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Marco Farina
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- 30.08.2003
Luego de la más que elocuente nota de Rafael Beltramino, publicada en la edición de ayer, son pocos los conceptos que se pueden agregar sobre la nota del MIRC sin caer obligadamente en la redundancia. Por eso voy a limitarme a contestar sobre un pasaje de la “carta abierta” en la que consideraban que no merecían recibir la agresión “inmorales o tránsfugas”. Y tránsfugas fue precisamente la palabra con la que yo califiqué a los Sres. Martínez y Gallo en una nota del 28 de julio.
Según la Real Academia Española (que limpia fija y da esplendor, pero lamentablemente para los Sres. del MIRC, no descontamina), es tránsfuga aquel que tiene la tendencia a cambiar de ideología o partido político, y sinceramente no encontré una mejor definición para resumir la actitud que adoptaron algunos miembros de esta agrupación.
Además les aclaro a los firmantes de la carta que mi nota no fue escrita en medio del fragor de ninguna lucha política porque no tomé parte de la misma a pesar de que alguna vez me interesé en la propuesta del MIRC y hasta pensaba votarlos en las elecciones del 3 de agosto. Realmente les agradezco por haber mostrado su verdadera cara antes de los comicios y ahorrarme una desilusión más grande que la que me produjo esta imperdonable actitud.
Párrafo aparte merece el pasaje en el que hablan de los medios que han dejado de lado su independencia. Eso es algo que jamás podrán atribuirle a esta página de la que orgullosamente digo que formo parte. Pido a los Sres. del MIRC que recuerden que el 11 de abril realizaron una presentación en su local partidario en donde Canalla.com fue el único medio que se acercó a cubrir el evento y publicamos el informe unos días después. En se momento no éramos un medio que dejaba de lado la independencia, como no lo fuimos a la hora de publicar 8 entregas con las propuestas de la agrupación en el mes de junio.
Evidentemente, los desmemoriados firmantes de la carta no sólo se contaminaron al compartir la boleta con los miembros del ex–oficialismo, sino que también se contagiaron de uno de los peores defectos de algunos de sus compañeros: el creer que todos los medios de comunicación tienen un precio.
Marco Farina