Por
Mariano Olmedo
Un rastro de amor canalla
Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
- 28.05.2003
Recuerdo la reja de la coqueta casa de Barrio Ascuenaga y aún puedo ver la cara de curiosidad de su madre abriendo la puerta. Corrían los primeros años de la década del 90´ y debía pasarla a buscar...
Por primera vez después de haberla conocido en GARAGE discoteque unos días antes, visitaría a su familia...
Todo era bueno, linda chica, dulce y unos ojos azules que combinados con su pelo rubio hacían una perfecta confluencia canalla...
Entre que llegaba caminando al domicilio antes descripto, pensaba en la noche. Los pingüinos, entonces Pechos Fríos, jugaban el cuarto partido dirigidos por el entonces debutante técnico el loco FRIELSA. En de 12 a 14, Tesandori había dicho que los dirigentes pechifrescos le habían dado hasta el clásico, al inexperto técnico y si no lo rajaban. Igualmente contando con la segura derrota roja y negra, disfrutaba con la punta canalla que hasta ese momento compartía con River.
- ¿Sos Mariano? Pasá, María de los Angeles esta arriba, subí...
Era la madre. La saludé y comencé a subir la escalera, algo oscura.
Mi piel empezó a sentir una especie de cosquilleo, se mezclaban las ganas de volver a ver a la muchacha con un sensación extraña de rechazo al lugar. Llegue al ultimo escalón y allí estaba, frente a un espejo, mirándose, disfrutando de su belleza...
Entré embobado, como cada adolescente Rosarino viendo a una chica que le gusta y lentamente observe toda la habitación. Tenia un tono rosa por cada rincón...
Ella me vio, levanto sus ojos y con la mano derecha cerro la puerta del placard que tenia abierta para poder mirarse en el espejo que se encontraba en el interior del mismo...
Sin casi poder decir hola, aparece un terrible póster pegado en la puerta de este mobiliario, de un metro por 50 centímetros. Alcancé a ver Yamaha... Cerré los ojos, pense que estaba soñando pero no, era Gamboa. Su estampa GAY era inconfundible...
Comencé a observar todo más detenidamente: Bufanda leprosa, gorrito de lana... ¿donde estaba? como una pesadilla le pedía a Dios que pasara volando ALDO y me sacara de tal monumento al frío.
No solo era leprosa ella. ¡su familia era peor! al lado de su casa vivían los primos, todos pechugas. Como una bendición uno de ellos era canalla, de la nada, y me salvaba para hablar de fútbol en cada cumpleaños que compartíamos.
Pasé dos años de mi vida entre esa gente, Tenía que haber escuchado a mi vieja "Dime de que cuadro eres y te diré cómo sos". Tenia razón Judit...
El primer problema se presentó un mes después cuando jugamos el clásico. Llegue de la cancha destruido, quería pelearme con cada pingüino cercano. Para colmo mis planes salieron mal, pensaba llegar a la casa de ella con un sonrisa de oreja a oreja, gozar con el triunfo... Pero no, perdimos. ¡después de 11 años! y en el Gigante.
¡Qué mal jugamos! Aún me acuerdo de los goles de Bisconti...
Por lo menos con mi novia ya estabamos saliendo seriamente, había decidido sacar todos los afiches pechifrescos de su dormitorio, respondiendo a mi amenaza de no visitar mas su morada.
¡Cuando entre a la casa! Los pingüinos cacareaban como locos, estaban enloquecidos aquella noche. Yo sin poder siquiera hablar, sólo me deje la camiseta puesta para frenar un poco la ola de frío.
El peor de todos era el padre. Me acuerdo bien que, como un psicópata, soñaba en las noches que lo mataba con una cuchara sopera. El tipo se ganó el nada mal apodo de esquimal...
Entre tanta discusión me salió el indio, peleé cada jugada comentada mientras los amargos seguían disfrutando, pero no me callé. Y en medio de tanta discusión mi novia salta y dice:
- "Miren que ahora soy un poco de Central, así que no jodan"...
¡La cara del padre! ¡mi cara! El hermano después de tragar saliva solo dijo: - ¿Sos canalla? no dormís más en esta casa...
Yo tragaba aire para que pase el tiempo mas rápido y comparaba mis tierno metro setenta y uno con los uno ochenta y cinco del pechuga cuñado...
El padre subió a su dormitorio y esa noche no comió. Nosotros nos encaminamos a calle Mendoza a comer una pizzas.
