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Por Rafael Beltramino

El amor después del amor

 

 

 

 

- 02.12.2003

Ayer participé de unos de los actos de amor más inéditos de la historia del fútbol argentino. Casi 1300 personas se reunieron por Central, para opinar y decidir el futuro de Central, eso es amor, del más puro y del más desinteresado. Amor conmovedor.

Los ví venir, hice la larguísima cola para entrar con ellos; había setentones que sacaban sus carnets de la época en que en la Argentina había plata, muchachos de 19 años que recién se asoman a la vida. Y en el medio, la gente, gente de todas las edades, de todas las clases sociales y oficios, con un solo color y un solo amor: Central.

A mi me emocionó, y estoy seguro que a muchos de los que allí estuvieron también.

En otras partes podrán leer crónicas más o menos correctas de lo acontecido, no esperen de mí eso. Para hacer una crónica correcta es necesario distanciarse algo de la situación y eso no es posible para mí.

Sólo quiero agregar que ahora es tiempo de serenar los ánimos, de recuperar la calma y de perseverar en el esfuerzo.

Pero eso será mañana déjenme hoy festejar, no la convocatoria,  porque no es un motivo de satisfacción, pero sí el compromiso canalla, esa demostración de amor de ayer.

Y no quiero terminar sin referirme a la minoría de la Asamblea, aquellos que sostenían el no; creo que fue una asamblea limpia y democrática, si bien es cierto que muy desordenada, porque se permitieron demasiadas interrupciones a los oradores, especialmente a los opositores, pero tengan en cuenta que la cantidad de asistentes hizo difícil, ordenar el debate, un aspecto que tiene que ser revisado para próximas asambleas.

Ahora empieza lo más duro, pero juntos con la voluntad y la pasión que mostró ayer Central en uno de los momentos más críticos de su historia, todo se puede.

Amén.


Rafael Beltramino