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Por Buqui Vatalaro

Las Canalladas de un Chango

Cintura, gambeta y picardía, siempre con la pelota atada al botín...

 

- 28.03.2003

Artemio de Jesús Gramajo y Blanca Ascensión Gómez jamás imaginaron que estaban criando un chango que fuese a hacer tantas “canalladas”. Tampoco sus hermanos Jorge Ernesto y Blanca Graciela sospechaban, por entonces, de sus intenciones y picardías sobre el césped.

Pero eran otros tiempos, hoy todo se sabe; los jóvenes de nuestros días tienen tanta información a su alcance que lo conocen todo, o casi todo. Y, si tienen dudas, preguntan y aprenden rápido. Por eso, los hijos de este Chango pícaro y canallesco: Roberto Carlos, Jorge Gabriel y Bárbara crecieron  sabiendo de qué se trataba; ellos conocían muy bien las travesuras que, su padre, no se cansaba de hacer en las canchas jugando con la gloriosa camiseta rayada de piqué, con bastones finitos azules y amarillos.

Mucho menos ocurre ahora con su nieto, porque este Chango ya entró en la edad para tener nietos, confirmando la regla de que los ídolos también envejecen, aunque nunca pasarán de moda, al menos en Rosario. Carlos Sebastián, que tiene 16 añitos, resultó ser un jugador de fútbol como el abuelo, quizás mejor que el abuelo, aunque eso es mucho pedir, claro. 

Los habitantes de las localidades de “Laborde” y “Cerro Azul” Provincia de Córdoba (donde está radicado desde el año 1997) y “Orense” en Provincia de Buenos Aires, ocupan una parte significativa en el corazón de este Chango abuelo tan querido por todos los centralistas.

El Chango, hoy, cambió la gambeta y esa picardía a la hora de pedir la pelota, por una vida con menos actividades canallescas de antaño. Pasa sus horas en compañía de Teresa Isabel Soliani, su pareja y “marcadora central” que lo cuida  y le observa muy bien sus movimientos e intenciones sobre el terreno de juego. Porque, como buen pícaro que es, este Chango querido todavía despunta el vicio de darle a la redonda jugando, cada vez que puede, para O.S.P.A.C.A. (Obra Social Personal Automóvil Club Argentino) en la categoría veteranos allá en su provincia de adopción, o en “El Tony” de Santiago del Estero.

Los casi cinco millones de pesos que pagó Central por su pase, por decisión casi exclusiva de Don Adolfo Pablo Boerio, que fue como un padre para él, en aquellos tiempos idos de los ´60, fueron más que justificados, por su permanencia y rendimiento deportivo durante toda su trayectoria en el club de sus amores, Rosario Central. Al menos la mitad de ese dinero, seguramente, hubiésemos reunido y pagado entre todos los canallas, solamente por aquél recordado gol que este Chango impertinente, burlón y compadrito le hizo a Newell´s en el parque, por no decir en el “chiquero”, el 15 de noviembre de 1970 y cuya secuencia de fotos adjunto para ilustración de los canallas más jóvenes y, también, para hacerles caer un lagrimón a los canallones que peinan canas como yo, aunque algunos se den la “biaba” en el pelo, recordando aquella gloriosa tarde.

El Chango concreta la obra más majestuosa de su carrera. Tras eludir al arquero pecho, hace ingresar la pelota sólo 20 centímetros y se la lleva de nuevo hacia el mediocampo

 

Y para que vos, cincuentón que ahora me estás leyendo, corras a buscar un pañuelo para enjugarte esas lagrimitas traicioneras que aparecieron de repente, te dedico esta cándida canción que hará volar tu memoria allá, por los ´70, y que seguramente recordarás haberla cantado con tus amigos en más de una ocasión y ocuparte, ya mismo, de enseñársela a tus hijos y a tus nietos:

“Que lindo que son mis goles,

Le dijo Gramajo a Poy

Y Poy contestó sonriente...

Ja ja!... preguntáselo a Fenoy”

A este Chango abuelo y querido se lo suele ver, toda vez que puede, caminando por las calles de Rosario, abrazado a algún que otro desconocido que quiere sacarse una foto con él, o pedirle un autógrafo o relatarle alguna anécdota que, con seguridad, ni recuerda.

Así, con la intensidad como lo recordamos siempre, Roberto Artemio Gramajo “El Chango”, nunca dejó de hacerlo con nosotros, los hinchas del más grande; por eso mismo, para avalar lo que afirmo, anoche me entregó en manos una carta manuscrita, caótica, improvisada y desbordante de historias y de afectos que le prometí transcribir y publicar para lectura de los innumerables “canallascomianos” del mundo, dice así (sic):

“Queridos amigos:

De chico me hice futbolista en la cancha de Sportivo Barracas. A los doce años jugué un baby fútbol en Villa Juana, salí goleador y mi equipo se llamaba Guerrilleros del Barrio San Martín.

Mis primos Juan Carlos y Aurelio son los integrantes de la Chacarerata Santiagueña. De changuito fui hincha de River y ahora soy CANALLA HASTA LA MUERTE; aparte: qué orgullo para mí haber jugado en Central.

Jugué también en Panathinaikos de Grecia, Huracán de Buenos Aires, Quilmes, Deportivo Cuenca de Ecuador, Jorge Newbery de Ucacha Provincia de Córdoba y Olimpo de Laborde, también de Córdoba.

Un agradecimiento a la maravillosa hinchada canalla. Todo lo que fui se lo debo al aliento incondicional que me brindaron siempre, mirá que hace más de treinta años y siento el mismo cariño de los rosarinos.

Por último, tengo un millón de amigos por todo el país, porque lo más lindo es la amistad. Gracias Buqui, chau a todos. Hasta el próximo campeonato que mucha falta nos hace”.

Roberto Artemio Gramajo

Alias “Chango”

Además, este Chango querido también estuvo en nuestra fiesta de las 1.000 ediciones.

Decime canalla: ¿Es necesario agregar algo más?.


“Buqui” Vatalaro

(Rosarino, tanguero y de Central)

buqui@canalla.com