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- 24.02.2003

Habitualmente, desde esta sección reflejamos cómo ven los partidos de Central los hinchas del equipo contrario. Pero en esta oportunidad vamos a dejar el fútbol de lado para detenernos en algo que sin dudas es mucho menos agradable que un partido: los malos tratos que reciben los hinchas visitantes cuando sus equipos juegan en el Gigante de Arroyito.

Los problemas son los de siempre: En primer lugar la mala ubicación de los vehículos en los que llega la parcialidad visitante, que son estacionados en el parque Alem, obligando a los hinchas a recorrer algo más de 400 metros custodiados por la policía y frente al acoso de la gente de Central que transita por el sector del Paseo Ribereño. Tampoco nos tenemos que olvidar que en el Gigante se produce un hecho aberrante: se obliga a los visitantes a esperar mientras sale toda la gente de Central. Y por último, son recurrentes los testimonios de otros hinchas en los que se detalla el maltrato al que es sometida la parcialidad visitante en la cancha de Central por parte de los agentes de la policía que teóricamente son quienes deben custodiarlos.

Somos enfermos canallas, pero también somos fanáticos del fútbol y de todo lo que se genera alrededor de este maravilloso juego. Estamos del lado del hincha que más allá de los colores que lleve en su corazón, se rompe el alma toda la semana esperando que llegue el domingo para ir a alentar a su equipo juegue donde juegue, con los que se juntan peso sobre peso el dinero para el viaje y la entrada, y si es necesario, no comen en todo el día para poder estar ahí, gritando por el sentimiento más puro que existe en el mundo.

Desde aquí va toda nuestra solidaridad con la gente de Lanús que la pasó mal en el Gigante y nuestro pedido, como hinchas de fútbol, para que no se repitan estos lamentables hechos y las hinchadas visitantes tengan las comodidades mínimas que se necesitan para ver un partido de fútbol en paz.

Los testimonios granates:

Noche negra en Rosario - www.lanus.com.ar

¡Que parada difícil se jugaba el Granate!. Un Gigante de Arroyito colmado por más de 35000 canallas que buscan evitar el descenso y alientan hasta el final. Era un prueba para ratificar lo hecho seis días antes, pero el Granate no aprobó.
Llevado por el aliento de su publico, Central salió a comérselo a Lanús. Su argumento era luchar todas las pelotas como la ultima y arrinconar al grana hacia su campo de cualquier manera. Muchos minutos le costaron al Granate para poder hacer pie en el Gigante y emparejar el panorama. Dos llegadas claras de la “vieja” Moreno, pudieron darle la apertura al marcador: la primera, en un tiro libre, que reboto en un jugador local y se le desvió a Gaona, la segunda, tras un remate de tres dedos en posición de numero 8, que salió muy cerca del ángulo superior del segundo palo canalla.
El segundo tiempo, fue similar al primero, pero con la diferencia que los locales, lograron abrir el marcador tras un tiro de media altura pero potente de Paulo Ferrari, y ponerle justicia al tramite. Lanús, trató de salir de su campo y generar algo, pero la noche de los dirigidos por Chiche, no fue la mejor. Moralito desaparecido, los dos delanteros sin mucha labor. Solo la firmeza habitual del “Negro” Galván, merece ser rescatada de una noche para el olvido.
Para colmo de males, el grueso de fieles Granate, por inconvenientes en el viaje, arribo al estadio en el entretiempo, y “reventó” el ¿sector? asignado a los visitantes. La duda en denominarlo en esa manera, es que es vergonzoso asistir a un estadio, sin rejas divisorias, y sin ningún tipo de garantías de seguridad. No es la primera vez que ocurren estos inconvenientes en el Gigante de Arroyito, pero parece que los controles de seguridad, llegan solo al Gran Buenos Aires, y de ahí en más, no llegan.
Para coronar la pésima organización, la Policía (que en ningún momento intervino para impedir que los plateístas locales arrojaran piedras a la parcialidad Granate) , dispuso que los más de 35000 hinchas locales salgan en un primer momento, y los visitantes, esperasen 20 minutos. Esos 20 minutos en el estadio, contaron con forcejeos, detenciones sin justa causa, y una represión totalmente desmedida y fuera de lugar, que hicieron recordar a las vividas en el país en épocas oscuras (entre otras cosas, se pretendía detener hinchas, a los cuales los tiraban en el piso, apilados uno encima del otro, además de haber apagado la luz de los pasillos internos sugestivamente, en el momento en que se comenzó a reprimir sin motivo alguno). Esperemos que se tome alguna medida al respecto, para que la gente se siga volcando a la fiesta del fútbol, y que la desorganización y la soberbia de las supuestas fuerzas del orden, dejen de prevalecer en el fútbol nuestro de cada día.
Por Gastón Cuccaro enviado especial a Rosario.

Recibido en Canalla.com:

De: Pablo

Título: No más violencia para nadie

Hola, acabo de llegar a mi casa y son las 6 de la mañana. Yo soy hincha de Lanús y estuve recién en la cancha, los policías nos cargaban, nos pegaban, nos apagaron la luz, y nos cagaron a piedrazos... cosa que me trajo malísimos recuerdos.

A mi me parece bien las cargadas de los hinchas (los piedrazos ya no, porque a un amigo mío le rompieron la cabeza, lo sacaron todo sangrando de la tribuna), pero las cargadas de los canas?? Los palazos?? a un par de pibes que no eran barras ni nada les pegaron palazos
porque sí... los canas haciendo gestos desde la platea diciendo "los vamos a matar a todos"...
Yo no tengo nada con ustedes loco, con ningún hincha de ningún club tengo drama, ni siquiera con los de Banfield... ¿pero para qué tirar piedras? ¿cuál es el objetivo real? ¿y no se puede hacer algo con la policía? en Santa Fe siempre nos pasa lo mismo en todas las canchas.

¿A ustedes acá los hacen pasar por lo mismo? si es así, me gustaría empezar a hablarlo, y a ver qué se puede hacer, aunque sea humilde el aporte porque a mi me gusta ir a la cancha y a ustedes también.
No nos olvidemos que en el  fútbol los podemos dejar afuera de la Conmebol, o nos pueden ganar 1-6 pero, de ahí a matarnos como que no da...

Y menos que nos maten los policías (los de allá y los de acá)