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Por Rafael Beltramino
Los constructores de la violencia
- 02.05.2004
Escribo este comentario, a más de 12 horas de terminado el partido Central - River, porque creí conveniente dejar pasar un tiempo prudencial, para sedimentarlo.
Diariamente escuchamos toda una serie de mensajes en contra de la violencia en el fútbol; desde banderas paseadas antes de los partidos, hasta ridículas disposiciones de AFA como la que cada equipo saliera con la bandera del rival ocasional, pasando por las estrafalarias actuaciones de fiscales bonaerenses y capitalinos procesando a quienes insultan en las canchas. Todo tiene como objetivo eliminar la tan mentada “violencia en el fútbol”.
Les tengo una noticia a las autoridades de AFA, eso está resuelto hace tiempo. El cristianismo que ha reflexionado desde hace siglos sobre la paz y la violencia (como seguramente han hecho otras religiones, pero lo ignoro) y ha llegado a algunas síntesis maravillosas, por ejemplo, que no hay paz estable sin justicia. Ni en la sociedad, ni en el fútbol.
No quiero aburrir al lector con un tema que no es pertinente a una página de hinchas de Central, como la justicia en la sociedad y que, además es tan complejo.
Pero no, en el fútbol.
La justicia en el fútbol es infinitamente más simple que la justicia en la sociedad; el fútbol es un deporte y por lo tanto absoluta y bastante claramente reglado. No hay muchas dudas de lo que está permitido y lo que no lo está, aunque por supuesto hay un margen importante para la interpretación del juez, que tiene que aplicar el Reglamento.
Y no voy a considerar como se debe interpretar el reglamento, no me siento capaz de opinar sobre el tema.
Pero sí me siento capacitado para identificar el principio clave de la justicia que es que situaciones similares sean juzgadas de las mismas maneras.
Para simbolizar esa ausencia de lo que se llama “acepción de persona” es que tradicionalmente se ha representado a la Justicia como una mujer con una espada en la mano, y una venda en los ojos, para impedir que vea a quien juzga. Por eso mismo uno de los filósofos modernos que más se ha ocupado del tema de la justicia, John Rawls ha hablado de un “velo de ignorancia”.
En el fútbol ocurre todo lo contrario; el juez tiene la venda bien subida cosa de ver perfectamente a quien está juzgando, no sea cosa que cometa el error de juzgar de la misma manera al arquero de Atlético Rafaela que al arquero de River.
Es más y esto ya roza lo increíble, eso era (y seguramente es) explícitamente recordado a los colegiados luego de sus designaciones, como lo declaró el ex árbitro Javier Castrilli.
Pero detengámonos un poco en Castrilli, ¿qué es lo que hizo de él una suerte de sheriff del siglo XX, justiciero aclamado por las hinchadas (cuando estaba en actividad dirigía partidos en el interior del país por invitación) y ganador de todas las encuestas sobre el mejor árbitro mientras estaba en actividad?
¿Su calidad técnica? ¿Su interpretación del reglamento? Me atrevo a decir que su interpretación era más que discutible, en algunos casos, y que en otros caía en cierto rigorismo excesivo.
Entonces, ¿por qué se lo consideraba el mejor representante del arbitraje, incluso entre los jugadores?
Porque aseguraba el mencionado primer elemento fundamental de la justicia que es la equidad, es decir tratar similarmente a las situaciones similares.
Ayer el árbitro Furchi cumplió al pie de la letra, con las instrucciones del colegio de árbitros, no expulsó a Constanzo, porque es el arquero de River y punto. Cobró un penal, que fue penal, y de los que hay mucho más de una docena por partido, porque era para River, y punto. Amonestó teniendo bien en claro sobre todo que número de camiseta tenía el jugador de River, no sea cosa que se le pasara y lo amonestara dos veces.
Después del partido, hubo algunos episodios de violencia, que deploramos, como rotura de vidrios de cabinas periodísticas, amenazas etc., se los tienen que agradecer a Furchi.
Y luego algunos periodistas de Buenos Aires, se asombran de la reacción de la gente que les grita, porteños hijos de puta!
Es bastante menos de lo que merecen, por, en este caso, ser cómplices de los despojos habituales a favor de River y Boca, sin nunca, salvo honrosísimas excepciones, alzar su voz.
Semana tras semana, los violentos del fútbol siembran violencia, pero parece que no hay cámaras que tomen su accionar ni telebines a los que recurrir; claro, no hay cámaras en las reuniones de Comité Ejecutivo de AFA, ni en el Colegio de Árbitros
Que le aproveche Furchi, su nombre será inmediatamente olvidado y justamente relegado al desván de la historia del fútbol argentino; y ni siquiera será bien recordado por aquellos a los que favoreció.
Será su destino, lo merece ampliamente.
Rafael Beltramino