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Caravana en Gesell
- 07.01.2003
Orgullo. Asombro. Estupor. Esas son algunas de las sensaciones que provocó hoy la espectacular caravana playera de más de 100 canallas, por Villa Gesell.
Orgullo en mí, que faltando quince minutos pensaba “y si estamos los dos pibes que me avisaron a mí y yo?” Debo confesar que como Pedro ante la invitación de Cristo de caminar sobre el mar de Galilea, dudé. Pero como en el relato evangélico la fe canalla me salvó de hundirme, porque empezaron a caer. Primero eran grupos de dos, después de a tres, empezaron a llegar banderas, hasta un redoblante -de dónde habrá salido?-.
Y se armó la caravana. Increíble para los que conocen a Central, 100 locos lindos cantando los hits canallas... saben que lindo es escuchar “ En la cancha... “ un 6 de enero y a orillas del mar? Tengo que confesar que se me llenaron los ojos de lágrimas
Asombro y estupor en la gente que todavía no tuvo la suerte de ser elegida por Central. Una señora madura pero de muy buen ver se preguntaba a que se debía esa fiesta canalla; tuve el gusto de explicarle que festejábamos el ser de Central.
“Pero no están por irse al descenso?”; la señora se ve que algo de fútbol entendía... “Andamos complicados con el promedio, pero ya se va a solucionar” le contesté mientras me encomendaba a los santos canallas.
Y agregué... “pero nosotros somos de Central, en la A , en la B o donde sea, somos de Central ganando o perdiendo, nunca abandonamos” Y siguió la evangelización del descenso y el posterior campeonato, la final de la Conmebol, y Aldo y su escapada a la isla y el Negro Scalise, etc.
Puedo decirles que muchos empezaron a ser de Central esa tarde, es que es difícil permanecer indiferente ante una demostración de amor tan puro, tan desinteresado, tan absoluto, tan eterno.
Y justo mientras decía esto la banda cantaba “quiero que mi cajón sea azul y amarillo como mi corazón”... y entonces enganché con este soneto de Quevedo que tanto le gustaba a Borges “Amor constante más allá de la muerte”
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esa otra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:
su cuerpo dejarán no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Borges decía que los últimos seis versos, era de lo mejor de la literatura castellana.
Por lo menos me gané una cena con la señora en dónde espero hacerla de Central.
Una tarde perfecta.