Después de todo la nena me había sorprendido... Y yo había empatado el partido.
El tiempo transcurrió rápido. Nos llevábamos bien y ella me acompañaba a ver al canalla. Cantaba, gritaba los goles, más no podía pedir... Hasta logre hacerla socia para ir a caribe canalla...
Además tenia en mi pieza una foto de ella con la camiseta Topper con la publicidad de Zanella que tanto amaba...
Me comí toda la libertadores en esa casa. El tiempo pasá rápido. Dos campeonatos gélidos y ver en cada noticiero la cara de feliz cumpleaños de la familia ante las palabras incoherentes de Waltercito Cattáneo...
Les festeje la derrota contra San Pablo en la cara. Les tire 5 bombas de estruendo esa noche en la entrada de la casa. Me lleve la nena a festejar sin remordimiento a la puerta del RC 2000 en Catamarca y Corrientes...
No puedo olvidar la cara de pena que tenían los pingüinos desperdigados por la ciudad...
Un año y medio después, con mis apenas 21 años, ya no me hablaba con mi suegro. Nada, ni una palabra. Buscaba cualquier excusa para verme pelear con su hija.
La madre: ¡uff! peor que él...
Que bronca me tenían... habían tenido más problemas con la hija que los que nunca habían soñado, pero principalmente la nena se les había pasado para el otro bando. Lo peor para ellos era verla feliz los lunes después de un domingo canalla.
Por entonces ya habían regresado a la normalidad. Fueron dos temporadas terribles las anteriores...
Ya no festejaban más nada y le habíamos vuelto a ganar un clásico con gol del Chelo Delgado y para no perder la costumbre, fui a comer después del partido para poder verles la cara.
Qué destino el ser pecho... recuerdo a María de los Angeles diciéndome: - "gracias, gracias por hacerme canalla"
La relación estaba llegando al final. Aproveché los últimos meses que me quedaban para gozar al máximo cada derrota roja y negra. Sobre todo porque Tanto el odio de ellos para conmigo, como el asco que el grupo familiar me producía, habían aumentado con el correr del tiempo.
Entonces vino la copa Centenario: Central la jugó con reserva pero igualmente fuimos todos al gigante a ver el clásico. En la tribuna de Regatas le mostraron el trapo grande que le habían afanado los guerreros a los pechos.
Termino el partido y los chicos no pudieron... toda mi juventud me impulsó a la calle a buscar revancha. Casi toda la popular poblada por jóvenes fue un busca de los pingüinos en Avellaneda y Genova...
Como siempre salieron corriendo. Un grupo de canallas de barrio RUCCI comandados por mi amigo Juan Pablo venían con un trofeo, la bandera del sindicato ATE rojinegro.
Yo llegué hasta la esquina, mirando todo. Ahí estaba un pecho, acobardado, contra el umbral de una casa. Era mi cuñado y le daba la camiseta y el gorro a un grupo de canallas que simpáticamente, y sin pegarle, se la solicitaban. Él, casi llorando, imploraba perdón. ¿Perdón por qué?
Al dejarlo con apenas el pantalón uno de los canallas le palmea la cabeza como gozándolo.
Lo miré. Nos miramos. La distancia de unos 20 metros se redujo a nada. Lo vi caminando asustado a unirse a un policía.
Me di cuenta que mi ciclo en esa familia estaba cumplido.
Yo no podía seguir con esto.
Años después, recordaba todo con una sonrisa. Me había cruzado con mi ex suegro en alguna estación de servicio y como siempre no me saludaba. Yo en cambio, mostraba una sonrisa, la que te produce el ser canalla..
Al que si veía seguido en la cancha era al primo y a algunos de los amigos del hermano, que obviamente eran canallas. Por ellos me enteré que la novia de toda la vida de mi ex cuñado (una canalla también) lo había dejado por un tipo maduro y eso lo había destruido. Destino gélido, dicen, pero esa es otra historia...
La vida da vueltas, y recuerdo con cariño a esta chica. En uno de mis regresos a Rosario, una de mi mas gratas sorpresa fue verla caminando por la peatonal Córdoba con una remera de Canalla.com.
Seguía siendo canalla...
Es probable que hasta lea esto, y se ría.
Que ya tenga canallitas, que aún me agradezca haberla seducido con Central.
El amor existe y lo encontras en cada cosa, lo importante es que en la vida dejes un rastro de amor.
Un rastro de amor canalla.
Mariano Olmedo
Santiago de Chile