inseguridad, señales de un club en peligro de derrumbe. No pudo identificar al enemigo, no supo entonces qué hacer, por ende, se desentendió del problema. “Que se arreglen las autoridades, esto a mí no me incumbe”, parecía ser la premisa regente.
Sus respuestas, ante una situación de caos institucional como ocurre en Central, deberían estar al corriente y ser siempre correctas y oportunas. Los sucesivos dirigentes canallas nunca fomentaron y menos aún pretendieron de ese socio centralista, actos directos, programados apriorísticamente, para aportar ideas sobre “saber qué hacer”. Sobreviene, entonces, en el seno mismo de la comisión directiva, y que se traslada luego a la masa societaria, la angustia constante. Se promueve el enfrentamiento con el socio insatisfecho, con el simpatizante que critica y sobrevienen los problemas que terminan, indefectiblemente, exigiendo soluciones radicales que obligan a todos a saltar de un estadio a otro.
Y, en el medio, está Central clamando por evitar el derrumbe. Para acabar con los “bonitos decorados casi circenses” -cartones pintados que le dicen- la premisa importante es involucrarse con el club. Pero antes de intentarlo, está claro, hay que hacerse socio.
“Buqui” Vatalaro