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Por Rafael Beltramino
El marketing y Central
- 03.10.2004
WAM posiblemente sea una buena empresa de promociones, espectáculos y afines, no me considero en condiciones de juzgarla, pero en lo que no acierta nunca es en la promoción de Central.
Ahora ha sumado un nuevo desaguisado a la larga fila
que incluye a las canallitas, a estentóreos locutores que anunciaban entusiasmados
la formación de los visitantes y nos informaban generosamente en el entretiempo
que íbamos perdiendo
Pero la corrección de los desaguisados anteriores no implicó como uno lógicamente podría esperar la ruptura del contrato con los responsables de esos desaguisados lamentables.
Todo lo contrario, seguimos con el Sr. Marcelo González y seguimos con WAM, que siguen equivocándose en cada brillante idea que tienen.
Ahora es el remate de la camiseta de Papa y de la pelota con la hizo el gol, para apoyar a las inferiores.
Loable propósito, que sin dudas se lograría mucho más si se cerrara la oficina de WAM y se destinara todo lo gastado en esa empresa y en la publicidad del malhadado remate al objetivo propuesto.
Quiero aclarar que de ninguna manera creo que esto sea culpa de WAM, que es una empresa que hace su trabajo y que cree que lo hace bien (como todas las empresas del mundo).
La responsabilidad es de los directivos de Central, porque los que tienen que conocer a Central y a sus socios que supuestamente representan, son los directivos, no una empresa de BA, paracaidista en Rosario, sin la menor idea al respecto de lo que es Central, de lo que es su mitología y de lo que es el pueblo canalla.
Además me interesaría aclarar que tengo mis serias dudas acerca de que pueda existir algo así como el marketing exitoso de Central, a semejanza por ejemplo de los bosteritos. ¿Por qué?
Porque Boquita es un producto, que consumen muchos argentinos, porque gana (ganaba, en tiempos del afortunado Bianchi) varios torneos por año y que por eso sumaba toda una franja de “consumidores” de fútbol que quiere ganar algo.
Es el mismo esquema que el deporte profesional americano, en donde los equipos son franquicias que incluso se mudan de ciudad si las cosas no le van bien, como si Central se fuera a Córdoba.
Así, cada equipo ofrece a sus “consumidores” sus éxitos, para fidelizarlos.
¿Qué tiene que ver eso con el sentimiento canalla? ¿Que tiene que ver eso con una hinchada que reventó las canchas de la B cuando Central descendió?
Nada, a mi juicio.
Pero Central es además único como fenómeno cultural y social con manifestaciones de creatividad excepcional como la OCAL, ¿pero puede eso trasuntarse en dinero?
Tengo mis serias dudas, porque lo marketinero suena a falso y a ganancia, mientras que el folklore canalla es amor y desinterés.
Todos los grupos folklóricos canallas pierden plata o con buena suerte salen equilibrados, y eso es porque el canalla le da la espalda a lo que suena a negocio de alguien o cuando se entera que es negocio de alguien.
Es lo mismo que comparar la prostitución con el amor.
¿Pero entonces quiere decir que los canallas no quieren
comprar
A mi modesto entender, no. Porque no la quieren ver como marca. Central no es una marca de zapatillas, que se usa o se deja de usar de acuerdo a la moda, al modelo, a la comodidad, al precio, etc.
Central se usa de por vida.
Y se usa más cuanto peor está.
El pueblo canalla está más que dispuesto a poner plata
(y mucha) por Central, pero para eso no necesita que le regalen cosas, basta
con que le aseguren que esa plata no va a ser destinada a pagarle
Los directivos en lugar de buscar negocios que le hagan 10 % de descto. o le regalen una mochila, un televisor o un auto a los socios, tienen que lograr con transparencia e información que los hinchas y socios les crean.
Pero no, van a decir, la gente de Central no quiere poner (dicen algunos directivos, repitiendo el discurso de anteriores dirigentes).
No se confundan, que no les quieran dar a Uds. no implica que no quieran dar.
Reconstruyan la confianza, informen todo lo relevante económicamente, desháganse
de Marcelo González y pídanle plata a la gente de Central, informándoles en
que se gasta cada peso; pongan por ejemplo a Eduardo Settimini, al Colorado
Vázquez, al Dr. Lancieri, a Mario Ghione, a Mario Martorano o a
Rafael Beltramino