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Una irresponsabilidad que pudo ser costosa
- 02.04.2003
El sábado un artefacto de pirotecnia cayó de la popular de Central a la platea de Vélez, de la que por cierto habían caído piedras antes. Fue un acto aislado pero que pudo ser trágico para el destino de Central, ya que podría haber generado sanciones más o menos severas al club.
Algo similar ocurrió en los preliminares del clásico, cuando frente a la agresión de los pechifrescos, algunos plateístas reaccionaron devolviendo las piedras frente a la ausencia de la policía. Afortunadamente ese incidente tampoco pasó a mayores.
Pero tenemos que estar alertas, en todos los partidos nos van a buscar y no nos tienen que encontrar, porque un acto de iresponsabilidad puede deparar tres o más puntos menos. No le demos la posibilidad a los enemigos de Central.
También en las últimas horas se rumorea y de ese rumor se hicieron eco varios medios periodísticos locales, que algún sector de la oposición estaría detrás de los hechos del último domingo. Creo que es una acusación muy grave como para ser recogida por estos periodistas sin exhibir ninguna prueba. Y como tal prueba no se ha mostrado, me niego a dar crédito a esas versiones.
No me extrañaría que algunos opositores a la actual dirigencia apostaran al fracaso de Central, para así ganar más fácilmente las elecciones, dichos opositores merecen el más profundo desprecio de todos los canallas, porque anteponen sus opiniones e intereses personales al bien de Central
A mi juicio el caso del domingo se trata meramente de una calentura del momento, de alguna barra de pibes que según parece por una versión, serían de la zona Sur.
A ellos quienes quieran que sean, les pido cordura para los próximos partidos, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde las reglamentaciones en materia de pirotecnia son muy duras, como las clausuras de las canchas de Racing en Independiente lo muestran.
Alentemos, que las tribunas canallas sean una fiesta como cada partido en Arroyito, pero no les demos cabida a los enemigos de Central, no les hagamos el juego a los pechofríos.