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- 25.01.2004

Miraba en silencio los techos de las otras casas...

Por el tubo de ventilación de la cocina me comunicaba con mi vieja que se banco el partido hasta el final...

Debajo de mí, un baño, mas la cocina, unos 6 metros del suelo...

Ya era de noche y no sería una noche mas...

Dos pisos abajo un televisor trasmitiendo el partido final de la Copa Libertadores 1992... 17 de Junio, quién puede olvidarlo...

Aguante lo que pude, hasta el penal de Raí... después subí a mi terraza, al techo del baño por el medio de las tejas para llegar a mi destino final, arriba del tanque de agua de la casa...

No podía soportar mas el deseo de la derrota pechifresca... no quería mas...

Ya sobre la hora del partido, antes del gol Paulista, me había imaginado los festejos y lo insoportable que estarían los pingüinos durante mas tiempo del habitual...

Pero no, Dios es canalla y el penal llegó para poner justicia...

En la casa de al lado se habían reunido un grupo de gélidos individuos a ver el partido... como estaban después del gol milagroso! Se la venían venir... la ilusión estaba terminando...

Igualmente yo tenía que encontrar mi refugio seguro... tenía que aislarme...

Así fue que me encaminé a la travesía de llegar unos metros sobre el nivel del suelo...

Creo haberle gritado a mi vieja diez veces "empezaron a patear".

Por ahí se escuchan gritos... mitad de mi cuerpo se paraliza... no sé si son canallas o pingüinos...

En un segundo me imagino el dolor que podría sentir desde ese día en adelante...

Mario, papá de mi amigo Marcelo Martorano me había dicho en la semana sobre este tema, con gran habilidad OCALISTA, "Estudiantes salió campeón del mundo tres veces, sigue siendo Estudiantes... un equipo chico" como justificando cualquier resultado...

Igual yo no podía sacarme de la cabeza la ciudad de Tokio nevando a fin de año por la presencia pechifresca...

En eso y retumbando por el aluminio del tubo llega un grito de mi vieja... "lo erró... lo erró"

Berizzo lo había pateado afuera...

Me entro la seguridad canalla... "no podían ganar... no podían ganar antes que nosotros la copa"

Empecé a bajar para llegar lo más rápido posible al televisor de mi casa... cuando entro contento a la cocina... mi vieja, quien ya estaba sin uñas, me grita "Andate Mariano... andate que lo erró un Brasileño... tomátela arriba... anda"

La puta madre... para que me moví... "qué pelotudo" pensaba de mi mismo...

Imagínense si llegaban a ganar... me sentía responsable toda la vida...

Hoy en frío pienso que si me quedaba arriba en lugar de bajar en ese momento cambiaba la historia... No se llegaba al último penal y se perdía la frase majestuosa de Gamboa "si erró el penal me hago trolo".

Empecé a escalar nuevamente para llegar al tanque de agua... a mitad de camino escuché los gritos desaforados de mi santa madre... supuse que otro pingüino había malogrado el penal, luego me enteré que fue el paraguayo Mendoza...

Definitivamente tenía que estar lejos de suelo... de haberlo sabido antes agarraba el primer avión y no me bajaba por 10 días de la estratósfera...

Desde ahí hasta que supe el resultado final un silencio sepulcral en la ciudad... solo y cada tanto un grito materno "No bajes..."

El corazón me latía a mil... sólo comparado al latir de cuando aposté cincuenta dólares en el casino de Paraná y giraba la ruleta...

"Lo atajó... lo atajó" salió don Juan gritando a su patio... viejo canalla! Que alegría me dio ese viejo... No sé si vive aún, pero desde donde esté seguro escucha la radio...

Mi vieja parecía loca... me gritaba que baje y puteaba como nunca la había visto putear en mi vida...

Ya los canallas empezaron a tirar bombas...

El Lito, mas conocido como "el Loco Bomba", quien vivía a dos casas mías comenzó con la batería que duraría mas de diez horas...

La que se bancó el tipo... me lo acuerdo después del partido de los pingüinos con América de Cali... Estaba enfermo porque los pechos habían llenado los balcones de banderas... No encontró mejor cosa que usar el camión con escalera de la EPE para ir a afanarles los trapos... pero esa es otra historia...

Era de esperar... la que nos bancamos los canallas con esa copa de mierda...

Estaban agrandados... nunca nos había tocado sufrir así... fue una prueba demasiado fuerte que Dios nos puso en el camino...

Lentamente la sangre empezó a llegar mas seguida al cerebro y decidí bajarme del techo...

Mi vieja me abraza... todos en mi casa felices...

Agarro mi camiseta canalla y apunto a la puerta...

Salgo y la primera imagen fue imborrable...

Siete pingüinos desparramados por la calle Amenabar...

Banderas, gorros todo en el piso...

Recuerdo a uno, un tal Leandro... no podía con su dolor... estaba muerto apoyado sobre el cordón de la vereda...

La cara de los muchachos cuando me vieron salir... estaban esperando la cargada...

Yo no dije nada...

Sólo los miré... como el Papa mira a sus fieles en el Vaticano después de una misa y paseando con el Papa móvil...

Sentí las puteadas... no las escuché pero las sentí...

Llegué a la esquina de Moreno y en la casa de Pablito, donde ahora vivían unos inquilinos nuevos, desbordaba el frío... Eran todos pechos... y estaban destrozados...

Pasé por la puerta y seguí con mi sonrisa comprensiva...

Una foto de ese momento se me viene a la memoria... el papá pingüino consolaba a su hijo que lloraba desconsoladamente... "No importa ya tendremos una nueva oportunidad"

Qué lejos estaba de la realidad esta fría ave...

Caminé a Virasoro y agarré el 147 (ex 78)... Estaba con poca gente...

Venía por Corrientes ya llegando al centro y había algunos pingüinos, ¿festejando?

Comencé a sentirme mal porque creía que no se repetiría el festejo canalla de unos años antes después de la derrota pechifresca con Nacional...

Cuando pensaba que no podría compartir mi alegría esa noche, el 147 ve su paso obstruido por un grupo de canallas en la esquina de Córdoba que caminaba por Corrientes como para el río...

Decidí bajarme y acompañarlos, encontré a Martín un amigo canalla de la Técnica dos...

Llegamos a Catamarca, la sede del RC2000 -ahora demolida- y ahí era una fiesta...

Más de 5000 personas cantando y un pene de mas o menos 4 metros forrado en la bandera Brasileña...

No terminaba de llegar gente... camisetas de Sao Pablo, banderas de Brasil... todo era azul y amarillo con un poquito de verdeamarello...

Después una barrita de pingüinos quiso hacer justicia del festejo ajeno pero terminaron corriendo por Corrientes hasta llegar a Zeballos...

Qué linda noche... cuanta magia...

Llegué a casa y sabía de todo corazón que lo vivido esa noche no se repetiría nunca mas...

La vida es así... algunos estamos marcados por estigmas...

Otros llevarán de decepción de no poder ser primeros en nada, excepto en abandonar...

 


Mariano Olmedo

Santiago de Chile

mariano@canalla.com