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Por
Marco Farina
La culpa no es del Otro
A mi viejo, que me transmitió esta pasión y con quien mil y una vez discutí sobre esto que escribo.
- 14.12.2004
Ante todo, debo reconocer que como hincha y como editor de Canalla.com, me molesta mucho leer algunos mensajes, como el que aparece hoy, firmado por el Sr. Salvatierra, o como el que publicó el Sr. Di Benedetto hace un par de ediciones atrás. Muchos me dicen que no deberían publicarse este tipo de opiniones e incluso en algún momento de calentura llegué a pensar en no hacerlo.
Pero estoy convencido de que representan a una porción importante de los hinchas canallas, que rondan los cincuenta y que fueron los afortunados espectadores de los años más gloriosos de la institución a nivel deportivo. Y digo que fueron espectadores, no partícipes, porque esos mismos que se golpean al pecho caliente hablando de los años de gloria son los mismos que a la hora de involucrarse y participar no hicieron nada para evitar que los años de gloria fueran 5 o 6 y se acomodaron en un sillón a recordar al Aldo, a Ramoncito Bóveda, a Marito y al Chango Gramajo, sin darse cuenta que en silencio, Central retrocedía lentamente hacia la intrascendencia de la mano del “presidente de los campeonatos” y ante la pasividad de un pueblo canalla que nunca exigió un club acorde a lo que merece.
No quiero demonizar a una generación sobrevivió a los
Ahora, al mirar hacia enfrente y a la vez reflexionar sobre nosotros mismos, se preguntan cómo pudo ser, quién tuvo la culpa, por qué dejamos que Central llegue a su realidad de 17 años a cuestas sin un título local. Yo quiero ensayar mi respuesta: porque los que se tuvieron que poner los pantalones largos y no permitir que Central, institucional y deportivamente, vuelva de su gloria para navegar por la intrascendencia, se borraron, escondieron la cabeza bajo la tierra y dejaron que durante 30 años –y contando- Central sea manejado por pseudo-propietarios que gobernaron sin controles, sin oposición ni elecciones durante años.
Los que, como yo, somos hijos de esa generación somos los que tenemos que encargarnos de ponerle el pecho a las balas ahora. Probablemente hayamos heredado, junto con la pasión canalla que nadie discute, buena parte de sus miserias, su fobia a la participación activa y la tendencia a cargar en el otro las culpas y responsabilidades que nos caben a nosotros. La clave de ahora en adelante está en ser concientes y luchar contra nuestros problemas, no descargar en el Otro nuestras culpas y muchísimo menos, hablar con aires de suficiencia sobre una época que disfrutaron pero que no se molestaron en hacerla perdurar en el tiempo.
De nosotros los más jóvenes depende ahora tratar de
cambiar
Quiero pedirle disculpas a todos los que sí trataron de cambiar la historia y no merecen este comentario, aunque cada uno en su conciencia sabe de qué lado está parado y si el sayo le cabe o no.
Marco Farina