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Por
Rafael Beltramino
La ignorancia supina de Alejandro Cachari
- 04.07.2004
La ignorancia supina es aquella que proviene de la negligencia, del descuido de no aprender lo que puede y debe saberse. Y ayer, en su comentario en La Capital, este señor que trabaja de periodista deportivo, manifiesta su total ignorancia de la materia sobre la que escribe.
Refiriéndose a que los complejos de inferioridad han sido vencidos, dice a continuación que “canallas y leprosos viven de recuerdos, una irrefutable muestra de crisis”; y a continuación agrega “a la palomita de Poy ya no le quedan ni plumas y el gol de cabeza de Domizi en cualquier momento va a pegar en el palo de tanto repetirlo”.
Voy a pasar por alto la absurda comparación entre un festejo original, creativo y único del folklore canalla con una burda, desteñida y penosa copia pechofresca, porque la considero propia del habitual y mentiroso igualamiento entre Central y Abandonob que hacen los medios locales, cuando lo único que tienen de igual es que ambos juegan en primera A, Central por derecho propio y el otro equipo por vericuetos judiciales y administrativos.
Vayamos en cambio, al fondo de la cuestión, para Cachari el que un equipo celebre durante 34 años un gol es una muestra de decadencia –para ello cita el gol de Cárdenas de Racing y a los carasucias y matadores de San Lorenzo, diciendo que esos equipos dejaron de hablar de eso, cuando salieron campeones.
Y aquí se revela claramente, la ignorancia de Cachari,
el festejo anual de la Palomita de Aldo Pedro Poy se hizo durante todos los
años, en los que Central obtuvo 4 campeonatos más y se fue al descenso; en
los que jugó muchas veces
Y se seguirá haciendo, mucho después que el nombre del Sr. Cachari haya desaparecido de la consideración pública, porque no es solamente el festejo de un logro deportivo, es la reivindicación de una manera de ser, es una comunión que se renueva cada año entre el ídolo y la gente, aún muchas veces sin la presencia física del único ídolo viviente de la ciudad como magníficamente lo definió Roberto Fontanarrosa, pero siempre con su presencia espiritual.
El festejo de la palomita de Aldo Pedro Poy es el recuerdo y la admiración por el jugador- hincha máximo del fútbol argentino pero, es también una defensa hidalga de las utopías, en un mundo que cree que todo se mide con dinero, donde todo parece haberse vendido o alquilado.
En ese mundo, en muchas ciudades del mismo, en cada rincón donde dos o más canallas se reúnen cada 19 de diciembre, se da testimonio que se puede, porque mucho antes que el grito del Once Caldas que recuerda Cachari, pudo Aldo Pedro Poy y pudo Central, ganar el primer campeonato que ganó un equipo que no fuera de la provincia de Buenos Aires.
Y si Cachari cree que no le quedan plumas a la paloma inmortal que se dé una vuelta por Sydney, por Londres, por Houston, por Miami, por Israel, por Los Ángeles, por Santiago de Chile o por Barcelona este 19 de diciembre. Eso es Central.
Y va a notar que muchos de esos participantes no habían ni siquiera nacido cuando el ídolo dejó de jugar, el 30 de diciembre de 1974, que muchos que se sacan fotos o le piden autógrafos jamás lo vieron en la cancha, pero saben quién es. Eso es una tradición llena de significado, eso es lo que Ud. parece desconocer Sr. Cachari.
Y esto no tiene nada que ver con ser o no protagonista pero, a propósito, tampoco estoy de acuerdo con Ud. con que Central no haya sido protagonista, en los últimos tres o cuatro años, jugó todas las copas y en todas tuvo una actuación mucho más que digna.
Pero insisto con protagonismo o sin, con campeonatos o sin, con copas o sin, el prócer inmortal Aldo Pedro Poy siempre está y los actos en recuerdo de su hazaña no son un síntoma de crisis como afirma Ud. Sr. Cachari, sino todo lo contrario, de la vigencia , vitalidad y permanencia de los valores que representa la palomita del 19 de diciembre de 1971 y su festejo.
Rafael Beltramino