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Por
Marco Farina
Un mesianismo poco saludable
- 26.05.2004
Tras la Asamblea del 1º de diciembre la sensación que
nos quedó a la mayoría de los que estuvimos presentes fue que
Hoy, apenas unos meses después, la realidad indica que nada de eso sucedió y el consenso logrado aquella noche en el Cruce Alberdi parece haberse esfumado por la exclusiva responsabilidad de quienes toman las decisiones estratégicas; pues Scarabino cometió un gran error cuando eligió para este momento de su gestión aquel mismo discurso mesiánico que le dio resultado en la campaña electoral no porque fuera el adecuado sino más bien porque compitió con una lista oficialista que como mínimo podríamos calificar de impresentable.
En esa lógica mesiánica, de creer que el socio de Central debe depositar ciegamente su confianza en la figura del presidente sin recibir a cambio información ni participación alguna en las decisiones claves de la institución hasta tanto no sean hachos consumados, probablemente Scarabino piense que no debe darle ninguna clase de explicación al asociado acerca de algunos puntos clave de la gestión que si no son turbios, al menos distan mucho de la transparencia con la que debe manejarse el administrador de un club como Central.
Como habitualmente comenta un gran amigo mío, no habría
inconvenientes en que Scarabino no informe sobre lo que hace o piensa hacer
con su librería, porque es suya. El problema es que Central no es de su propiedad
sino que le pertenece al asociado, que tiene derecho a saber, por ejemplo,
por qué hace 6 meses que una empresa -Squadra- aparece en torno al club y
nadie se preocupó en aclarar a quién representa, ni qué es lo que viene hacer.
Tampoco hubo explicaciones sobre por qué no se hizo una masiva conscripción
de socios aprovechando el pico de confianza en la gestión, la temporada de
verano y la participación en
Mucho menos pudimos enterarnos de las razones por las que Central no pidió prórroga en el plazo de verificación de créditos de la convocatoria, siendo que se ha insistido hasta el hartazgo con que el proceso concursal es clave para el futuro, ni por qué el Sr. Presidente se deja ver en el palco oficial junto a siniestros personajes de la política santafecina como un ex vicegobernador muy recordado por su paso por la industria del juguete. Aunque probablemente en este último caso sería mejor no enterarnos que tiene alguna relación con Central más que la reconocida amistad que lo une al titular canalla.
Eso, sin mencionar la “renovación de imagen”, que más que eso parece un intento de dejar atrás todo lo que tenga que ver con el Central pre-agosto de 2003, llegando al punto de modificar arbitrariamente el escudo y pintarle una estrella ficticia (al mejor estilo pechifresco) para presentarlo en el “megaevento”, del que nunca hubo rendición de cuentas.
Son algunos botones de muestra que sin duda atentan contra la credibilidad de una gestión que ha hecho bien las cosas en el plano de los sectores subalternos, como las subcomisiones, deportes amateur o por ejemplo la restitución de los servicios básicos en las instalaciones; pero que ha tomado el rumbo equivocado en las decisiones fundamentales para Rosario Central, apostando al mesianismo y al retaceo de la información al socio, que es el único dueño de la institución.
Por eso, haciendome eco de lo que hace tiempo atrás pidiera públicamente Carlos Del Frade en este espacio, le propongo a la conducción auriazul que en el orden del día de la próxima asamblea extraordinaria -en donde se tratará el presupuesto- se eleve un informe acerca de las dudas que existen y cuáles serán los pasos a seguir en la conducción de Rosario Central.
Como hace 194 años, el pueblo quiere saber de qué se trata y tiene todo el derecho del mundo.
Marco Farina